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Ciudad

Los imbéciles de siempre nunca descansan

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Además de perder tres tachos de basura en el barrio, el problema es con la imbecilidad que se manejan algunas células de nuestra sociedad, como las pequeñas cosas son las que nos demuestran felicidad este tipo de pequeñas conductas nos dibujan y nos descubren como sociedad. Uno de los tres tacho incendiado, totalmente derretido y humeando, vecinos que preocupados por dormir hacen la vista gorda, el 911 con un servicio pésimo. Así estamos.Corrían las 5,30 de la mañana del Sábado cuando el humo se apodero de la zona comprendida en las intersección de las calles Campana y Pedro Varela, en nuestro barrio de Villa del Parque. El contenedor de basura que dispuso algún Gobierno de la Ciudad despedía mucho humo, aún ningún policía se hacía presente en el lugar. Hasta este momento podría ser solo un accidente, algún vecino descuidado pudo tirar un cigarrillo un sahumerio o algún objeto que desate el fuego. Pero no, era uno de los tres contenedores de basura que los imbéciles de siempre decidieron incendiar en un acto de vandalismo urbano que es realmente penoso.

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Cinco cuadras del primer tacho que empezaba a incendiarse, se encontraban dos contenedores mas, uno en la intersección de las calles Llavallol y Pedro Lozano, el cual se encontraba totalmente derretido y el otro comenzaba a arder peligrosamente a metros de un automóvil en la intersección de las calles Teodoro Vilardebo y Pedro Lozano. Verdaderamente en este último pudo pasar cualquier cosa si el fuego alcanzaba al auto estacionado.

Para todo este tiempo que los tres tachos ardieron hasta consumirse paso más de media hora tiempo suficiente para que cualquier vecino se halla percatado y llame como corresponde al 911, el cual en esta historia tiene un capítulo aparte.

En primer lugar el servicio no es inmediato, hay que llamar varias veces hasta que un operador te atiende, si estas en una emergencia donde los segundos significan la vida y la muerte no nos podemos dar el lujo de tener que esperar mas de 10 minutos para que nos atienda. Además una vez que fuimos atendidos, el operador que nos toco, muy amable y predispuesto a ayudar nos presto un servicio realmente pésimo, poco claro en su forma de hablar.

Esta crónica hace hincapié en lo mal que funcionamos como sociedad, desde los seguramente jóvenes que decidieron prender los contenedores hasta los vecinos de la zona, como los que pasan con autos que no se molestan en llamar a alguien para que detenga el fuego. Luego cuando pasan las cosas nos preguntamos hasta el cansancio como puedo pasar esto.

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