Connect with us

Ciudad

Una excursión a través de las atracciones ocultas en los barrios porteños

Publicado

el

Porque turismo aquí no es sólo Obelisco, Plaza de Mayo y Palermo, el Gobierno de la Ciudad lanzó un mapa interactivo para descubrir las perlas de los barrios. Esos atractivos que, de tan cotidianos, quizás pasan desapercibidos para los vecinos pero no para los visitantes, tanto porteños, como de las provincias y del exterior.

La herramienta muestra puntos de interés recomendados en cada barrio, entre ellos bares notables, teatros y centros culturales. Pero, también, atractivos menos conocidos, como la casa donde vivió Cortázar en Agronomía, el Barrio Inglés de Caballito, un museo del automóvil en Villa Real con modelos que manejaron Borges y Maradona, y un cine teatro con dos proyectores de Cinemascope de tiempos de la Segunda Guerra, que aún funcionan en Monte Castro. En los próximos días se irán sumando propuestas de recorridos autoguiados, como uno de lugares clave en la historia de Caballito, o circuitos de arte urbano en Coghlan, La Boca y Barracas.

Mientras tanto, ya es posible descubrir en el mapa los distintos atractivos barriales, que están codificados por colores, según si se trata de un edificio histórico, un monumento, un mercado o un estadio, entre muchas otras categorías. También están marcadas las paradas de EcoBici. A su vez, el mapa permite identificar cada barrio y acceder a información sobre ellos.

Uno de los puntos que más llamarán la atención de tuercas y no tanto en el mapa es el Museo del Automóvil que hay en Villa Real y cuya existencia es poco conocida. En su colección de autos antiguos se destacan el Torino Nº1 que se usó en las 84 horas de Nürburgring en 1969, el Hudson de 1929 que perteneció a Jorge Luis Borges y el convertible Dodge Brothers 1937 que usó Diego Maradona el día de su boda. Hasta hay una réplica de una estación de servicio de principios del siglo XX. Queda en Irigoyen 2265 y abre sólo los fines de semana.

Otro dato que muchos turistas y porteños desconocen es que, años antes de instalarse en París, Julio Cortázar pasaba los fines de semana en el llamado Barrio Rawson, un sector de viviendas de aire inglés atravesado por pasajes en el sur de Agronomía. De hecho, ese departamento 7 ubicado en Artigas 3246, frente a la plazoleta, aparece en algunos de sus cuentos. Allí fue seguido entre 1934 y 1951 para visitar a su madre María Herminia Descotte y a su hermana “Memé”.

Aún más toques británicos exhibe el denominado Barrio Inglés de Caballito, edificado en 1923. Es una de las tantas zonas construidas por estas pampas para trabajadores ferroviarios anglos, con el agregado de estar en el corazón geográfico de la Ciudad, un poco escondido entre las torres de uno de los barrios porteños más populosos. Se encuentra entre la avenida Goyena y las calles Valle, Del Barco Centenera y Emilio Mitre. Está atravesado por varios pasajes, que le agregan encanto a sus prolijas construcciones de tonos claros y jardín al frente.

A pocas cuadras de allí está la barbería La Época, en Guayaquil 877. Desde 1998, Miguel Ángel Barnes atiende solamente a hombres, pero abre sus puertas para todas y todos los que quieran visitar su local. Es que no es sólo un lugar para cortarse el pelo y afeitarse la barba: se trata de un verdadero museo de su especialidad, con antiguas navajas, saliveros, máquinas y frascos de gomina y brillantina exhibidos. Hasta se puede tomar un café o comer un tostado.

Cerca del centro geográfico porteño también está la Calesita de Tatín, un clásico del Parque Chacabuco. Locación de la película “Quiero llenarme de ti”, que filmaron Sandro y Soledad Silveyra, la calesita fue instalada en los años sesenta por Agustín Ravelo. Él logró además que el lugar fuera apadrinado por Tato Cifuentes, “Tatín”, un cómico chileno que trabajaba en la TV argentina en esa época.

Otro punto barrial con historia cinematográfica es la plaza Ciudad de Banff, en Versalles. Ubicada entre las calles Lascano, Roma y Lisboa, y la avenida Arregui, fue elegida por Alejandro Doria para la clásica “Esperando la carroza” (1985). Allí es donde Susana y Nora se sacan las caretas, luego de que esta última diera vueltas en tacos aguja hasta aterrizar en las baldosas, en una de las escenas más recordadas del cine argentino.

También en el oeste porteño se encuentra otro hallazgo para cinéfilos resaltado por el mapa: el Cine Teatro Barrial San Pedro, en Monte Castro. Con casi ocho décadas de historia, nació como un cine para chicos, donde los nenes y las nenas se sentaban por separado, pasillo de por medio. Hoy aún funcionan sus dos proyectores de Cinemascope –para imágenes más anchas– de 1945, en los que se usan filmes que vienen en cinco o seis rollos. Queda en Bermúdez 2054.

En Villa del Parque, se alza desde hace más de un siglo el Castillo de los Bichos, en Campana al 3200. Su nombre deriva de los animales imaginarios que lo adornaban en forma de estatuas o relieves, hoy desaparecidos. La leyenda le suma además un fantasma: el de la pareja de recién casados que iba a mudarse a la mansión. La fiesta se hizo en la residencia y, cuando terminó y se disponían a irse a su noche de bodas, los novios murieron atropellados por un tren en las vías que están a apenas unos metros. Los vecinos más antiguos juran que una noche volvió a sonar música de fiesta en la casa. Y que algunas veces se oyeron gritos de espanto. Hoy convertida en centro de estética y spa, esta obra de Alberto Muñoz González conserva sus cinco pisos, su cúpula y sus historias.

También hay más barrios dentro de barrios: como el Inglés o el Rawson, Nazca también recibe esa denominación no oficial. Ocupa el espacio de seis manzanas de Villa Santa Rita, entre las avenidas Nazca y Álvarez Jonte y las calles Cuenca y Juan Agustín García. Pero, como lo atraviesan 14 pasajes, esas seis manzanas se convierten en 24, algunas rectangulares o de formato irregular.

El mapa interactivo también incluye barrios que no todos conocen como tales, como el de San Nicolás, a quien la mayoría llama simplemente “Microcentro”. Allí hay más bares legendarios además de Los Galgos y El Gato Negro: uno es el Café Thibon, emplazado hace más de 80 años en Montevideo al 700. Pese a su denominación cafetera, su fuerte es el vino: la familia Thibon cultivaba la vid en su Francia natal, hasta que en 1935 trajo a Buenos Aires sus conocimientos sobre el tema. Tres años después abrió el local que de nombre lleva su apellido y se destaca hasta hoy por su nutrida vinoteca.

La plataforma, a la que se accede acá, todavía tiene algunos problemas de navegabilidad: cuando se cliquea sobre un punto destacado, este a veces desaparece, o bien no siempre abre el panel lateral con información complementaria. Por eso, es recomendable primero cliquear sobre el nombre del barrio, luego en “Ver más” y, una vez en la página correspondiente, volver a hacerlo sobre el punto de interés en particular. Desde el Ente de Turismo porteño, que impulsa la iniciativa, aclararon que todavía están trabajando para mejorar la visualización del mapa.

​NS

Seguir leyendo
Publicidad

Deja tu comentario

Ciudad

La nueva plaza Houssay: del cemento de los militares a un espacio más verde y un patio de comidas subterráneo

Publicado

on

Durante décadas la Plaza Houssay fue un emblema de las plazas de hormigón. Esas que pensaron los militares bajo la dictadura: secas, con bancos, piso y juegos de cemento, caminos estrechos y desniveles. Diseñadas bajo la premisa represiva de que todo espacio común es peligroso, con una estructura que separaba más de lo que unía. Ahora, este espacio está a punto de estrenar una renovación, ideada apenas un año después de la última puesta en valor.

El espacio, delimitado por la avenida Córdoba y las calles Junín, Paraguay y Uriburu, estuvo cerrado durante un año y cuatro meses. Máquinas y grúas asomaban por detrás de las vallas amarillas, pero poco se podía ver sobre lo que se estaba haciendo. El mayor cambio ocurrió nivel subterráneo. Y ya está todo casi terminado, por lo que en los próximos días la plaza Houssay va a ser reinaugurada.

Bajo la tierra se crearon dos pisos. En el primero hay cuatro salas de cine, un acceso nuevo al subte D, salones de estudio y locales de comida que estarán abiertos hasta las 23. También patios abiertos que aportan luz natural. Mientras que en el segundo subsuelo se mantiene parte de una anterior playa de estacionamiento, ahora con lugar para 600 autos.

Hubo trabajos también a nivel de la calle. Cerca de Paraguay, se sumó un anillo verde parquizado sobre el que se pusieron postas aeróbicas. Del lado de Uriburu, está el patio de juegos. Del lado de Córdoba, una barranca con escaleras que conducen a los subsuelos.

Entre otras tareas complementarias también se renovaron caminos para, en especial, asegurar que el recorrido diagonal sea más cómodo y directo. También se instaló nueva iluminación.

Junto a la iglesia San Lucas sigue lo que el Gobierno porteño llamó “Campus BA”, un espacio de servicios que se inauguró en 2015 e incluyó un aumento en un 50% del área verde, conexión wi-fi y la construcción de canchas de fútbol y de básquet y un skatepark.

Aquellos trabajos llevaron cinco meses y a un año de la reapertura de la plaza, en mayo de 2016, la Legislatura porteña aprobó un proyecto que habilitó nuevas obras que culminaron este jueves.

La inversión fue privada, estuvo a cargo de Lamp Investments. Según trascendió pagó $ 76.789.664. La empresa tiene la concesión de la plaza por 30 años y, a cambio, debe pagarle a la Ciudad un canon mensual inicial de $ 400.000.

Por la plaza pasan unas 170.000 personas por día. En ese terreno se levantó el primer Hospital de Clínicas y tras su demolición, en 1975, quedó liberado como espacio verde. Su nombre es en homenaje al primer Nobel de Medicina Bernardo Houssay.

En 1980 fue inaugurada formalmente como plaza por la última dictadura militar, que en el diseño priorizó el cemento y los caminos estrechos. Hasta 2015 estaba descuidada y sucia. Los cientos de miles de estudiantes de las facultades de los alrededores -Medicina, Económicas, Odontología y Sociales- no la usaban como lugar de referencia. Además la zona era un foco histórico de inseguridad. Con las obras, ahora el Gobierno porteño pretende modificar esa situación.

Seguir leyendo

Ciudad

Los monopatines eléctricos cumplen un mes y habilitan a que haya más empresas

Publicado

on

Arrancaron concentrados en Palermo y Recoleta, pero ahora  se los puede ver por Retiro e incluso en algunas zonas del Area Central. Los monopatines poco a poco se hacen su lugar como una forma de movilidad que tiene fans y también detractores. Pueden aportar una solución ágil y sencilla para vincular diferentes opciones de transporte público; sin embargo, el servicio es percibido como caro, por eso no se usa para hacer distancias largas. Mientras tanto, la Ciudad publicó una resolución que habilita pruebas piloto y que más empresas presenten planes para operar en las calles porteñas

Una de las firmas que desembarcó con estos monopatines asegura que el primer mes de uso fue muy positivo. Que incluso se superaron las expectativas: se realizaron 12 mil viajes, se completaron 10 mil kilómetros y lograron fidelizar a 5.000 usuarios, que disponen de unos 250 puntos de donde poder retirarlos.

Como sucede en otras ciudades del mundo en donde operan, el uso promedio fue de entre 10 y 12 minutos. Es decir, que las personas que se suben a un monopatín de la empresa Grin invierten entre $ 95 y $ 111 para desbloquearlos y ponerlos en movimiento ($ 15 más $ 8 el minuto de uso).

Antes de que llegaran a las calles, la Legislatura porteña votó un marco regulatorio para los monopatines en general; los de usuarios particulares y los de alquiler. Como primera medida se incorporó la definición de “Dispositivo de Movilidad Personal” al Código de Tránsito y Transporte. También, una serie de artículos que regulan la actividad, requisitos de seguridad y sanciones aplicables en el caso de cometer una infracción a bordo de ellos. Se estableció que no podrán circular por las veredas, sí por las ciclovías; tampoco pueden hacerlo de contramano por las calles. Los usuarios tienen que ponerse casco y chaleco reflectante. No se puede acelerar a más de 25 km/h y deben contar con bocina, frenos y luces delanteras y traseras. Y sólo se permite una persona por vehículo.

Además de Grin, opera Movo (una alianza entre Cabify y Glovo, que sanciona con $ 1.100 a los usuarios que salen del límite de los barrios de cobertura); y se espera que en el futuro, a partir de la resolución del Gobierno, lleguen otras empresas, como Lime, Bird y Ufo, todas vinculadas a este tipo de movilidad. 

Por otra parte, y hasta tanto dure la prueba piloto pautada por el Ejecutivo porteño, que es de un año con posibilidad de extenderla a dos, se terminarán de definir las áreas de detención, que pueden estar vinculadas a locales comerciales. En ocasiones, se ven monopatines que quedan en lugares que no están habilitados. 

Desde esta Secretaría de Transporte informaron a Clarín que conocen el problema y que Grin, por ejemplo, no tiene permiso para usufructuar las veredas: “Tenemos un área de fiscalización del espacio público que sale a relevar que se opere correctamente. Hemos detectado estas irregularidades y han sido intimados para que hagan un control estricto sobre este tema en particular. Las empresas que operen de forma incorrecta en el espacio público pueden quedar excluidas de esta etapa que aún es de prueba”, explicaron. 

A través de las redes sociales, los usuarios le avisan a la empresa cuando ven un monopatín fuera del área de uso. Sin embargo, no sería necesario porque “los monopatines cuentan con un GPS integrado y tenemos un equipo que monitorea en vivo la ubicación de cada uno. Se contactan con los usuarios cuando salen del área de cobertura para pedirles que vuelvan a ingresar. En caso de no poder comunicarse, y que el usuario siga circulando fuera del área de cobertura, se acerca alguien del equipo personalmente, para recuperar el monopatín”, detallan.

Y como preveían, la vandalización no es un problema. De hecho, hasta el momento detectaron solo un monopatín “desaparecido”, pero que lograron recuperar gracias al GPS. Estaba en el interior de una casa y una persona fue detenida por el robo. Además, se le inició una causa, explicaron desde Grin. “El robo no tiene sentido, el monopatín es inservible. Queda bloqueado y se van descargando; por otra parte, el cargador no se vende en el mercado”, detallaron. 

“Entre Uber y esta pavada de los monopatines, estoy en llamas”, directo y conciso, así definió la situación un conductor de taxis. “A la ilegalidad en la que sigue operando Uber, se suman los monopatines que en zonas como Palermo, nos han quitado a los pasajeros -muchos de ellos turistas- que quizá hacen un viaje corto de 10 o 12 cuadras y que son importantes para completar nuestro día de trabajo, porque la bajada de bandera se cobra de todos modos, hagas 200 cuadras o 5″, dijo. El hombre es propietario del taxi y, después de 35 años conduciendo, está a punto de jubilarse. 

Aún en días gélidos como los que se vivieron en la Ciudad, Tomás elige los monopatines y las bicis porteñas como forma de movilidad. Vive en Núñez pero se mueve mucho por Retiro y el Área Central. Se sube a un monopatín en inmediaciones de la estación de trenes del Mitre y hace por día unos 20 o 30 minutos de viajes, en diferentes tramos. “Sin dudas gasto menos que con un taxi. Aún no lo usé más allá de esta zona porque no sé como me resultaría en distancias largas. Las ruedas son chiquitas y no siempre el asfalto está en buen estado”, cuenta mientras deja el rodado en la puerta del bar Florería Atlántico. No tiene idea si se puede dejar allí, o no. El monopatín queda junto a una de las farolas antiguas, con las luces verdes que lo caracterizan encendidas, y a la espera de un nuevo usuario.

Seguir leyendo

Ciudad

Alimentos: la importancia de leer las etiquetas

Publicado

on

Supermercado gondolas

Cuando compramos un producto envasado nos enfrentamos a una cantidad de datos que muchas veces pasamos por alto. Si bien la fecha de vencimiento y las calorías son las más consultadas, ¿Qué otros datos debemos tener en cuenta?

Todos los alimentos que compramos deben llevar un rótulo que debe presentar la siguiente información de importancia: la denominación del producto, es decir que informe de qué se trata (fideos, yogurt, etc); la identificación de origen, para poder saber quién produce el alimento y dónde; también es muy importante verificar que los alimentos presenten en sus etiquetas el REGISTRO NACIONAL DEL ESTABLECIMIENTO ELABORADOR (R.N.E.); y el REGISTRO NACIONAL DE PRODUCTO ALIMENTICIO ( R.N.P.A).

La presencia de los números de registro es relevante, ya que este dato es el que confirma la seguridad de los alimentos que compramos. El hecho de presentar el número de Registro implica que el producto que vamos a consumir cumple con los estándares de calidad establecidos para garantizar la seguridad alimentaria.

También es fundamental que presenten número de lote. El número de lote representa a un conjunto de productos de un mismo tipo, procesados por un mismo fabricante o fraccionador en un espacio de tiempo determinado y bajo condiciones esencialmente iguales.

La existencia de este número, permite por ejemplo, poder retirar del mercado un producto en el que se detecte una falla de seguridad alimentaria en su elaboración.

Por eso siempre es importante verificar en las etiquetas la existencia de estos datos para poder darnos una alimentación segura y responsable.

Seguir leyendo

Ciudad

Inauguraron la nueva sede del Ministerio de Desarrollo Humano porteño donde estaba el Elefante Blanco

Publicado

on

El nuevo edificio de tres pisos y casi 18.000 metros cuadrados se inauguró oficialmente con funcionarios y una fiesta de artistas.

Seguir leyendo

Ciudad

Reabren la causa de la tragedia del colegio Ecos: "Este fallo nos da un poco de esperanza"

Publicado

on

Lo dicen los familiares de la víctimas, luego de que la Corte Suprema dejara sin efecto la prescripción de la causa. 

Seguir leyendo
banner gcba

Destacadas