Ciudad
Robo de porteros eléctricos, la otra víctima del vandalismo que deja mudos a cientos de vecinos


En Aristóbulo del Valle 1582 el portero eléctrico quedó destripado, con cables y un micrófono a la vista. En la vivienda de al lado alguien enrejó el portero con una malla de metal para evitar posibles robos. Y en la cuadra siguiente, en Aristóbulo del Valle 1670, nada pudo evitarse: un cartón cubre la pieza faltante y en un cartel se lee “para Correo Argentino, llamar al encargado al 15… Golpear el vidrio”. Los faltantes ocurren en solo dos cuadras de Barracas pero son un píxel de una foto general que suma quejas y denuncias en toda la Ciudad: un tipo de robo atado a la crisis económica, que se acentuó a partir de la cuarentena, con la disminución del movimiento en la calle, y que hoy ocurre en una vida regida por los envíos a domicilio.
En Barracas, pero también en otros barrios de la Ciudad de Buenos Aires, los vecinos salen de su casa o edificio y se sorprenden con que el portero eléctrico que hacía horas estaba ahí ya no está, o se enteran del robo porque un repartidor los llama en lugar de tocarles timbre. A su vez, entre los repartidores es cada vez más frecuente recibir mensajes de vecinos que les avisan que estarán en la puerta al momento de recibir la compra, porque alguien arrancó el portero eléctrico. Ver el recorrido del repartidor en un mapa y anticiparse a su llegada al domicilio es posible con las aplicaciones de delivery, pero no, con otras modalidades de entrega, como la de Mercado Libre o el correo. Por eso algunos vecinos se resignan a prescindir de los envíos.
Durante un mes, el tiempo que tardaron en reemplazar el portero eléctrico robado, la madre de Adriana debió dejar de lado los envíos que, con 88 años, tanto la habían ayudado desde el inicio del aislamiento. Su hija dice: “De la noche a la mañana nos encontramos con que se habían robado la chapa de bronce del portero. En mi edificio, a siete cuadras, dos meses atrás habían robado el picaporte, acá se ve que no lo pudieron sacar”. Madre e hija viven en Barracas, donde durante marzo se sucedieron los episodios de robo de metales.
“Reemplazarlo por un portero eléctrico con chapa de acero costó más de $ 70.000, en un consorcio que siempre tiene las cuentas al día. Es un problema”, agrega Adriana. Y a eso sumo la complejidad de los arreglos. Según la Cámara Argentina de Empresas de Porteros Eléctricos (CAEPE), hay 100 técnicos en toda la Ciudad.
Tras los robos, en los consorcios se inclinan por el reemplazo de picaportes o porteros por materiales menos valiosos que el bronce o el cobre, y así en los edificios empezaron a verse picaportes de madera y placas de portero de plástico.
Desde el Ministerio de Justicia y Seguridad de la Ciudad califican estos delitos como “robos por subsistencia”. “No son bandas organizadas sino personas en situación de calle que ven en esto una forma de obtener una ganancia”, explican. En el mercado, el kilo de cobre se paga entre $ 1.500 y $ 2.000 el título.
Según los registros de la Policía, hubo 15 detenidos en los últimos dos meses. La mayoría fueron apresados en la calle y en el momento en que estaban sustrayendo placas, herrajes, porteros, buzones, chapas de numeración catastral y picaportes.
El delito del robo de metal no siempre es denunciado. A veces son robos que parecen «menores»: la sustracción de la manija, de un timbre. No obstante, las fuentes porteñas explican que más allá de las denuncias que se realizan, existe un buen registro de estos casos a través de las llamadas al 911.
“Las comunas destinan personal al patrullaje nocturno alertas a este tipo de robos, lo que genera estas detenciones -dicen-. A su vez, los propios vecinos llaman al 911 cuando observan movimientos extraños o ven cómo están forcejeando para robar los metales”.
La sustracción de metales tiene varias caras. Por un lado, se nutre de la necesidad de algunas personas en situación de vulnerabilidad, que buscan el material para obtener unos pesos. Aunque también hay empleados infieles de cementerios o de mantenimiento en empresas, por ejemplo, de telecomunicaciones, que cuentan con la oportunidad y los elementos para hacerse con el metal a una escala mayor.
Pero el saqueo de cables y objetos metálicos, sobre todo de bronce, existe porque hay negocios que los compran. Son algunas metaleras y fundidoras. Entre el 18 de febrero de 2020 y el 12 de agosto de 2021, la Dirección General de Coordinación Operativa, dependiente de la Subsecretaría de Seguridad Ciudadana, coordinó 82 inspecciones a locales comerciales y galpones que compran y venden metal en la Ciudad, 37 de los cuales fueron clausurados. Además, se labraron más de 150 actas de infracciones por distintas irregularidades.

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