Agronomía
En Agronomía se encuentra el hospital escuela de mascotas más importante de la Ciudad

Escondido en Agronomía y dependiente de la UBA, cada día se atienden aquí más de setenta casos. El precio que cobran es módico y la atención, de excelencia. Cada jornada se cruzan en sus pasillos historias de dueños y veterinarios. Cada día se curan, se tratan, mueren, son dejados y rescatados cientos de animales.
Si a uno le dijeran que existe un lugar público en plena Ciudad de Buenos Aires en donde atender a su mascota con los mejores profesionales –formados en las más diversas especialidades-, con instalaciones en donde tomarle todo tipo de muestras y realizarle todo tipo de estudios, a un precio módico, no dudaría en conocerlo.
Si a uno le dijeran que para poder ser atendido tiene que levantarse a las tres de la mañana, para llegar antes de las cinco y conseguir, si tiene suerte, un turno, probablemente empezaría a dudarlo, si es que no desistió inmediatamente. Si a uno le contara alguien que ya lo hizo, que todo esto vale la pena, porque animales que fueron dados por perdidos encontraron su cura, volvería a considerarlo.
Todas las noches, más de sesenta personas hacen este sacrificio para que sus mascotas sean atendidas en el Hospital Escuela de la Facultad de Veterinaria de la UBA.
El Hospital es casi un secreto. No muchos saben de su existencia y hasta resulta difícil encontrarlo desde la calle. Emplazado a mitad de una larguísima cuadra en el número 4351 de la avenida San Martín, se accede mediante una puerta gris, pequeña, diminuta si se tiene en cuenta el universo que esconde.
Allí se inician, cada madrugada, cientos de trayectorias que se entrecruzan: las de las mascotas y sus dueños, y las de los profesionales que día a día se enfrentan al desafío de curarlos, tomar decisiones que pueden implicar su vida o su muerte, enseñarles a los estudiantes que hacen pasantías o cursan materias, resolver qué hacer con los animales que muchos abandonan, lidiar con la psicología y hasta en muchos casos la agresión de los dueños. Y la mayoría de ellos, sin cobrar. Bienvenidos al mundo del Hospital Escuela.
La postal del hall de entrada a las nueve de la mañana, el horario pico, es digna de una foto, de una caricatura o de algún tipo de retrato. Entre los laberínticos pasillos, las filas podrían ser como las de cualquier trámite, con la pintoresca diferencia de que cada uno lleva de la mano una correa con un perro, un bolso con un gato, un conejo en brazos, un pato en el regazo, o un loro en una jaula. La otra diferencia la da el olfato: la mezcla única de olor a perro y Espadol es penetrante.
Resulta difícil no mirar un cartel pegado en la pared, al lado de la ventana: «En caso de agresión llame al personal policial o a Emergencias. En caso de continuar, llame al 911 o al 0800-33 FISCAL». Lo pusieron hace poco, luego de que los médicos, tal como ocurre en la mayoría de los hospitales públicos, sufrieran la agresión de un hombre furioso por la muerte de su perro. Tuvieron que encerrarse y no lograron salir hasta las doce de la noche, cuando llegó la policía.
«A veces es enloquecedor, con las mascotas se juega algo muy personal, sobre todo hay alguna gente que puede llegar a ponerse muy violenta. Te exigen que los salves y si no se llega a poder, vos les mataste el perro» comenta una mèdica en la sala. Se nota, la relación de los profesionales con el Hospital es tan intensa como exigida, tan demandante como gratificante, tan sacrificada como valorada. Amor-odio, así la definen. «Hay días que me digo ‘no vuelvo más, basta’. Pero cuando no vengo por un tiempo lo extraño. No lo dejaría por nada».
Solo quien ama a los animales trabaja con tanta paciencia y compromiso. Solo quien ama a los animales pasa la noche en vela, a la vera de una calle desierta, para hacer atender a su mascota.
La tarde avanza y el trabajo no amaina. Dentro de poco serán las nueve y el Hospital cerrará sus puertas. Sin embargo, solo pasarán tres horas hasta que la entrada empiece a poblarse de dueños de perros y gatos que darán comienzo, una vez más, a un sinfín de historias que se escriben y se reescriben, como en una espiral.
Probablemente traigan mate y se acomoden uno al lado del otro haciéndose compañía. Posiblemente intercambien anécdotas de sus mascotas. Les espera una larga noche.
Hospital escuela:
Av. San Martín 4351, Agronomía, CABA
Admisión: 4524-8455/8348 / admision@fvet.uba.ar para informes y turnos
Ver en el mapa (Street View)

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