Ciudad
Tras siete meses cerrado, reabrió el histórico bar La Rambla de Recoleta


En julio, cuando se conoció el cierre del histórico bar La Rambla de Recoleta, cientos de personas se volcaron al local y a las redes sociales a decir que no, que no podía ser, que qué iba a pasar con el mejor lomito de Buenos Aires. Al dueño, Pablo Suárez, hijo del fundador del café de casi seis décadas, algunos lo llamaban para ofrecerle plata para frenar la clausura. Pero la decisión ya estaba tomada: después de cuatro meses de inactividad por la cuarentena, Suárez debía parar porque ya no podía seguir endeudándose.
Las sillas quedaron apiladas sobre las mesas y los ventanales fueron cubiertos con papel. La puerta, cerrada. Los toldos, enrollados. Así estuvo durante siete meses, hasta la semana pasada, cuando adentro del bar ubicado en Posadas y Ayacucho empezó a haber movimiento. Para algunos vecinos que pasaban y miraban sorprendidos, la actividad podía significar una noticia buena: La Rambla quizás no había cerrado en forma definitiva.
El lunes a la tarde, cuando las mesas verdes de metal -las mismas que había antes- fueron puestas sobre la vereda, la reapertura se confirmó. Adentro había luz, sándwiches de miga en la barra, una cocina lista para despachar y los mozos estaban prendiendo la cafetera.
Si no hubiera sido por los barbijos cubriendo la boca del personal y los alcoholes en gel en cada mesa, la imagen se asemejaba a un día de marzo, antes de la pandemia, antes del aislamiento, cuando La Rambla era un espacio vital, que solo cerraba los lunes y recibía entre 600 y 800 personas por día.
«Los vecinos están re contentos. Entran y nos felicitan. Muchos son habitués. Hay hombres que eran chicos cuando venían y hoy son padres de familia», dijo Luis Silva, uno de los encargados. Él forma parte de los nuevos. Del equipo original sólo quedan cuatro personas, y son las mismas que antes se encargaban de la elaboración de los sándwiches de lomito que tan famoso hicieron al bar La Rambla.
El bar fue fundado en 1963. Lo abrieron Manuel Suárez y Carmen Castiñeiras, quienes estaban casados y habían llegado a la Ciudad de Buenos Aires desde La Coruña, España. Por la calidad de su carta y por su ubicación, en una de las mejores esquinas de Recoleta, el bar no tardó en posicionarse. A sus mesas se sentaron empresarios, políticos y escritores, como Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares, que vivían cerca e iban a almorzar en forma habitual. También solían ir Federico Peralta Ramos, Susana Giménez, Tato Bores, Alberto Olmedo, Antonio Carrizo, Ricardo Darín, Graciela Alfano y Marta Minujín, entre otros.
«Me acuerdo de mis padres, de todo su sacrificio. Cerrar por la pandemia es doloroso. La idea es que si no somos nosotros, que lo siga alguien como bar, por la memoria de la familia», había dicho Pablo Suárez (50 años), hijo del matrimonio, en julio, al momento del cierre. Él, su hermana y su cuñada estaban a cargo. Hoy los dueños son otros, pero la historia de La Rambla sigue.

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