Villa Devoto
La casa de Maradona de la calle Cantilo se abrió para los vecinos y fue una fiesta

En José Luis Cantilo 4575, pleno barrio porteño de Villa Devoto, entre otras casas grandes, en un área residencial sin edificios, en una calle empedrada, crece un chalet más. No tiene rejas, tiene vegetación abundante en el frente y una fachada de ladrillos y tejas. Ya no vive nadie ahí. Lo que sobrevive es el recuerdo de su dueño más célebre: Diego Armando Maradona.
Lo había comprado el astro argentino en la década del ochenta, en su despegue profesional. De Lascano 2257 en el barrio de Villa del Parque, donde hoy se erige el museo La Casa de D10S, Maradona se mudó a Devoto luego de que Boca le comprara el pase a Argentinos Juniors en 1981. La casona era un obsequio para doña Tota y Don Diego, los padres del Diez. Compartieron la residencia, al menos, junto a Claudia y algunas de sus hermanas, antes de adquirir el tercer piso de la mítica esquina de Segurola y La Habana. Pero Cantilo encierra su aura propia: allí, en un balcón que no es balcón, se asomó para saludar a los vecinos que se acercaron a vitorearlo después de la épica en el Mundial ‘86. El caudal emocional que nutre el Maradona mito tiene también su pata en esta casa: allí Maradona y su familia fueron felices. Allí, los nuevos dueños de la vivienda quieren honrar esa memoria.
Fue así que para el partido frente al conjunto polaco prepararon un gigantesco asado que incluyó ochenta kilos de todo tipo de cortes: carne de vaca, de cerdo, chorizo, morcilla, molleja, entre otras delicias. También diferentes bebidas fueron parte del menú. Además, pusieron sillas y una gran pantalla de TV para, obvio ver el encuentro.
La casa latió al ritmo del fútbol, de la música y de los cánticos alusivos a Maradona que corearon todos los presentes, hubo piletazo de algunos, llanto de otros, situaciones impensadas hace unos meses atrás cuando algunos constructores planeaban tirarla abajo para construir allí un edificio.
Algunos medios reflejaron lo que se vivió adentro de la propiedad donde una multitud copó el histórico chalet de Villa Devoto. Gente que pasaba por la puerta y que, incrédula, preguntaba si se podía entrar. Ante la respuesta positiva el lugar se comenzó a llenar. Ya con el final del partido había personas por todas partes: en las habitaciones, otros en la cocina, sentada en los sillones, en las escaleras. Escenas irreales.
Los nuevos dueños
Desde su adquisición, los propietarios de la finca han optado por no revelar su identidad por motivos personales. Pero sí han dejado en claro que la decisión de comprar la casa ha sido meramente «con el fin de que toda persona que quiera conocer este templo pueda hacerlo». Los nuevos dueños son fanáticos del exdelantero albiceleste y buscan hacer una especie de «hotel temático» en su memoria.
La compra de la propiedad se realizó en el pasado mes de noviembre, en un valor cercano a los U$S900.000. Tras el fallecimiento de Diego, muchas de sus pertenencias se habían puesto a la venta en una subasta en diciembre 2021, y esta en cuestión estuvo entre las mismas, pero no logró venderse. Unos meses después, se acordó la transferencia gracias a la inversión de estos aficionados del «10».
No queda mucha referencia viva del legado del astro. La casa, de hecho, sufrió un incendio en junio de 2014 con foco en la planta baja. Se perdieron piezas valiosas. Había varias reliquias que representaban distintos hitos en la trayectoria del astro. Uno: el Balón de Oro honorífico que France Football le había entregado en 1995, a modo de reconocimiento, dado que en los mejores momentos de Maradona solo estaban habilitados a recibir el premio los futbolistas europeos.
En Cantilo, Diego le brindó una de sus últimas entrevistas a la prestigiosa revista francesa, días antes de cumplir sesenta años. Cuando su círculo íntimo le planteó la posibilidad de aceptar la nota, el entonces director técnico de Gimnasia La Plata puso como único requisito recuperar su Balón de Oro. Al menos, una réplica del perdido entre las cenizas. France Football nunca había aceptado entregar un clon de su galardón, que pesa más de siete kilogramos, tiene un costo de confección de alrededor de tres mil euros, está bañado en oro, se posa sobre un pedestal de pirita y en él trabajan seis orfebres de un taller francés. Ni siquiera los más ganadores (Lionel Messi, con seis, y Cristiano Ronaldo, con cinco) recibieron un gesto como el solicitado por el campeón del mundo. Pero Diego había conseguido tamaña concesión. El destino quiso que la muerte se anticipara a su reencuentro con el premio.
En Cantilo también Maradona cenó con la familia de Mario Alberto Kempes. En Cantilo también fue uno de los primeros encuentros entre padre e hijo: el comienzo del vínculo reparado con Diego Junior. La casa que guarda secretos de la familia y conserva el espíritu vivo del astro fallecido el 25 de noviembre de 2020.

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