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Ciudad

Villa del Parque: Barrio semidesierto

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Los vecinos que se quedaron en el barrio admiten que se desplazan más rápido y con más comodidad. También en los bares en el shopping y en la calle cuenca volvió la serenidad que se perdió en el último mes con las fiestas. El barrio sintió la llegada de las vacaciones, si bien la primera quincena de Enero se fue mucha gente de la Ciudad esta segúnda quincena se ve un éxodo mucho mayor con lo que el barrio quedo semidesierto.

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Este éxodo tiene sus pros y sus contras. Con un 30% menos de autos en la Ciudad esta falta se nota en las principales arterias del barrio. Transitar en auto desde Cuenca y Beiro hasta Cuenca y la plaza, con onda verde, se hace en menos de dos minutos, este tiempo es impensado en cualquier mes del año donde los atascamientos por los semáforos y la barrera son moneda corriente.

En la heladería artesanal Cadore reina la calma. Nada que ver con los últimos días de diciembre donde era un “loquero”. Además que se fue mucha gente afuera esto se debe también al calor, la gente prefiere pedir a domicilio.

En la zona de Bares de San Martín y Beiro es donde mas claramente se nota el éxodo. El viernes parecía un lunes. En los bares donde cualquier viernes o sábado del año podes tener colas interminables para ingresar no había ni una sola persona en la cola. Este mismo panorama se repitió en el resto de los bares.

En los restoranes ahora es más fácil conseguir mesas libres, durante los últimos días de diciembre, copados por despedidas de todo tipo. Pero por estos días volvió a la normalidad, con parejitas y mesas de cuatro personas.

Sí, claro, la Ciudad es un horno, y encima, los que no salimos de vacaciones miramos desde el trabajo, por el diario o la tele, cómo otros se la pasan bomba en la playa o en la sierras o en cualquier lado que no sea este infierno. Pero, al mismo tiempo, es indudablemente cierto que, si uno deja de lado la envidia y se las rebusca con el fresco, Buenos Aires es mucho más amable con menos gente y mayor disponibilidad para lo que se les ocurra, aunque más no sea estacionar el auto sin tener que dar cuatro vueltas a la manzana. Las vacaciones contagian el alma, y después del frenesí de las fiestas, cierta paz pueblerina tiñe la Ciudad.

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