Historia
¿Por qué nos llamamos Villa del Parque? El secreto oculto en el último gigante de Melincué

Existió un gran monte de eucaliptos sobre lo que es la facultad de Agronomía y Veterinaria que se extendía hacia lo que hoy es Villa del Parque, se reproducían sobre las quintas y los sembradíos de alfalfa en forma natural, pero cuando la municipalidad de la ciudad dio comienzo a las obras de urbanización, las quintas fueron desapareciendo y los propietarios se vieron obligados a lotear y vender esas extensiones de tierra.
El monte desapareció poco a poco, pero la parte del monte que se extendía a los costados de las vías del ferrocarril quedaron naturalmente. Justamente el origen del nombre de Villa del Parque, hace mención al parque de eucaliptos que se extendía sobre la incipiente villa (La villa que se construía sobre el parque de eucaliptos).

Así se podía detectar aun ya entrado el siglo 20, la cantidad de esos árboles que era costumbre verlos sobre el costado de las vías del ferrocarril y avanzando sobre la calera y terrenos baldíos que rodeaban la estación. Hasta existió uno muy grande en la esquina de Nazarre y Cuenca, que sobrevivió hasta principios de los años setenta sobre el frente de la florería «La no me olvides», que durante años fue la encargada de proveer a los románticos señores de entonces, el material necesario que servía de ablande de los corazones femeninos: las flores. Destinadas a simpatías o novias (las suegras siempre fueron difíciles de ablandar).
Volvamos a lo que nos interesa: el eucalipto, esa inmensidad de eucaliptos que nos daba sombra y proveìa de hojitas y frutitos que nuestros padres, maestros, abuelos, etc, solìan poner con agua en un jarrito enlozado que colocaban en las estufas a Kerosene emanando de ellas un vapor, que a decir de los mayores nombrados anteriormente, eran de carácter curativo… ¡y que seguramente lo eran!

También los eucaliptos eran útiles para contener grandes cantidades de agua en las tormentas, servían de arcos en los partidos jugados al costado de la vía, sobre Melincué, era lindo oler en la primavera el aire perfumado de ellos, pero el tiempo trajo el progreso y los fueron quitando de a poco, fueron desapareciendo dando paso al progreso… ¿al progreso? mejor digo: dando paso al cemento, poco a poco esos árboles que nos daban oxígeno, contenían el agua, nos daban sombra, alegraban con su presencia y perfumaban el aire, fueron desapareciendo.
Fueron borrando el origen del nombre de nuestro barrio, hoy sólo queda uno del enorme parque y ese uno está contemplando en soledad, como extrañando a sus hermanos que tanto nos dieron y que nosotros malpagando, a golpe de hacha derribamos.
Ese eucalipto testigo está en la calle Melincué frente a las vías mano a José C.Paz y casi esquina Argerich, sobre el final de un complejo de departamentos, debemos salvarlo, porque es un sìmbolo de vida, y porque preservandolo, preservamos nuestra identidad y nuestra historia. Las generaciones futuras tendrán el responsable placer de custodiar el último pedacito de historia viva que dió origen a nuestro nombre.
Juan Miguel Peyrelongue, tangojuan2002@hotmail.com

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