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Historia

El día que la máquina de River Plate enfrentó a Canillitas Parquenses en Villa del Parque

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Canillitas Parquenses vs River Plate

Esa mañana del 27 de Noviembre de 1948, el sol resplandecía como nunca sobre el elegante barrio de Villa del Parque, en el cruce de las calles Álvarez Jonte y Emilio Lamarca una muchedumbre de cerca de diez mil personas esperaban ver al equipo local, Los Canillitas Parquenses , campeón de la liga amateur del año 1947 , contra la máquina de River Plate.

A las ocho de la mañana el sol “picaba” como nunca en esa primavera, nadie dormía todos estaban en la calle rodeando los terrenos de Emilio Lamarca y Álvarez Jonte, racimos humanos cubrían las paredes y postes telefónicos (los postes tenían clavados en forma horizontal varillas de acero que servían como escalas) las damas desplegaban sus sombrillas protegiéndose de Febo y las “lechuzas” (los antiguos fotógrafos de plaza) buscaban un buen lugar que valorizara su trabajo. Las terrazas de las casas vecinas estaban repletas de buenos y conocidos vecinos que mataban la ansiedad mate mediante. Media hora después, a las ocho y treinta no cabía un alfiler en la zona, igualito a los clásicos.

Los reporteros gráficos de los grandes diarios y revistas deportivas hacían guardia, mientras se cocinaban pacientemente en la ardiente mañana, era una fiesta y en esa fiesta y a esa hora (8.30 h) entraron a jugar, Unión Libertad vs. Club Atlético Villa Soldati, el partido fue muy disputado y los oriundos de la quema (Villa Soldati) sucumbieron en el último minuto ante los anarquistas de Unión Libertad.

Tim Micheletti, en un carrito improvisado con unas llantas de automóvil y un barril recorría el lugar vendiendo su naranjada casera, la reposición del refresco era rápida puesto que Tim vivía enfrente a la cancha, en los comestibles “atendían” dos tanos, uno que con un barrilete promocionaba sus maníes y lupines y otro con una gran pizzería donde llevaba apilada varias pizzas a la piedra y que portaba sobre su cabeza, las pizzas eran solo de tomate y muy picantes, la famosa pizza de cancha se hacía presente.

Josecito Miranda llegó alrededor de las diez de la mañana, hora que se había anunciado el partido, hubo asombro y un murmullo que hizo eco por todos los barrios de Buenos Aires se escuchó claramente, siguió un silencio como de duelo, triste y largo silencio: el mufa del barrio había llegado, sus antepasados fueron mufas y sus descendientes seguirían su nada envidiable tradición.

Tres amigos y fervientes hinchas de los Canillitas invitaron a Josecito a ver mejor el partido desde una terraza vecina, cuando llegaron a la casa lo encerraron en un baño a los nobles efectos de evitar cualquier desgracia que su sola presencia auguraba.

Enterados todos que el mufa estaba bien guardado el clima festivo volvió a ser lo que era, mientras tanto en la sede del Club Pacífico los jugadores de ambos equipos cambiaban sus ropas, luego de esto los jugadores se dirigieron al patio de la institución, donde había un mástil e izaron la enseña nacional, ceremonia que estuvo protagonizada por los dos capitanes: F. Iácono por River Plate y Lorenzo por canillitas Parquenses.

Adelantándose a ellos el “cura gaucho”, verdadero artífice de este encuentro, el padre José Dubosc, se dirigió a la cancha acompañado del comisario del barrio que se había hecho presente con una escolta de agentes y suboficiales “para ver qué pasa con tanto alboroto” apenas llegaron a la cancha el padre Dubosc levantó los brazos y llamando la atención de la multitud pidió un fuerte aplauso para el comisario que ha venido a unirse a esta fiesta de la gente del barrio, dicho esto comprometió más al comisario pidiéndole que sus agentes colaboren como mojones puesto que la invasión a la cancha era un hecho.

El cura fue un extraordinario promotor de eventos en el barrio y formó parte de comisiones de diferentes instituciones, luego en los años sesenta se trasladó a la villa de Retiro donde tuvo una destacadisima actuación pastoral, murió hace pocos años pero su extraordinaria obra y su querido recuerdo como pastor que vivió con y para su rebaño quedó en el corazón de todos los que lo conocieron.

Detrás aparecieron los cracks de River y Canillitas Parquenses, que formaron de la siguiente manera:

River Plate: Grisetti, Sporto, Fariña, Ferreiro, F. Iácono, Amorín, Bussi, Moreno, Di Stefano, Labruna, E.Iácono.

Canillitas Parquenses: Duro, Suarez, Garcia, Ezeiza, Gomez, Bruno, Rezza, Callá, Adán, Lorenzo, Boquini.

Un viejito que decía que era de la época de los hermanos Brown quería jugar de cualquier manera, se lo fue conformando poniéndolo de lineman, acción que fue premiada por una ovación cuando terminó el partido, el árbitro fue Manuel Barancat, que según la unánime opinión, dirigió mejor que los ingleses, por esos años los referatos eran conducidos por los ingleses.

No hubo sorteo y empezó moviendo la pelota River, Di Stefano a Labruna éste a Moreno que eludió a cuatro rivales y cedió a Di Stefano que tiró apenas desviado, el partido fue vibrante y jugaron a “muerte”, cada vez que había que tirar un córner los agentes destinados a “mojones” dispersaban al público que invadía la esquina, a pito limpio.

Mientras algunas groserías dirigidas a las damas que usaban sombrillas para protegerse del sol, se escuchaban de labios de aquellos fanáticos que no podían ver, la cosa creció y las damas se tuvieron que alejar…botineras son las de ahora…psss.!

A los veinte minutos una maniobra de Moreno, Labruna y Di Stefano terminó en un remate de éste último, una contorsión en pleno vuelo y corrigiendo la dirección del cuerpo el arquero de los Canillitas evita el gol ante el asombro de todos y el propio Di Stefano que se acercó a Felicitarlo.

El juego intenso y con peligro para los dos arcos crecía ante el regocijo de la concurrencia, y a los treinta y siete minutos la saeta rubia, Alfredo Di Stefano convierte desde unos diez metros del arco tras una combinación con Moreno. River 1-Canillitas 0, así terminó el primer tiempo.

Segundo tiempo: A las doce del mediodía y cuando el sol partía la tierra comienza el segundo tiempo y a los cinco minutos nuevamente Di Stefano marca el segundo gol, acá hacemos una aclaración, los jugadores de River no usaban botines de “Football” usaban zapatillas de básquet, la alegría de los millonarios duró poco, dos minutos después Adán, de tiro libre vence la valla de Grisetti, dos a uno y así terminaría el partido a los veinticinco minutos del segundo tiempo, el calor, la invasión involuntaria de las diez mil personas que rodeaban la cancha y el cansancio de los jugadores de ambos equipos que dieron todo fueron la causa.

Terminado el partido los jugadores fueron a la sede del Club Pacífico, donde los Canillitas agasajaron a sus rivales con un Vermouth y una comilona y donde quedó por supuesto invitado el “dueño” de los mojones o sea, el comisario.

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El varon del tango quería entrañablemente nuestro barrio de Villa del Parque

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Juio Sosa varon del tango funeral

Hace unos cuantos años atrás vi una fotografía sacada en blanco y negro en los años sesenta, la imagen describía lo siguiente: un auto deportivo, la puerta del conductor entreabierta, sentado al volante un pibe de diez, once años con guardapolvo escolar, parado detrás de la puerta del auto un hombre sonriendo cómplice con el niño chofer y delante del hombre, otro pibe con delantal sonriendo al fotógrafo, ese chico respondía al apodo de “tuti”, el que estaba al volante era un desconocido para mi y el hombre sonriendo obviamente era el dueño de ese auto deportivo, la geografía de esa foto describía la entonces arbolada calle Helguera y se alcanzaba a ver el frente del colegio Galloni, el dueño del auto era vecino de la cuadra, vivía en la vereda enfrentada al colegio y ese dia lo encontraron de buen humor y permitió la foto.

El hombre tenía unos perros ovejeros alemanes que cuando escuchaban el ruido del motor acercarse comenzaban a ladrar, la capacidad de oír de los canes era llamativa, ellos ladraban y pasado unos minutos aparecía el auto con el amo, vaya a saber a cuánta distancia ellos tenían la capacidad de percibir el ruido del motor. El amo y los perros guardaban entre sí absoluta fidelidad y en el reencuentro nunca se supo quién de ellos: el amo o los perros, era el que estaba más contento, se profesaban amor mutuo.

A los enormes ovejeros no se les conocía oficio u ocupación alguna más allá de oficiar de mascotas, al amo sí, era cantor de tangos y vivía su momento de gloria a pesar que todo un aparato publicitario televisivo y radial apoyado por las empresas discográficas boicotearon la música del tango, propagando un movimiento inventado por ellos que llamaron “nueva ola” y que el flamante estandarte de ese movimiento era un programa de TV llamado “El Club del Clan”. En este contexto nuestro cantor se destacaba y a la par de los nuevaoleros llenaba clubes y lugares de actuación, era figura en la televisión y a veces en nuestro barrio salía en pijama para tomarse algo en el café Bijou de la calle Cuenca. Era un hombre sencillo y en su oficio no usaba seudónimo.

Julio Sosa y sus perrosAmor mutuo. Imagen: http://juliososavarondeltango.blogspot.com.ar

Julio Sosa era su verdadero nombre, a la vez de ser la carta de presentación de su justa y bien ganada fama. Había nacido en un pueblito de Uruguay cercano a Montevideo: Las Piedras.

Según el saber popular reafirmado por los más prestigiosos profesionales y vecinos de su pueblo, Sosa era hijo ilegítimo (así se definía antiguamente) pero para que eso no tomara estado público, se maniobró de la manera que comenzamos a contar.

Su madre (Ana María Venturini) a muy temprana edad siendo casi una niña se encontró con la dura realidad de enfrentar la vida y fue empleada doméstica de una familia rica, quedando embarazada del “patrón”, el hombre imponiendo su condición de “amo” obligó a uno de sus peones (Luciano Sosa), a que se casara con su poseída, de tal unión nació el 2 de febrero de 1926, Julio María Sosa Venturini convirtiéndose años más tarde en el “Varón del Tango”.

Julio Sosa creció en un contexto de miseria y asfixia social pueblerina y condenatoria, con crueles personajes que sabiendo su origen se burlaban de él, Julio Sosa de niño y de jovencito entre otros precarios oficios que ejercía vendía bizcochos (facturas) en la plaza del pueblo y andaba generalmente descalzo aún en invierno.

Siendo niño, el padre lo llevó al cine a ver una película de Carlos Gardel, al salir era tal la impresión que le causó escuchar al “zorzal criollo” que entusiasmado dijo: “cuando yo sea grande voy a cantar como ese señor”.

Con esa influencia Julio Sosa aprende solito a cantar, a fuerza de oído y voluntad, es un gran observador y analista de la vida que le ofrece su pueblo, tiene una mirada dolorosa de la realidad que volcará años más tarde en gran cantidad de amargos poemas, algunos de ellos publicados en el libro “dos horas antes del alba” que él mismo edita. Uno de esos poemas describe elípticamente su origen, y el encuentro sexual de su madre con el “patrón”. Si mal no recuerdo el nombre de ese poema es “el error”.

Casa donde vivió Julio Sosa en Villa del ParqueCasa donde vivió Julio Sosa en Villa del Parque, Helguera 2440.

A los dieciséis años se casó (con Aída Acosta) y al poco tiempo se separa descubriendo la fragilidad de las promesas juveniles. Comienza a cantar en el pueblo y se hace un grupo de incondicionales amigos que lo alientan y con los que comparte las enseñanzas que la vida le ofrece. Viaja a montevideo todos los días en tren y frecuenta el bajo, conoce la vida en los cabarets y comienza a cantar gratis en esos lugares para después llegar a un arreglo por el viaje y la comida. Julio Sosa sueña en cantar en grande y a fuerza de sueños y el empuje de sus veinte años se anota en cada concurso que puede.

Una noche en un cabaret que cantaba conoce a un muchacho argentino escapado de su casa por asuntos familiares, el recién llegado no tenía donde dormir, Sosa lo lleva a la casa de un amigo y le tiran un colchón en el piso, así pasan los días con el amigo argentino compartiendo su comida con él y brindando modesta pero segura amistad, al correr de los días aparece el padre del muchacho y se reconcilian, al irse el argentino le dice: “si vas a Buenos Aires vas a tener mi casa y mi comida tal como vos generosamente me ofreciste a mí”, fraternalmente y confundiéndose en un abrazo se separan.

A los pocos días Julio Sosa gana un concurso de tango, con el efectivo ganado saca un pasaje en tercera categoría en el vapor de la carrera a Buenos Aires, la madre le plancha una camisa blanca que envuelve prolijamente en papel madera, se corta el pelo y le dice al peluquero (Gutierrez) mañana te pago, pero mañana ya estaba en Buenos Aires.

El amigo argentino cumplió, le dio alojamiento, comida y le prestó un saco para que fuera presentable a ofrecerse en dos cafés que estaban relativamente cerca, uno, el argentino de Chacarita y el otro que ahora es una salita de teatro en Jorge Newbery y Córdoba, entra en confianza con los parroquianos y le cae bien a uno de ellos que le dice que lo va a llevar a que le tomen una prueba con unos músicos que él conoce y es así como al cuarto dia de estar en Buenos Aires se encuentra a las tres de la tarde en un ensayo en el Picadilly (Av. Corrientes al lado del San Martín, hoy es teatro) pasa la prueba y forma dúo con un consagrado y de éxito seguro, Alberto Podestá. Es el año 1949.

Comienza una carrera de éxitos, debuta en radio El Mundo con un muy buen contrato, es muy diferente vocalmente de Podestá, pero logra también gran aceptación por el peso y timbre de su voz y una muy buena y afinada interpretación de los tangos que canta.

A mediados del año 1955 pasa a la orquesta de Francisco Rotundo y ocurre un hecho que lo marcará y terminará trayéndolo a vivir a nuestro barrio, pierde parcialmente la voz y cada dia que pasa se agudiza el problema, Juanita Larrauri esposa de Rotundo lo lleva a ver al prestigioso cirujano Elkin a su domicilio de Villa del Parque, este lo opera de las cuerdas vocales y corrige el tabique nasal, la operación es un éxito.

En 1958 se casó por segunda vez y tiene una hija, Ana Maria Sosa, ese matrimonio es anulado jurídicamente el siguiente año. Inmediatamente se casa con Susana Rita Maroglio y compra una casa en la calle Helguera al 2400 frente al colegio José Ernesto Galloni.

Tiempo después actuando en el “Sans Souci”, alguien le tira disimuladamente una miguita de pan a las piernas, la mirada se convirtió en un rayo de ira a pesar que nadie se había percatado de eso, más que él y el agresor, era Gutierrez el peluquero con unos amigos de su pueblo, pidió permiso al público para dedicarles un tango y dijo: “a vos Gutierrez, te pagaré con esto el corte que me hiciste gratis antes de venirme a Buenos Aires porque no tuve plata para pagarte”.

Luego es contratado por CBS que le pone una orquesta dirigida por Leopoldo Federico y se convierte en un suceso extraordinario, le llueven las ofertas de trabajo de todas partes, firma para una importante gira por Europa un millonario contrato que no puede cumplir porque el 24 de noviembre de 1964 el automóvil que conducía se estrelló contra una baliza de señalamiento de concreto en Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla.

Auto accidentado de Julio SosaEl automóvil que conducía Julio Sosa al momento de su muerte. Imagen: http://juliososavarondeltango.blogspot.com.ar

Julio Sosa es velado en el salón La Argentina, pero la multitud desborda y lo llevan al Luna Park, a las tres de la tarde del 27 de noviembre es llevado en una multitudinaria procesión de contramano por Av. Corrientes hacia La Chacarita, el auto fúnebre que llevaba el ataúd es asaltado por la multitud que lo baja en la mitad del camino y lo lleva a pulso por la mítica avenida, caminando llegan a las diez de la noche, el cementerio está cerrado y deben aguardar toda la noche hasta que se abre La Chacarita, donde finalmente le dan cristiana sepultura.

Hace algunos años una “operación comando” de fanáticos uruguayos se llevó el féretro hacia las piedras donde descansa.

Por Juan Miguel Peyrelongue, tangojuan2002@hotmail.com

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Historia

Quién fue Cuenca, mártir de la batalla de Caseros y calle principal de Villa del Parque

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Una de las calles principales de Villa del Parque lleva el apellido de Claudio Mamerto Cuenca, quien fue este personaje que se cambió el nombre en el mil ochocientos.

Hijo de Don Justo Casimiro Cuenca y de Doña Lucía Calvo, nace el 3 de octubre de 1812. Su verdadero nombre era Claudio José del Corazón de Jesús y no se sabe por qué razón lo cambió por el de Claudio Mamerto. Hizo sus primeras letras en la casa parroquial para ingresar a los 16 años en el Colegio San Carlos, que era dirigida por los Jesuitas y funcionaba junto al templo de San Ignacio. Excelente alumno, se recibió de Bachiller con notas sobresalientes y cuatro años más tarde ingresaba al Departamento Médico de la Universidad de Buenos Aires.

Terminó sus estudios en 1839, y al año siguiente, fue nombrado profesor de Anatomía y Fisiología. Cuando el doctor Ventura Bosch partió para Europa, en la terna de profesionales que podían sucederle figuró en segundo lugar, Juan Manuel de Rosas lo prefirió y el Dr. Cuenca se puso al lado del dictador.

En 1851, fue designado Cirujano Mayor del Ejército. Sin prejuicio de ello, desarrollaba en la Universidad de Buenos Aires las cátedras de anatomía, fisiología, materia médica y cirugía.

La otrora alegría porteña se vio ensombrecida por la desconfianza y el miedo. El chisme y la calumnia eran moneda corriente y hasta un gesto ponía en peligro al más inocente, ante los ojos del que quería descubrir en él a un salvaje unitario. No obstante, Cuenca prefirió quedarse haciendo uso de la hipocresía y la simulación. El cumplimiento del deber lo obligó a servir al tirano y a sus tropas y en la íntima penumbra de la noche, a la luz de un candil, cultivaba las letras.

Compuso epigramas, idilios, madrigales, comedias, dramas, etc. Y así, convertido en médico personal y cirujano mayor del ejército de Rosas, volcando en sus poemas sus verdaderos sentimientos -poemas que llevaba permanentemente en un maletín que no se desprendía de el ni para dormir, pues muchas veces lo utilizaba como almohada- encontró la muerte el 3 de febrero de 1852.

Al término de la Batalla de Caseros queda un bastión: El Palomar. Se encomienda entonces al general César Díaz que atacara. “Desde lo alto del mirador, -escribe cien años después el Dr. Corbella- los jefes del Palomar, junto a los que se encontraba Cuenca, miden la situación y, al comprobar la gran desventaja numérica, resuelven capitular. Se enarbola la bandera blanca y cesa el fuego. Cuenca se dirige a su improvisado hospital levantado a cielo abierto y reanuda las tareas de restañar heridas, con gran sorpresa siente una descarga cerrada de fusilería”.

“La soldadesca de Rosas, haciendo caso omiso de la rendición esperó la llegada -con fines de parlamentar- de un pelotón de las tropas vencedoras y al entrar éstas les hacen fuego a quemarropa. Disipado el humo se vio el tendal en el suelo. Lo que ocurrió minutos después es inenarrable. Mientras los clarines sonaban ¡A degüello! se vio a las tropas de Urquiza avanzar y meterse sus soldados por todos los rincones masacrando a los moradores. El doctor Cuenca, sin perder la serenidad, desarmado y exhibiendo las hilas en la mano, intentó dirigirse al jefe de la tropa asaltante, Comandante Pallejas y, al parecer, se dio a conocer y pidió protección para sus heridos. Por toda respuesta recibió varios golpes de sable; de una estocada fue atravesado y al minuto cayó exánime sobre el pavimento.

Así murió el mártir de Caseros. Médico, militar y poeta, el Dr. Claudio Mamerto Cuenca, nos legó la herencia de su temple, la prosa de sus versos en sus reveladas composiciones siendo la más conocida “Delirios del Corazón” que consta de más de dos mil versos. Sin duda alguna, la arteria más luminosa, concurrida y florida de nuestras calles lleva su benemérito nombre.

Por Juan Peyrelongue

Links:
Batalla de Caseros
Asesinato del Doctor y Cirujano Claudio Mamerto Cuenca

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Historia

¿Conoces que dio origen al nombre de nuestro barrio de Villa del Parque?

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Existió un gran monte de eucaliptos sobre lo que es la facultad de Agronomía y Veterinaria que se extendía hacia lo que hoy es Villa del Parque, se reproducían sobre las quintas y los sembradíos de alfalfa en forma natural, pero cuando la municipalidad de la ciudad dio comienzo a las obras de urbanización, las quintas fueron desapareciendo y los propietarios se vieron obligados a lotear y vender esas extensiones de tierra.

El monte desapareció poco a poco, pero la parte del monte que se extendía a los costados de las vías del ferrocarril quedaron naturalmente. Justamente el origen del nombre de Villa del Parque, hace mención al parque de eucaliptos que se extendía sobre la incipiente villa (La villa que se construía sobre el parque de eucaliptos).

Así se podía detectar aun ya entrado el siglo 20, la cantidad de esos árboles que era costumbre verlos sobre el costado de las vías del ferrocarril y avanzando sobre la calera y terrenos baldíos que rodeaban la estación. Hasta existió uno muy grande en la esquina de Nazarre y Cuenca, que sobrevivió hasta principios de los años setenta sobre el frente de la florería “La no me olvides”, que durante años fue la encargada de proveer a los románticos señores de entonces, el material necesario que servía de ablande de los corazones femeninos: las flores. Destinadas a simpatías o novias (las suegras siempre fueron difíciles de ablandar).

Volvamos a lo que nos interesa: el eucalipto, esa inmensidad de eucaliptos que nos daba sombra y proveìa de hojitas y frutitos que nuestros padres, maestros, abuelos, etc, solìan poner con agua en un jarrito enlozado que colocaban en las estufas a Kerosene emanando de ellas un vapor, que a decir de los mayores nombrados anteriormente, eran de carácter curativo… ¡y que seguramente lo eran!

También los eucaliptos eran útiles para contener grandes cantidades de agua en las tormentas, servían de arcos en los partidos jugados al costado de la vía, sobre Melincué, era lindo oler en la primavera el aire perfumado de ellos, pero el tiempo trajo el progreso y los fueron quitando de a poco, fueron desapareciendo dando paso al progreso… ¿al progreso? mejor digo: dando paso al cemento, poco a poco esos árboles que nos daban oxígeno, contenían el agua, nos daban sombra, alegraban con su presencia y perfumaban el aire, fueron desapareciendo.

Fueron borrando el origen del nombre de nuestro barrio, hoy sólo queda uno del enorme parque y ese uno está contemplando en soledad, como extrañando a sus hermanos que tanto nos dieron y que nosotros malpagando, a golpe de hacha derribamos.

Ese eucalipto testigo está en la calle Melincué frente a las vías mano a José C.Paz y casi esquina Argerich, sobre el final de un complejo de departamentos, debemos salvarlo, porque es un sìmbolo de vida, y porque preservandolo, preservamos nuestra identidad y nuestra historia. Las generaciones futuras tendrán el responsable placer de custodiar el último pedacito de historia viva que dió origen a nuestro nombre.

Juan Miguel Peyrelongue, tangojuan2002@hotmail.com

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Quién fué Francisco Beiró, impulsor del progreso en Villa Devoto

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Muchas veces nos preguntamos el origen del nombre de las calles. La avenida Francisco Beiró, una arteria que nace en Av. Constituyentes y finaliza en Avenida General Paz al 8800 y que se llamó primero Avenida Del Progreso y después Avenida Tres Cruces, hoy debe su nombre al político radical, Doctor Francisco Beiró.

Nacido en Rosario del Tala, provincia de Entre Ríos en 1876, Francisco Beiró ingreso en la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Derecho, donde se doctoró en el año 1901.

Fue Comisionado Municipal y Presidente de la Comisión Municipal de Vecinos, Intendente Interino de la Capital, Diputado Nacional en el período 1918 a 1922 y durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen en 1922 fue designado Ministro del Interior.

Era un hombre sencillo que habitaba en la calle José Luís Cantilo esquina Marcos Paz en Villa Devoto. El edificio principal de su vivienda se conserva y allí residen sus descendientes, el resto de la quinta fue loteado; las caballerizas y cocheras fueron demolidas en 1960 y hoy ese espacio es ocupado por el pulmón de manzana de un edificio.

Participó en la creación del Club Estudiantes de Buenos Aires que en esa época se llamaba Sportivo Devoto; solía dirigirse al Tiro al Segno que estaba en la calle Marcos Paz y vías del ferrocarril para practicar tiro.

Se debe a Francisco Beiró la popularización de las boinas blancas como distintivo del partido radical debido a que en oportunidad de un acto público sugirió a sus vecinos radicales concurrir con ese distintivo para ser fácilmente reconocidos.

Impulsor del progreso del barrio Villa Devoto haciendo empedrar calles, colocando alumbrado público dio también un fuerte impulso al barrio Villa Real.

En las elecciones presidenciales de 1928, la fórmula radical, formada por Hipólito Yrigoyen (con 76 años) y Francisco Beiró, triunfa de manera abrumadora sobre el binomio conservador Melo-Gallo: casi 800.000 votos contra 400.000. Los radicales califican a esta elección de “plebiscito”.

Meses más tarde, muere Francisco Beiró y el Colegio Electoral designa en su reemplazo al gobernador de Córdoba, Enrique Martínez. Yrigoyen asumió el poder el 12 de octubre de 1928, en medio del delirio popular, uno de sus primeros actos de gobierno es recibir al presidente electo de Estados Unidos, Herbert Hoover, y designar intendente de Buenos Aires a José Luis Cantilo.

El Doctor Hipólito Irigoyen concurrió con asiduidad a su domicilio durante el período de su enfermedad.

El Doctor Francisco Beiró se distinguió por su honradez, al momento de su deceso era aún muy joven, 51 años, su único bien era su casa de Villa Devoto, sobre la que pesaban dos hipotecas.

La casa aún se conserva en la esquina de las calles Marcos Paz y José L. Cantilo. Allí concurrían algunos políticos importantes de las década del 20. Rodeada de una añosa arboleda y cercada de ligustrina, la casona albergaba una importante biblioteca.

Originariamente ocupaba un cuarto de manzana, hasta que los herederos de Beiró la fraccionaron en varios lotes, quedando reducida a la casa principal, hoy bastante deteriorada.

Susana Costa para la Junta de Estudios Históricos de Villa Devoto

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Sánchez Picado, un rincón en Villa Devoto al servicio de los jóvenes

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Sánchez Picado

Mauricio Macri inauguró en persona la Casa del Futuro en Villa Devoto, pero queremos contarte que fue este edificio antes de convertirse en la Casa del Futuro.

La Casa Nacional del Futuro abrió en el barrio de Villa Devoto, y ocupa el tradicional predio, en la esquina de Av. Beiró y Chivilcoy, donde hace muchos años fue la casa del Dr. Sánchez Picado.

El 6 de enero de 1938 a las 15.30 h en dicha casa, se realizaba el acto de inauguración del “Instituto para menores retardados”. Asistieron al acto el presidente de la República Agustín P. Justo, el Cardenal Santiago Luis Copello, el Ministro de Justicia e Instrucción Pública José de la Torre, el subsecretario de Culto y Beneficencia, el presidente de la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales, Dr. Nicolás Lozano y diversos funcionarios y vecinos.

Sánchez Picado

Foto: Tony Vaca. Sánchez Picado, Villa Devoto, año 1992/93.

La donación de dicho instituto respondía a un acto filantrópico de la Sra. Cornelia de la Serna de Sánchez Picado y de su hija Maria N. Sánchez Picado de Amaya, quienes a través de esta obra querían perpetuar la memoria de su difunto marido y padre.

Con el correr de los años el instituto tuvo diversos destinos, en los noventa dependía del Consejo Nacional del menor y la Familia y alojaba a niños con múltiples exclusiones, pobreza, abandono y discapacidad.

En 1997 se inauguró como “Hogar de Convivencia Terapéutica Sánchez Picado” que asistía a jóvenes varones que pro­venían de institutos de menores con régimen de salidas transitorias.

Sánchez Picado

Foto: Tony Vaca. Sánchez Picado, Villa Devoto, año 1992/93.

Entrados los años 2.000 cerró sus puertas para quedar abandonado y en franco deterioro.

En 2013 el edificio ya pertenecía al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, cuando los vecinos de Villa Devoto hicieron lo imposible para detener la desmantelación del edificio que había comenzado. “Lamentablemente apenas observamos que los trabajos los estaba realizando mano de obra no calificada, que no había un cartel del proyecto visible y se estaba destruyendo patrimonio arquitectónico sin el menor cuidado, decidimos intervenir”, comentó al diario Devoto Magazine el arquitecto Roberto Larreguy.

“Finalmente, resultó evidente que esta era una demolición para destruir y no con el objetivo de refaccionar o preservar”, manifiesta Larreguy, quien continúa: “Por eso nos pareció oportuno trabajarlo desde la asociación y realizar las gestiones posibles para evitar que se continuara con la intervención en esas condiciones”.

Nora Simón, presidente de Devoto Jardín de Buenos Aires, asegura que “si esto era una puesta en valor, la forma de encarar la intervención era,por lo menos, dudosa”.

Sánchez Picado

Foto: Tony Vaca. Sánchez Picado, Villa Devoto, año 1992/93.

Finalmente a principios de 2016, con el nuevo gobierno, el Sánchez Picado parece encontrar un nuevo destino, siempre al servicio del bienestar de los jóvenes y de los más necesitados que encuentran en este rincón de Villa Devoto un lugar de contención.

La casa del Futuro de Villa Devoto

Cuenta con capacidad para 800 jóvenes, destinado a diferentes actividades que funciona exclusivamente durante el día. Este nuevo espacio, abarca tres sectores de su principal problemática: empleo, habilidades socio emocionales y expresión cultural integral, para lo que contarán con un equipo de docentes y psicólogos.

Todo el programa está diseñado en el aprendizaje de herramientas para el empleo joven, por medio de talleres y capacitaciones de oficios tradicionales y digitales relacionados con el entorno socio productivo, con el objetivo de integrarse al circuito formal de trabajo, a través de una salida laboral efectiva.

El programa Soy Joven, que depende del Ministerio de Desarrollo Social, sostiene entre sus fundamentos que las Casas del Futuro son “lugares donde conversar, compartir, aprender y debatir sobre cuestiones que nos interesan a todos”.

Dr. Sánchez Picado

Sánchez Picado fue un reconocido médico, ejerció como cirujano en la Armada Nacional hasta el año 1905, en que se retira con el grado de capitán de navío.

Fue uno de los fundadores y de los primeros profesionales del Hospital Alvear. Además el fundador y primer Director del Hospital Vicente López y Planes de la localidad bonaerense de General Rodríguez, ejerciendo el cargo desde su inauguración el 3 de Mayo de 1916 hasta su deceso, el 12 de noviembre de 1932 a los 68 años de edad.

Biografía completa del Doctor José Sánchez Picado a cargo de la Junta de Estudios Históricos de Villa Devoto.

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