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La Paternal

Un descubrimiento arqueológico a la vista de todos en La Paternal

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Bodegas de La Paternal

Otro fantastico relato del artista y vecino Ezequiel Semo, que nos lleva mentalmente a otro La Paternal, las mismas calles pero muy distintas a las que conocemos y transitamos hoy. En este caso Ezequiel nos muestra un hallazgo arqueológico, vías que servian para transportar el vino desde la estación de tren La Paternal hasta las bodegas.

Este relato podría ser la continuación de otra gran historia que publicamos hace algunos meses titulado “El último reducto del vino en la estación La Paternal”.

Algunos recuerdos sobre este desvío y Paso a Nivel (PAN)

Vías que aún se conservan en la calle Espinosa al 2800 (Entre 12 de Octubre y Punta Arenas). Las mismas pertenecían al desvió que, desde la playa de carga de la estación La Paternal, se desprendía y cruzaba esta calle hacia las bodegas de Escorihuela y Gargantini, ubicadas sobre la Avenida San Martín.

Vias arqueólogicas La Paternal

En 1996/1997, junto a un amigo nos acercamos hasta esta zona y caminamos por el desvío en dirección a la playa de cargas, era un pasadizo en curva, generado entre dos bodegas, pasto muy crecido, basura, ya no estaba en uso. Empezamos a caminar y apareció un hombre que nos echo amenazándonos con una botella de sidra a modo de escopeta, salimos rajando!

A partir del año 2002 ya manejaba y siempre para volver a casa desde la zona de Villa del Parque tomaba las calles Punta Arenas – Espinosa. El PAN estaba destrozado, había que pasar muy despacio con el auto, aún conservaba las vías que fueron sepultadas bajo el asfalto años después y uno de los parantes de una, ya desaparecida barrera.

En una de las charlas con Omar Gutierrez, último Jefe de la estación La Paternal, le pregunté si al pasar un tren por este desvío había que enviar desde la estación un guardabarrera para parar el transito y me respondió y confirmó que se enviaba un cambista que era el que aseguraba el paso del tren vinero.

La vista aérea es de 1940 y la tomé del mapa interactivo del GCBA, donde vemos el desvío que se desprende de la playa y el PAN en la calle Espinosa.

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Argentinos Juniors asoció a siete personas desaparecidas en la ultima dictadura cívico militar

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Comision de Derechos Humanos Argentinos Juniors

La Asociación Atletica Argentinos Juniors entregó carnets de socios a los familiares de siete hinchas desaparecidos en la ultima dictadura civico militar. Es una reparación histórica que contribuye a la reconstrucción de las identidades de los desaparecidos, pero también a la identidad cel club.

La propuesta fue presentada por la Subcomisión de DDHH quien agradecen profundamente a “todas las personas que hicieron posible este logro, que es el reflejo del trabajo y el esfuerzo colectivo por un club con historia, memoria, verdad y justicia.”

El proyecto:

El presente proyecto propone la asignación del estatus social de la asociación atlética argentinos Juniors a todas aquellas personas que hayan sido desaparecidas asesinadas en la última dictadura cívico militar y hayan sido hinchas de nuestro Club.

A 45 años de padecer como sociedad el terrorismo de estado, es sencillo y se toma indispensable plantear este proyecto en atención que a partir de la rehabilitación de los Derechos Humanos, instalados en nuestra Constitución nacional desde el año 1994, sentimos la necesidad de evitar procesos de despersonalización y despojo de historicidad para con las víctimas del accionar represivo del Estado.

Ante ello, debemos Resaltar que en función de los orígenes de la Asociación Atlética Argentinos Juniors y conformación como asociación civil, es necesario reivindicar el proceso identitario de cada una de las víctimas, impidiendo de esta forma que la aniquilación material se suma a las simbolida; reconocer que el terrorismo de estado no se limitó a ejercer la desaparición material sino también a generar una marcada escisión con la personalidad e historia de cada una de ellas.

Al día de hoy poseemos información sobre siete personas en esta condición:

  • Américo Marchetti
  • Ernesto “Jaio” Szerszewiz
  • Gregorio Nachman
  • Guillermo “Willy” Moralli
  • Héctor Horacio Moreira
  • Julio Néstor Sanmartino
  • Raymundo Gleyzer
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El último reducto del vino en la estación La Paternal

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Ultimo Reducto del vino en La Paternal

El artista y vecino Ezequiel Semo nos comparte un hermoso relato sobre el último reducto del vino en La Paternal, un mundo postergado de adoquines, galpones y vino en damajuanas que supo ser escenario de una pujante industria vitivinícola. Reproducimos textual.

Movilizado por los relatos de Omar Gutierrez, Walter Gustavo Pereira, Dante Sassola y Oscar Rojas, ferroviarios que trabajaron en la estación La Paternal en los últimos años de Ferrocarriles Argentinos (FA), semanas atrás visité y caminé por lo que queda de la playa de cargas de esta estación.

Aunque ya no hay movimiento ferroviario se pueden descubrir y señalar muchas huellas de él: ante todo los imponentes dos galpones (los N° 1 Y N° 4) que subsisten de cuatro construidos originalmente por el Ferrocarril B. A. Pacifico. Si bien estas dos moles de chapa se pueden ver desde Trelles, Añasco o desde el tren, vale la pena entrar al predio y observar de cerca todos sus detalles constructivos.

Ultimo Reducto del vino en La Paternal

En el N° 1 todavía queda la estructura de lo que fue la oficina de cargas: En el exterior un mástil, algunas ventanas y en su interior una balanza. Por último, se puede transitar por las dos avenidas empedradas que permitía la logística de carros, hoy camiones. El movimiento era el siguiente: de un lado de los galpones dos vías permitían descargar la mercadería de los vagones al galpón y del otro las avenidas permiten pasar esos materiales a carros y camiones. Los galpones están elevados para permitir el movimiento Vagón- Galpón Camión.

En el galpón N°1, donde funcionó hasta 1993 la oficina de cargas, entre bolsones de materiales de la construcción, expresos y transportes, queda un sector donde se sigue vendiendo vino en damajuana: desde San Juan y Mendoza a La Paternal. Oscar es quien lo atiende. Entrar a estos galpones supone de base una actividad física, ya que están elevados, luego, al ingresar podemos encontrar el centenario adoquinado de madera que subsiste en algunas partes del piso, arriba, plafones enlozados originales que aún dan luz, y algunos otros detalles que me fue mostrando Oscar como los números pintados a mano sobre las vigas de madera, que permitían ordenar bultos indicando sectores a ocupar en los galpones.

Ultimo Reducto del vino en La Paternal

Mientras caminábamos entre pilas de damajuanas en su vinería del el galpón N°1, Oscar me contó que siempre estuvo unido al Ferrocarril San Martín, ya que sus padres eran oriundos de Vicuña Mackenna y su papá era mozo de la cooperativa de coches comedores. Oscar empezó a trabajar en el comercio del vino a sus dieciocho años en la estación Muñiz. También me describió como antes, en La Paternal, había venta de conservas (Tomates, aceitunas) de cuyo, y otros muchos sectores que también vendían vino como él.

Recordemos que este fue uno de los productos por excelencia que el San Martín transportaba de Mendoza y San Juan a La Paternal, tanto a granel para envasar como ya envasado en origen. El fotógrafo Dario Saidman vivió muchos años en el barrio, me contó: “Yo tengo recuerdo, a fines de los 80… muchísimas veces en Palermo, en La Paternal generalmente, de ver pasar los vagones… y todos los toneles vineros… el olorcito a vino que dejaban era muy…. perfume del Ferrocarril San Martín.”

Ultimo Reducto del vino en La Paternal

Hasta el 2003 aproximadamente Oscar recibía dos vagones cada quince días con damajuanas. En ese mismo año se cortó el tráfico ferroviario y ahora el vino llega en camiones. Yo recuerdo que hasta hace unos años era común ver en Palermo bajo nivel y en los arcos de la estación Palermo, los negocios de venta de vino en damajuana y conservas.

Creo que el negocio de Oscar es el último reducto de un mundo vitivinícola ligado al Ferrocarril San Martín en la ciudad de Buenos Aires y queda en La Paternal.

Agradecimiento: Oscar, Jorge Arias por contactarme con Walter Gustavo Pereira, a Eliana Altamiranda(Omar Gutierrez), Dante Sassola, Oscar Rojas.

Seguir leyendo sobre: Las bodegas de La Paternal, de una industria pujante del vino a depósitos y estacionamientos

Bodegas de La Paternal
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Las bodegas de La Paternal, de una industria pujante del vino a depósitos y estacionamientos

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Bodegas de La Paternal

Gracias al Ferrocarril, en La Paternal se desarrolló la industria vitivinícola. De Cuyo a la Capital Federal el Ferrocarril B. A. al Ferrocarril Pacífico y luego de 1948, el San Martín, traía el vino a granel en sus vagones tanques hasta algunos puntos ferroviarios como Sáenz Peña, La Paternal y Palermo.

El vino era descargado y por medio de vino-ductos distribuido a edificios donde era embotellado. En 1984 la aparición de la ley 23.149, obligó al envasado en la zona de origen. Al año siguiente los vinos despachados a granel representaban menos de la mitad del total, de esta manera comienza la decadencia de nuestras bodegas y del servicio de cargas ferroviario hacia el barrio de La Paternal.

De la playa de carga de La Paternal, se desprendía un desvío que cruzaba la calle Espinosa (Todavía se ven las vías) hacia una de las bodegas asentada en lo que fue una de las primeras canchas de Argentinos Juniors.

Bodegas de La Paternal

En La Paternal teníamos la Giol con su Vino Toro, la Crespi, Gargantini, Escorihuela, entre otras: sobre la avenida Warnes, Espinosa, M. R. Trelles, Añasco, Maturín, Arregui y la Avenida San Martín se encontraban estos establecimientos que hoy son cáscaras vacías en venta, depósitos de Supermercados, templos evangélicos o sucursales de transportistas.

Bodegas de La Paternal
Local de SOEVA, Av. Warnes 1834, año 1997 (Mapa interactivo GCBA). En el frente conserva las letras de hormigón con las siglas del Sindicato. Posteriormente las quitaron.

Otro dato interesante es que en esta zona está el edificio de SOEVA, el Sindicato de Obreros Vitivinícolas y Afines, sobre la avenida Warnes. Frente a las vías.

Por Ezequiel Semo

Ezequiel recibe fotos, documentos y anécdotas al respecto en ezequielsemo@gmail.com

Otras colaboraciones de Ezequiel Semo

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La Paternal: te contamos dónde queda uno de los túneles verdes más lindo de la Ciudad

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Con sus copas de hasta 20 metros de altura, forman arcos verdes que brindan sombra, aroma natural y embellecen las calles porteñas.

En ocasiones, la naturaleza se convierte en su propio arquitecto y da forma a obras vivas que alcanzan su máxima expresión en la primavera. Son muchos los barrios porteños que lucen túneles verdes, formados por árboles de alineación que fueron plantados a ambos lados de las calles. Sus copas, frondosas durante la primavera, se funden y forman vistosos arcos de hojas.

“Los árboles son un importante patrimonio de la Ciudad, no solo tienen valor ornamental sino que brindan importantes beneficios y mejoran la calidad de vida”, explica Facundo Carrillo, secretario de Atención y Gestión Ciudadana del Gobierno de la Ciudad. Y subrayó: “Junto a las Comunas de la ciudad trabajamos para cuidar nuestros árboles durante todo el año y disfrutarlos en las estaciones más calurosas”.

Las tipas, los plátanos y los ibirá pitá son árboles vistosos y de gran porte, soportan las tormentas fuertes y se adaptan al tejido urbano. Son especies aptas para las grandes ciudades, ya que con un trabajo de mantenimiento adecuado y continuo – que incluye la plantación, corte de raíces, reparación de planteras y poda- se asegura que el crecimiento saludable del ejemplar.

Los beneficios son múltiples, no sólo embellecen la Ciudad con sus flores y follaje, también moderan temperaturas y vientos, favorecen el escurrimiento superficial, oxigenan el aire reteniendo carbono, retienen polvo atmosférico y amortiguan la contaminación sonora y visual.

El túnel verde más extenso de la Ciudad se encuentra en el barrio de Caballito. A lo largo de la avenida Pedro Goyena, desde avenida La Plata hasta Alberdi. Son un total de 350 tipas que le dan forma de pasaje verde y la impregnan con su aroma fresco. En algunos tramos los ejemplares alcanzan los 24 metros de altura.

Originarias de las yungas de Tucumán, Salta, Jujuy, y de Brasil, Bolivia y Uruguay, las tipas también son las protagonistas del corredor que se extiende en Belgrano R, desde Melián al 1800 a lo largo de cinco cuadras. Frente a las casonas de aire inglés, bordeando el empedrado de la calle, el arco verde completan una imagen de postal.

Los plátanos, una especie arbórea con importante presencia en la Ciudad, generaron los túneles naturales de la avenida Caseros y la avenida Warnes en La Paternal. Avenida Warnes (entre Constituyentes y Chorroarín) reúne más de 100 de los 36.347 plátanos censados en la Ciudad.

En Parque Patricios, frente al espacio verde, 120 plátanos formaron el túnel que supera los 15 metros de alto. Los plátanos pueden crecer hasta 25 metro de alto y se caracterizan por generar sombra fresca y tener un efecto “descontaminante”, ya que sus hojas pueden fijar el polvo.

Avenida Forest se destaca por su corredor de Ibirá Pitá, una especie exótica que cuenta con menos de 500 ejemplares en la ciudad. Entre La Pampa y Avenida de Los Incas se concentran 20 de ellos.

Todos estos atractivos naturales reunidos en una misma ciudad invitan a realizar un recorrido con ánimo botánico. Los árboles de alineación que se disponen en serie sobre las veredas, forman los arcos verdes, obras de arquitecturas naturales que en los próximos días alcanzarán su máximo esplendor.

La Secretaría de Atención y Gestión Ciudadana está desarrollando desde comienzo de año la campaña de mantenimiento de arbolado 2018. Con el interés puesto en el cuidado de la salud de los árboles y la seguridad de los vecinos, se conformó un equipo de 100 ingenieros agrónomos que provienen de la UBA, de la Facultad de Ciencias agrarias. Ellos son los responsables técnicos y fiscalizan la tarea en conjunto con las Comunas de la Ciudad.

Los trabajos de mantenimiento incluyen la plantación, corte de raíces, reparación de planteras y la poda de árboles de manera gratuita en las 15 comunas porteñas. Este año finalizará con la plantación de 7038 nuevos ejemplares y con la mejoramiento de 70 mil árboles. La ciudad diseñó un plan quinquenal, plazo en que se realizará un mantenimiento sobre la totalidad del arbolado urbano.

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La cueva de La Paternal donde los mayores de 30 reviven su adolescencia con flippers y videojuegos vintage

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Es la música del Playland de Monroe y Triunvirato (Villa Urquiza), de “los Play” de Paysandú y Espinosa (La Paternal) o de los “Peor es nada” de Beiró y Gualeguaychú (Villa Devoto). Y de tantos recuerdos más. Pero el frente es el de cualquier casa. La puerta de Añasco al 2200, en La Paternal, se abre y todo cambia. Es como si el mundo retrocediera 30 o 40 años. La musiquita es la misma. Y la cara de los que están frente a las 20 máquinas de arcade y flippers, también. Parecen embobados. Lo único que cambia es la edad. Ahora tienen entre 40 y 50.

“Nosotros vendemos nostalgia”, aclara Eduardo Fabricante, responsable de todo lo que pasa aquí adentro. El lugar se llama Clarck Entertainment. Se dedica a la venta, reparación y alquiler de arcades y flippers. O, como las llaman ellos, “máquinas de entretenimiento vintage”.

Hoy, un sábado a la tarde de verano, Eduardo cumple con un pedido que le hacían por redes sociales. “Ofrecemos el salón para eventos -cuenta Fabricante- Las empresas nos contratan y traen a su personal. También tenemos clientas mujeres que les regalan a sus maridos el alquiler del salón para el cumple de 50. Vienen a jugar con amigos. Pero muchos nos preguntaban si lo podíamos abrir para el público. Que querían venir solos o en grupitos chiquitos. Y decidimos probar. Es que es el ámbito en el que se juntaban muchos tipos que hoy tienen 40 o 50 años. Donde paraban con sus amigos. Para ellos es nostalgia pura”.

Por $ 750 por persona, se puede jugar en forma ilimitada con las 20 máquinas que hay en el lugar. La casa se parece a uno de los tantos “fichines” que hubo en la Ciudad y el Gran Conurbano. La Costa también se caracterizó por tenerlos, en sus peatonales. En este reducto de La Paternal, el servicio es completo: está la parrilla llena y se puede jugar tomando una lata de cerveza.

Diego Maidana dice que sus primeros “videos” fueron los de San Martín y Urquiza, en Caseros. Que después abrió un local a dos cuadras de su casa, donde empezó a pasar el tiempo con amigos. Y a los 13 o 14 llegó “la aventura” para un pibe como él: subirse al 146, bajarse en el centro, caminar hasta Lavalle y jugar toda la tarde en los Sacoa. Ahora pasaron cerca de 30 años y Diego está sentado, relajado, con una cerveza en la mano. Jugó casi tres horas a los flippers. Como ayer. La última vez, recuerda, había sido hace siete años. De casualidad encontró uno en el shopping de Devoto y se compró una ficha.

Ni bien entró, sacó su teléfono celular y grabó un video sobre el lugar. Se lo envió a sus amigos. A los mismos con los que paraba en los “fichines” de Caseros. “Se volvieron locos. ¡Nos pasábamos la tarde entera en ese lugar! Yo sabía que me iba a encontrar con gente así acá, cuarentones”, cuenta.

Diego vino con su hijo, que tiene 12 años. Quería compartir la tarde con él. Contarle qué hacía y cómo se divertía su papá a su edad. Y aprovechó para enseñarle ciertos tips. Lo paró frente a un flipper y le enseñó cómo parar la bola, cómo hacer un pase de bola, cómo hacer para sentir que los palos son la prolongación de sus manos y cómo llegar con más potencia a la lucecita a la que hay que apuntar. El nene dice que le agarró rápido la mano. Y que le gustó más que jugar a la Playstation.

Pero ahora el que habla como si fuera un nene es Diego, que trabaja en Informática. “Con una ficha podía jugar dos horas seguidas en un flipper. Les tenía la mano”, dice y se pone a contar los trucos para ganar bonus y recibir bolas extras. Por último, comenta que se compraría su flipper preferido. Pero que vale más caro que su auto: cotiza a 465 mil pesos.

Fabricante, el dueño de todo, dice que hay grupos de amigos que hacen una vaquita y cierran el lugar para ellos. Durante cuatro horas se turnan para pasar por todas las máquinas y hacen competencias. Juegan solos o de a dos. Y la suelen hacer completa: contratan un servicio de catering para compartir una comida o una barra de tragos.

Gerardo Subirana se toma un descanso. Acaba de hacer una de las cosas que más le gustan en la vida: jugar al Bubble Bobble. Empezó en unos videos de Lugano, su barrio. Años después se mudaría a Dynos, un local de Rivadavia y Nazca. Se pasaba los sábados a la noche frente a ese juego, rodeado de fanáticos como él. También se daría el gusto de conseguir un trabajo en unos “fichines”. Ahora trabaja de operador de radio.

En la pausa, muestra su celular. Abre Facebook. Un recordatorio de hace 7 años le muestra lo que publicó un día como hoy: “Ayer fui por el barrio de Flores y a mi infancia y a mis sábados a la noche los encontré en un container. Mucha gente también lo va a recordar. Hablo del local Dynos. Cerró en noviembre. Esta foto lo dice todo…”. En la foto, los restos del local estaban sobre un container. En el cierre del local, el dueño decidió venderle los juegos a sus clientes. Se los ofreció a todos. Los que pudieron, compraron.

En Facebook se puede leer otra frase que se refiere a su pasión. Es con una imagen del Bubble Bobble. “Dicen que todos tenemos un amor. Este es mi amor de la infancia y juventud. Desde 1986 seguimos juntos (SIC) y nos reencontramos por fin en un local de juegos”.

Hoy cuesta cada vez más generar ese reencuentro, porque el juego está disponible en muy pocos lugares. Y el ambiente es distinto. Una de esas cuevas queda en Rivadavia y Boedo. Es un bar donde se puede comer y hay un par de máquinas. Por la misma avenida, cruzando la General Paz y a la altura de Ciudadela, existe otra opción. Lo de esta tarde, afirma Gerardo, es lo más parecido a la verdadera esencia de los videojuegos.

Las mujeres son pocas. Cuatro, cinco, mezcladas entre treinta hombres. “Kamu” es una de ellas. Nació en Tailandia y aterrizó de bebé en Buenos Aires. Los primeros videos a los que llegó quedaban en Barracas, sobre la calle Piedras. Ahí la llevaba su papá. De adolescente empezó a parar en “Playland”, de Flores. “Era un lugar de encuentro para un montón de fanáticos. Ahí podías conocer aficionados del barrio o que estudiaban o trabajaban en la zona. Otros venían de otros barrios directamente a competir”, recuerda.

“Kamu” está acompañada por su novio. En la que fue la primera salida, él contó que tenía flippers en su casa. “¿Te gustan los flippers?”, preguntó ella, sin poder creer la coincidencia. Esa alegría la había llevado a preguntar algo obvio. No los iba a tener a modo de decoración… Desde ese día, cada noche que se ven en lo de su novio, juegan juntos. Compiten.

“Pero no es lo mismo que lo de hoy”, aclara ella. Vinieron a buscar eso que es imposible generar en una casa: el ambiente. “Acá hay gente, hay ruido, hay competencia con gente que no conocés, hacés amigos”. Todo lo mismo que veinticinco años atrás la hicieron parar en los “Playland” de Flores. La nostalgia es algo que no entiende de tiempos ni de edades.

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