Ciudad
El Club Atlético All Boys le rindió un homenaje a las víctimas del triple crimen de Floresta

El club All Boys realizó éste lunes por la tarde un acto en recuerdo de Maximiliano Tasca, Cristian Gómez y Adrián Matassa, simpatizantes del club y víctimas de la denominada Masacre de Floresta, perpetrada hace 20 años por un suboficial retirado de la Policía Federal, en un episodio de violencia institucional tras el estallido social de 2001 que desembocó en la renuncia del entonces presidente Fernando De la Rúa.
Estuvieron presentes en el acto secretaria de Articulación Federal de la Seguridad del Ministerio de Seguridad nacional, Silvia La Ruffa; Carolina Arias, de la Secretaría Ejecutiva de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad; Silvia Irigaray, madre de Tasca; Elvira Torres, madre de Gómez, y Elena, tía de Matassa.
El homenaje tuvo lugar en el predio Don Fernando Sánchez, situado en Chivilcoy 1951, donde se descubrió una placa para «generar memoria activa en el barrio».
Cómo fue la masacre
Juan de Dios Velaztiqui gritó “¡basta!”, desenfundó su pistola Browning GP-35 .9 milímetros y tiró. En su ráfaga de furia, el suboficial de la Policía Federal asesinó por la espalda a Maximiliano Tasca, Cristian Gómez y Adrián Matassa, tres jóvenes de entre 23 y 25 años que habían salido a jugar al pool y entrada la madrugada del 29 de diciembre de 2001 veían en el televisor de una estación de servicio de Floresta, ubicada en Bahía Blanca y Gaona, los cacerolazos en la Plaza de Mayo y celebraban las movilizaciones.
Para los cuatro amigos era una noche como cualquier otra. Uno de ellos, Maximiliano Tasca (25), estaba exultante porque se había recibido hacía poco de Licenciado en Relaciones Internacionales. En un momento se van y cruzan la calle, hacia el kiosko de la estación de servicio a tomar unas cervezas. Se sentaron a ver la televisión. En la pantalla había incidentes y represión en Plaza de Mayo, una postal habitual de la crisis que finalizó con la caída del gobierno aliancista de Fernando de la Rúa.
«Está bien. Por los 33 que mataron el otro día…», dijo en voz alta Maxi Tasca sobre la transmisión, donde las imágenes mostraban a varios manifestantes golpeando a un policía. Estaba fresco el recuerdo del 19 y 20 de diciembre. Velaztiqui estaba detrás, cerca de una columna, tomando una Coca-Cola y comiendo un alfajor helado.
No hubo discusión. Al grito de «¡basta!», el ex policía se levantó y, en menos de un minuto, disparó a quemarropa contra los cuatro. Primero le dio a Tasca, a quien fusiló con un balazo a 40 cm de la nuca; siguió con Cristian Gómez (25) que, asustado, se tapó el rostro y un tiro le entró por la axila. El tercero fue Adrián Matassa (23). La descarga le hirió de muerte en el abdomen y falleció al día siguiente en el Hospital Álvarez. El cuarto joven, Enrique Díaz, huyó y se salvó de milagro; los proyectiles no dieron en el blanco. Gómez estuvo vivo por unos segundos más, pero el suboficial lo vio moverse y lo remató.
Sandra Bravo tenía 37 años y trabajaba como empleada del maxikiosco de Gaona y Bahía Blanca. Su testimonio fue clave para condenar a Velaztiqui a prisión perpetua por el triple homicidio agravado por alevosía.
-Yo lo insulté. Le grité “hijo de puta, por qué me mataste a los chicos si no te habían hecho nada” – contó Bravo en el juicio oral.
Tras asesinar a sangre fría y por la espalda a los tres chicos, Velaztiqui intentó montar una escena. Movió los cuerpos ya sin vida y hasta colocó un cuchillo en la escena, para simular un robo y justificar que en verdad había actuado en defensa propia.
-A Maxi lo llevaba de los pies – recordó Bravo en el juicio. Tras el ataque, apareció primero un Ford Falcon y minutos después varios patrulleros que lo asistieron. “Estaba normal, relajado, tranquilo, como si nada hubiera pasado”, reconstruyeron otros testigos durante el juicio.
Llegar a la condena fue tortuoso. En el medio, hubo amenazas a familiares de las víctimas, a testigos y amigos. Pero Floresta, desde siempre, se mantuvo movilizado por el triple crimen. Cuando se cumplió un año de la masacre, más de mil personas marcharon con paraguas y lanzaron dos mil globos.
En marzo de 2003, Velaztiqui fue condenado a prisión perpetua por el Tribunal Oral Federal N.º 13.
Después de cumplir casi 10 años en la cárcel, al suboficial de la Policía Federal le concedieron la prisión domiciliaria en agosto de 2012 por su avanzada edad (tenía 72 años aquel año). Desde entonces vive en la localidad bonaerense Berazategui, en la casa de una hija.

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