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Villa Devoto

Preocupación de vecinos por el deterioro de la casa que perteneció a Francisco Beiró

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La casona donde vivió el histórico dirigente radical Francisco Beiró, en el barrio de Villa Devoto, está a punto de perder la protección patrimonial que la mantiene en pie y podría ser demolida para dar paso a una moderna construcción.

El estado de abandono de la casa, que data de inicios del siglo XX, puso en alerta a los vecinos del barrio, que piden la expropiación del predio a sus dueños, una empresa inmobiliaria, para que allí se instale un museo.

La casa tiene vitrales de colores hermosos, paredes tapizadas con dibujos y líneas bellísimas. Las puertas, ventanas y los pisos son de buena madera y la herrería forjada resulta imponente Se nota que se trataba de una vivienda que era muy importante, construida con los mejores materiales. Sin embargo, con el paso del tiempo y como consecuencia del abandono se encuentra destruida y muy vandalizada.

La propiedad, situada en José Luis Cantilo 4500 y su cruce con Marcos Paz, perteneció al político radical Francisco Beiró, quien nació el 19 de septiembre de 1876 en Rosario del Tala (Entre Ríos). Se recibió de abogado, fue presidente de la Convención Nacional y del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical (UCR) y Diputado nacional por ese partido entre 1918 y 1922. Además, fue ministro del interior durante los últimos meses del primer gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916 a 1922), a quien acompañó en la forma presidencial para su segunda candidatura presidencial, aunque falleció poco antes de asumir el cargo de vicepresidente.

Sin embargo, más allá de todos sus cargos en la política nacional Beiró es muy bien recordado por haber sido el gran impulsor del progreso del barrio Villa Devoto. Entre otras cosas, logró que se empedraran algunas calles, colocando el alumbrado público. No en vano dio el nombre a la reconocida avenida que atraviesa nuestra comuna.

Beiró habitó la vivienda (a la que concurrían algunos políticos importantes de la década del 20) hasta su fallecimiento y, posteriormente, sirvió como residencia de sus familiares hasta hace poco más de una década, en 2009, cuando dos de sus nietas, muy jóvenes, vendieron la casona a una firma de bienes raíces muy conocida en la zona que proyectó, por entonces, la idea de deshacerse de la vieja estructura y levantar una nueva construcción en un barrio con alto valor inmobiliario.

Pero la apuesta quedó trunca y, desde aquellos años, la casa está abandonada y en ruinas por la falta de mantenimiento de las instalaciones, situación que se agrava con cada lluvia que cae sobre Buenos Aires debido a que las hojas de los árboles que rodean la edificación obstruyen los desagües de las canaletas del techo, lo que genera una importante acumulación de agua que ejerce presión sobre el resto de la estructura.

El deterioro puede verse tanto en el interior como en el exterior de la casa: las rejas de ingreso que exhiben las letras iniciales FB tienen muestras de óxido; los vidrios de la puerta están destrozados; las paredes y techos de adentro al borde del colapso; la carpintería, los mármoles y granitos de los revestimientos originales se perdieron y los vitraux lucen incompletos.

Frente a este triste panorama, vecinos y vecinas de Villa Devoto impulsaron un proyecto años atrás para que el predio sea expropiado a sus actuales propietarios y convertir a la vieja casona en un museo y un espacio cultural y social abierto al barrio.

La intención era evitar la pérdida de una joya arquitectónica que construyó el propio Beiró a inicios del siglo 20 y que, por entonces, ocupaba un cuarto de manzana con un sector de caballerizas y otro para la cría de gallinas.

La iniciativa está estancada en la Legislatura, donde debe tener el acompañamiento de más de 40 de los 60 diputados que conforman el recinto, por lo cual el grupo vecinal está preocupado ante la posibilidad que caiga la vigencia de una ley que contempla la protección patrimonial que el inmueble tiene por su valor histórico, lo que impide la demolición de la estructura.

La petición para salvar a la antigua vivienda también llegó a las redes sociales, donde los titulares de las cuentas “buenosairesperdida” y “casa.beiro” denunciaron el abandono y plantearon la posibilidad que sea un acto adrede “para que se deteriore y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires autorice su demolición”.

“Hay un abandono total y es un lugar emblemático” dijieron, desde la cuenta “buenosairesperdida”, que publicó una serie de imágenes que retratan el estado derruido del inmueble; mientras que desde casa.beiró, su usuario calificó la situación actual de “mala porque se está perdiendo el patrimonio”, por lo que abogó para que “haya una voluntad política para recuperarla”.

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Ciudad

Un hombre abandonó a su perro en medio de una disputa de pareja en un pet shop de Villa Devoto

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Un perro caniche llamado “Rulo” quedó en medio de una historia de ruptura y venganza. El dueño del animal lo llevó a un pet shop de Villa Devoto ubicada en Lope de Vega y Baigorria para que le cortaran el pelo, dejó datos falsos (celular, Instagram y algunas características del can) a los empleados del local y no volvió a buscarlo.

Si bien en un principio la situación parecía normal, la desesperación de las mujeres comenzó al correr las horas.

“El cachorro ya estaba listo y él no llegaba. No sabíamos si le había pasado algo, la verdad no teníamos idea. Pasó mucho más tiempo y no teníamos respuestas. Comenzamos a preocuparnos aún más”, relató Vanina empleada del comercio.

Y ahí pusieron en marcha la búsqueda, primero, intentaron llamarlo, ya que tenían todos sus datos. Sin embargo, descubrieron que la información que entregó era incorrecta: dejó un número equivocado y un nombre falso.

Es por eso que comenzaron a difundir fotos del perro en las redes sociales y pegaron carteles en la puerta de la veterinaria.

Al parecer “Rulo” quedó en medio de una discusión de pareja. La dueña del local piensa que la persona que lo abandonó no quería entregarle la mascota a su expareja, como si fuera una “división de bienes”. “Ellos se habían separado hace poco y él no le quería dar el perro y se ve que dijo ‘acá va a tener comida y va a estar limpio’ y lo dejó”, explicó la empleada del centro canino sobre el posible pensamiento del hombre que abandonó al perro.

Afortunadamente, un día después, Vanina recibió el mensaje de una chica que vio la publicación en las redes sociales. A los pocos minutos, se presentó al negocio para rescatarlo. Junto a unas postales y diversas pertenencias del perro, les explicó que era de ella y reveló que fue su ex conyugué el que lo abandonó.

Por otro lado, afirmó que la chica pagó todos los gastos del perro y explicó que cuando el rulo vio a la chica, se animó y reaccionó de una manera positiva porque la reconoció inmediatamente. Así fue como las empleadas se dieron cuenta de que realmente era la dueña de Rulo y se lo entregaron.

Con mayor tranquilidad, Vanina manifestó que es la primera vez que les pasa una situación de esta índole. No obstante, aclaró que en las veterinarias suele pasar seguido. “Se sigue viendo. Hay clientas rescatistas y les llegan perros, gatos y otros animales todo el tiempo. Ya es moneda corriente”, cerró.

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Comuna 11

Otra joya de Villa Devoto: El Seminario de la Inmaculada Concepción

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El barrio porteño de Villa Devoto tiene una joya oculta a la que pocos han ingresado. Se trata del Seminario Metropolitano de la Inmaculada Concepción que ocupa cuatro manzanas del coqueto enclave ubicado sobre la calle José Cubas 3599, en la intersección con Emilio Lamarca. 

Un poco de historia

El 12 de julio de 1897, la empresa constructora Ceci, Michelucci y Cia. hace la presentación del presupuesto, comprometiéndose a ejecutar la obra, según plano y pliego de condiciones del ingeniero Coni, siendo aceptado el 24 de junio, por la Comisión del Seminario.

Con una ceremonia realizada el 27 de mayo de 1897, fueron colocadas las piedras fundamentales del Seminario y de su Iglesia, siendo padrinos en este acto, en representación del Presidente de la República José E. Uriburu, el Ministro de Culto, doctor Antonio Bermejo y la señora Mercedes Castellanos de Anchorena, que en esa misma ocasión efectúa la donación de la Iglesia, en memoria de su hijo Nicolás María Anchorena, fallecido en Argel el 2 de noviembre de 1889.

También, en esta oportunidad, fue invitado especialmente el señor Dermidio Latorre, quien fuera el presidente de la Sociedad de Fomento.

La bendición de las piedras fundamentales, fue llevada a cabo por Monseñor Uladislao Castellano.

Estando ya casi concluidas las obras del Seminario en el verano de 1898, las autoridades del antiguo Seminario, resuelven traer a los alumnos a pasar sus vacaciones.

El traslado definitivo a la nueva casa de estudios, se verificó el año 1899, quedando en el Regina Martyrum , sólo los alumnos recién admitidos, hasta que en junio del mismo año, pasaron todo los estudiantes y profesores al edificio de Villa Devoto, conformándose así un total de 160 alumnos.

En el mes de agosto, finalizó la construcción de la Iglesia, dedicada a la advocación de la Inmaculada Concepción, celebrándose su consagración el día 6 de diciembre de 1899, en un acto religioso encabezado por Monseñor Uladislao Castellano, actuando como padrinos del nuevo Templo, su benefactora Mercedes Castellanos de Anchorena y su hijo Enrique Justino. En homenaje al accionar de la señora, quien hizo construir, decoró y proveyó al templo de todos los elementos de mantelería y demás objetos exclusivamente a sus costas, es que recibe el obsequio de un acto literario-musical, interpretado por el alumnado del Seminario.

También cabe destacar la generosidad y constante colaboración del señor John O. Hall, quien era ferviente devoto de la Inmaculada Concepción, dedicándose a diario a engalanar los altares con flores de sus jardines, realzando las decoraciones especialmente en las festividades de Navidad y Pascuas.

Otra personalidad para evocar, por su infatigable labor pastoral durante tres décadas, dedicado a los niños, feligreses y en alguna oportunidad como docente del Seminario, es Agustín Nores, cura párroco de esta Iglesia, quien se convirtió en un residente muy querido en Villa Devoto.

Su belleza

Su frente presenta una única Torre campanario, destacándose una escultura de la Inmaculada Concepción  en el centro de  la torre.

Su interior tiene una nave central y  dos laterales con techo abovedado.

También cuenta con baldosas de la mejor calidad para su época.

Posee un salón de fiestas con una platea y un escenario con telones que envidiaría más de un empresario teatral, la sala deslumbra con sus arañas y mobiliario original. El techo es toda una curiosidad ya que fue realizado bajo la técnica denominada “artesonado”, consistente en chapas pintadas que dan una sensación de refinamiento, aunque no se trate de materiales costosos. 

En una especie de pullman, aún se conservan los proyectores de cine originales que se utilizaron a comienzos del siglo pasado. Durante algún tiempo, el salón de actos fue utilizado como sala pública y hasta antes de la pandemia del Covid, los colegios de la zona organizaban allí sus actos escolares

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Cuenta con una biblioteca con incunables originales. Se trata de un enorme salón atiborrado de libros, la mayoría de temática religiosa e histórica, cuyo silencio promueve a la lectura concentrada de los estudiantes. Un sector no apto para la visita pública contiene ejemplares antiquísimos resguardados a luz, humedad y temperatura ambiente adecuada para su conservación.

Otra curiosidad que hay en su interior es un carruaje que, a pesar de presentar la madera comida por las termitas, su estructura está intacta. Es una calesa que tenía una capota, lugar para 2 pasajeros y 1 cochero que dirigía a dos caballos. El vehículo luce sobredimensionado en esos espacios de techos alcanzables bajo el nivel de la calle. Los interminables pasillos de los sótanos le otorgan un aura misterioso al lugar. Y si bien llega el sonido de algunos pájaros, prima el crujir de cañerías y el paso con eco de los caminantes.

El Seminario de Villa Devoto fue el primer edificio construido especialmente para cumplir con su finalidad educativa. Desde la época del Virreinato, diversos espacios habían sido adaptados para albergar a los docentes y futuros sacerdotes, pero fue el Inmaculada Concepción, la primera casa de estudios con edificio oficial.

Aquí estudió dos años Jorge Bergoglio, sin imaginar que décadas después se convertiría en el Papa Francisco, el joven estudiante que recibió el llamado vocacional cursó la primera parte de sus estudios, antes de viajar a Chile para concluir su formación junto a los Jesuitas. Hoy, el Cardenal Mario Aurelio Poli, Arzobispo de Buenos Aires Primado de la Argentina, cuenta con una austera habitación que utiliza para pequeños retiros, momentos de lectura, meditación y oración.

En el templo se venera  la Virgen de la Dulce Espera, esta advocación de la Virgen María embarazada, considerada por la Iglesia Católica como la patrona de las madres que esperan un hijo, esta devoción comenzó a partir del 15 de Mayo de 1980, cuando fue entronizada por primera vez en el país.

La misma fue donada por un matrimonio argentino, traída desde España, cumpliendo con una promesa, realizada ante la Virgen, cuando estaba ubicada en la cripta de la Catedral de Santiago de Compostela; así fue que, previa aprobación eclesiástica, la estatua de piedra, fue autorizada a tener su sitio en la Iglesia de la Inmaculada Concepción. Como consecuencia de ello, todos los días 15 de cada mes se realizan misas, incluyendo la ceremonia de bendición de escarpines y la procesión de madres que se acercan para agradecer sus partos.

También se acercan  a la Virgen, aquellas parejas que desean el don de un hijo, o que están buscando adoptar o aquellas madres cuyo embarazo está presentando alguna dificultad.

Qué es un seminario

El Seminario es un tiempo y un espacio dedicado a la formación de los futuros sacerdotes, que con la ayuda de la Iglesia en la persona de los formadores, los candidatos al ministerio sacerdotal disciernen su vocación y responden al llamado de Dios, configurándose a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote y Buen Pastor.

Del mismo modo que Jesús llamó a los doce apóstoles, también hoy sigue llamando y eligiendo a su servicio a quienes Él así lo ha querido para que le sirvan como ministros suyos en el pastoreo del redil el cual es la Iglesia. Durante el tiempo de seminario, cada uno asume el llamado de Dios, para estar con Él, por tal motivo, la vida del Seminario conduce al encuentro personal con Jesús, de modo que se le conozca y crezca en amistad con él, así conociéndole podrá configurarse plenamente a Cristo.

Dicho conocimiento de Jesús es una experiencia personal que se da por medio de la Oración, la participación  activa en los sacramentos, de modo especial en la eucaristía, la lectura orante de la Palabra de Dios, el estudio, el encuentro con el director espiritual, el diálogo con los formadores, y demás miembros de la comunidad.

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Villa Devoto

La cárcel de Villa Devoto y su historia con la mafia Siciliana

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Carcel de Devoto

La primicia llegó al diario Sur por vía telefónica durante la calurosa tarde del 6 de marzo de 1990.

– Enganchamos a un sicario de la mafia italiana. ¿Te interesa?

La llamada provenía de la delegación local de Interpol. Otras similares habían sido hechas a las redacciones de Crónica y Clarín. Media hora después, un tipo trajeado con un brilloso diseño de Versace recibió a los periodistas en las oficinas de esa dependencia en el microcentro. Y lucía exultante; además de esforzarse por resultar entrador. De hecho, con una pícara sonrisa, se identificó solamente con el diminutivo de su probable apellido: “Gonzalito”. Costaba creer que aquel hombre fuera un subcomisario de la Policía Federal.

Su siguiente paso fue guiar a los visitantes hacia la Sala de Situación. Allí había otros individuos trajeados que también lucían exultantes. Todos ellos revoloteaban en torno a un sujeto alto y prematuramente canoso, que permanecía apoltronado en un sillón. Pese a la dureza de su gesto, parecía sentirse a sus anchas; dialogaba afablemente con los policías y tomaba café con cierta displicencia. Luego del último sorbo, prendió un cigarrillo que le acababan de ofrecer. Costaba creer que ese hombre fuera el detenido.

En parte, porque la manga de su campera ocultaba las esposas que unían su muñeca izquierda al apoyabrazos del asiento. No menos desconcertante era el brillo alegre de sus ojos al advertir la presencia de Gonzalito. Éste, siempre con su sonrisa,  fue diligentemente hacia él para palmearle el hombro, y decir:

– ¿Todo bien, Don Vito?

Tal era el apodo de Valeriano Forzatti, quien, además, arrastraba otro simpático mote: “Il capo di’l sparatori” (“El rey del gatillo”).

En aquella oportunidad, uno de los cronistas alcanzó a preguntarle:

–¿Por qué motivo la justicia italiana pide su extradición?

Su respuesta fue:

– Porque le arrebaté la cartera a una anciana.

Pronunció esa frase en un perfecto castellano. Y la remató con un guiño cómplice. Sus captores le festejaron el chiste con una estruendosa carcajada. Y él, dándose por satisfecho, volvió a concentrarse en el cigarrillo.

El perdonavidas

Este siciliano de 38 años era considerado como uno de los killers más eficaces y prolíficos de la Cosa Nostra. Al respecto, en Italia se le atribuía un centenar de “contratos” cumplidos en tiempo y forma. Entre estos resalta el que pasó a la historia como “La masacre de Laguna Blue”.  Así se llamaba un pequeño cabaret ubicado en las afueras del pueblo de Mesola, en el noreste de Italia, equidistante entre Bolonia y Venecia.

Durante la madrugada del 2 de febrero de 1989, Don Vito irrumpió allí empuñando una pistola Glock para avanzar con pasos firmes hacia una mesa situada en el fondo del local. Entonces estalló el infierno.

El primer tiro hizo blanco entre las cejas de un hombre; era el propietario del lugar, un mafioso de poca monta que se había quedado con un vuelto. El segundo tiro malogró a su hijo; un reguero de sangre y parte de su masa encefálica fueron a dar sobre la cara de una mujer que parecía ser su novia. Ella empezó a chillar. Pero un tercer disparo la calló para siempre.

En ese instante, alguien en la barra atinó llevarse una mano a la cintura. Resultó un gesto infructuoso: Forzatti, que había percibido ese movimiento como si tuviera ojos en la nuca, giró sobre sí mismo para gatillar otra vez. Y, por las dudas, también acribilló al tipo que estaba detrás de la caja registradora. Ambos cayeron al unísono. Luego se impuso un espeso silencio. Hasta que el sicario, por despedida, le dedicó a la aterrada concurrencia las siguientes palabras:

–Ustedes no han visto nada, ¿estamos? Y jamás olviden de que hoy les he perdonado la vida.

Por ese hecho, un juez peninsular había librado en su contra una orden de captura internacional. Pero todo indica que el pistolero permaneció en Italia hasta el año siguiente, protegido por sus empleadores y por su gran habilidad para sobrellevar una existencia clandestina. Aunque sin permanecer inactivo, dada la sangrienta guerra entre clanes mafiosos que por entonces sacudía a su ya de por sí turbulenta tierra natal.

De manera que su intempestivo arribo a Buenos Aires sólo podía interpretarse como un viaje de trabajo. Sin embargo, aún se ignoraba la identidad de su posible víctima.

Forzatti fue arrestado en el Hotel Esmeralda, un discreto alojamiento de tres estrellas a metros del Obelisco, tal como consignaba un breve comunicado de Interpol. En cambio, se mantuvo en absoluto secreto la compleja trama que guió a los policías hacia su persona.

El pistolero fue profusamente fotografiado durante la mañana siguiente, en ocasión de ser llevado al despacho del juez Héctor Grieben. Esas imágenes recorrieron el mundo. Luego, su figura cayó en el olvido. No obstante, lo que pareció ser el epílogo de una saga criminal se convertiría en el disparador de una tragedia signada por la paranoia, el error y la muerte.

El asustado

El abogado Pedro Bianchi algo sabía de esta historia.

A los 75 años, aquel veterano penalista estaba más allá del bien y del mal. Tanto es así que conservaba algunas costumbres juveniles, como portar una vieja pistola Ballester Molina, a la que decía querer más que a sus propios hijos. También mantenía una inquietante cartera de clientes, entre los que se destacaban hampones de fuste, algunos represores y hasta un criminal de guerra nazi.

En ese marco, no resultó extraño que haya asumido la defensa de Gaetano Fidanzati, un alto dignatario de la Cosa Nostra capturado en Buenos Aires el 22 de febrero de 1990.

Había llegado a la Argentina en diciembre de 1987, esquivando así una condena a prisión perpetua dictada poco antes por un tribunal romano. Pero también había dejado en Europa algunas cuentas pendientes y una larga lista de enemigos. Sin embargo, a través de una eficiente red de emisarios, pudo manejar sin inconvenientes los hilos de sus negocios en el sur de Italia, que giraban en torno al contrabando de diamantes y al tráfico de heroína. Lo cierto es que su estadía porteña fue apacible. Hasta que uno de sus hombres detectó en Buenos Aires la llegada de Don Vito.

Al respecto, Bianchi diría unos años después:

–El pobre Fidanzati entonces entró en pánico.

En resumidas cuentas, éste no tardó en masticar la certeza de que en el equipaje del killer había una foto con su rostro y una bala reservada para él. A partir de ese momento, abrazó la estrategia de la desesperación. Es decir, para salvar el pellejo negoció su entrega con la Policía Federal, revelando asimismo la presencia en el país del temido pistolero. De modo que entre su arresto y el de Don Vito hubo apenas 12 días.

Fidanzati pensaba que su paso por la cárcel sería pasajero. Al menos eso fue lo que le había dicho el viejo Bianchi, que lo asesoró desde el principio en su peligrosa jugada. El astuto abogado le juró que de esa manera podría evitar su extradición a Italia, blanqueando así su residencia en Argentina. Y todo por la módica suma de 200 mil dólares, que el mafioso le pagó al contado.

Fidanzati fue extraditado a Italia en diciembre de 1992.

Bianchi explicaría ese revés judicial con sólo cuatro palabras:

–No sé. Algo falló.

El jefe mafioso terminó alojado en una penitenciaría de Roma. Y grande fue su sorpresa al enterarse de que Don Vito en realidad no había cruzado el Atlántico para matarlo a él sino a Francesco Marianello, otro mafioso siciliano que a su vez vivía exiliado en Miramar. La naturaleza tragicómica de tal error provocaría su descrédito en el severo mundo del crimen organizado.

Forzatti, por su parte, languidecía en la cárcel de Devoto. Allí tuvo lugar el dramático epílogo de esta trama.

El despenado

La situación del killer en el penal de la calle Bermúdez no era envidiable. Que su cabeza tuviera precio era un secreto a voces. La difusión en la prensa de su captura hizo que todos sus enemigos supieran el sitio en el que se encontraba. Por ello, había sido alojado en un “pabellón de refugiados”, donde compartía sus días con toda clase de psicópatas, soplones y violadores.

Aún así le llegaban amenazas del mundo exterior. La peor fue el avance de su trámite de extradición. Don Vito sabía que si ello prosperaba, se toparía en alguna cárcel italiana con una muerte segura.

Tanto es así que, con las manos en posición de rezo, le imploró al juez Grieben que frenara ese trámite. Eso ocurrió en febrero de 1993. Pero no hubo caso: su viaje de regreso a Roma fue fijado para abril de ese mismo año. En consecuencia, apeló a un recurso extremo: fabricarse un delito argentino para así abortar su partida.

En la noche del 7 de marzo, Don Vito arrancó un caño del lavatorio de su celda para matar a un guardia. Y concretó aquel paso golpeando una y otra vez la cabeza de su víctima. Tal vez entonces no haya imaginado que dicho crimen activaría el dispositivo de su propia muerte. De ello se encargarían los colegas del difunto.

Dos noches después, tras ser arrebatado de su camastro por un puñado de siluetas uniformadas de gris, recibió una impiadosa golpiza. Así, exhaló su último suspiro unas horas después, a raíz de una hemorragia interna. Tenía 18 fracturas en el tórax y otras tantas en el cráneo.

Su muerte quedó impune

Pero en un sentido literal, Valeriano Forzatti había logrado su objetivo: nunca fue extraditado a Italia.

Cómo nace la Cosa Nostra

Si miramos al pasado de Sicilia, tierra conquistada por numerosas y diferentes culturas y pueblos (fenicios, griegos, romanos, árabes, normandos, españoles…), es más fácil entender el problema. Los sicilianos se han acostumbrados a tener líderes y jefes extranjeros, a los que el pueblo importaba más bien poco, por lo que aprendieron pronto a no confiar en las autoridades y en basar su ámbito de confianza en la familia. Sí, la familia era lo más importante, ni iglesia, ni estado, lo fundamental era la sangre y el honor.

Dicen que el “culpable” del nacimiento de la mafia fue Carlos III: en 1738 tras una terrible sequía y hambruna en Calabria, miles de calabreses llegaron a Sicilia para sobrevivir. Arrasaron con toda la comida que encontraron a su paso (en campos, frutales…) y el rey miró a otro lado, sin proteger a los sicilianos. Es entonces cuando surgen unas patrullas de “picciotti”, hombres armados a sueldo que vigilan y protegen las propiedades de los agricultores.

Organización de la Cosa Nostra y código del «perfecto mafioso»

La organización de Cosa Nostra es bastante sencilla: está formada por diferentes familias que se constituyen jerárquicamente en rangos (hay un capo en lo más alto, un sottocapo, 2-3 consiglieri y los famosos “picciotti”, un grupo bastante amplio que se encarga, digamos, del trabajo sucio). Cada familia “reinaba” sobre una determinada zona geográfica, bien pueblos enteros o barrios de ciudades más grandes.

Estos clanes históricamente seguían un código de honor formado por 10 “mandamientos”:

1- Prohibido presentarse directamente a una persona que forma parte de la mafia. Si es necesario hay que hacerlo a través de una tercera persona.

2- No desearás a la mujer del prójimo.

3- Prohibido cualquier tipo de amistad con la policía.

4- El verdadero hombre de honor no se dejará ver por bares y círculos sociales.

5- Estar disponible en cualquier momento, incluso si la mujer está a punto de parir.

6- Se exige puntualidad de manera categórica.

7- Hay que respetar a la esposa.

8- Hay que decir la verdad a cualquier pregunta y en cualquier situación (dentro del ámbito mafioso, claro, si no, reina la ley de la omertá).

9- A pesar de que se puede matar, extorsionar y traficar, nunca se podrá robar el dinero a otras personas o a miembros de otras familias.

10- El último mandamiento contiene las normas que debe cumplir una persona para poder ser parte de la Cosa Nostra. Por ejemplo, no podrá tener ningún familiar en la policía, ni haber traicionado sentimentalmente a su mujer o carecer de valores éticos y morales (tócate la peineta).

Los 3 conceptos clave de la mafia siciliana

Tres son las ideas fundamentales de la doctrina  de esta organización:

– OMERTÁ

El concepto de “omertá” es pacto de silencio que prohíbe informar externamente sobre cualquier asunto relacionado con un tema de la organización. Entre los mafiosos de la Cosa Nostra el concepto de honor es sagrado (sí, parece una broma) así que ser considerado un traidor es peor que la cárcel o la muerte. Cuando los sicarios más jóvenes de las familias mafiosas pasaban a formar parte del clan, tenían que superar un ritual en el que se quemaba la foto de un santo mientras juraba: “Juro ser fiel a la Cosa Nostra y, si la traiciono, que se quemen mis carnes como se quema esta estampita”.

– PIZZO

El “pizzo” es una especie de tasa (aunque la llamaría más bien extorsión) a la que están sometidos los negocios de una ciudad o zona. En pocas palabras: todos tienen que dar un porcentaje de las ganancias para obtener protección y seguir trabajando. Casi nadie denunciaba este abuso, si lo hacían ponían en riesgo su negocio e incluso su familia). 

BRUTALIDAD

Por último la brutalidad, que caracterizó los atentados perpetuados por la Cosa Nostra en el siglo XX (especialmente con la llegada al poder de Salvatore Riina, más conocido como Totó Riina). A lo largo de su historia hubo más de 500 muertos civiles (más de 5.000 si contamos los miembros de las familias mafiosas). Entre este espantoso número se encuentran algunas de las personalidades que más lucharon contra la Mafia Siciliana:

  • Es el caso del activista antimafia Peppino Impastato, uno de los primeros en denunciar la existencia de este grupo criminal, que además pertenecía a una familia relacionada con la Cosa Nostra. El 9 Mayo de 1978 fue antes lapidado y luego mutilado con un explosivo.
  • Del jefe de la lucha anti mafia Carlo Alberto Della Chiesa, que volaron por los aires con su mujer y su conductor el 3 septiembre de 1982.
  • Del juez Giovanni Falcone, una de las figuras que más lucharon contra la mafia, asesinado en la Strage di Capaci el 23 de mayo de 1992 cuando, al pasar por un túnel de una autopista cercana a Palermo, se explotó una bomba. Murieron con él su esposa Francesca Morvillo y sus escoltas Rocco Di Cillo, Vito Schifani y Antonio Montinaro y hubo otros 23 heridos.
  • Paolo Borsellino, compañero del juez Falcone, también asesinado por la Cosa Nostra cuando, el 19 de julio de 1992, estalló una bomba en la Strage di Via D’Amelio en Palermo. Con él perdieron la vida 5 escoltas (entre los cuales estaba Emanuela Loi, la primera mujer-policía muerta en servicio).
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Villa Devoto

Cada vez suena más fuerte la posibilidad de demoler la casa de Maradona de la calle Cantilo

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Casa Maradona Villa Devoto

La inmobiliaria encargada de comercializar el inmueble de la calle Cantilo al 4.500, ubicado en el corazón del barrio porteño de Villa Devoto que Diego Maradona le compró a sus padres a comienzos de los años 80, confirmó que quieren demoler la propiedad para construir un edificio.

Desde la firma Adrián Mercado, encargada de comercializar el inmueble, confirmaron a esa agencia que la idea es demoler la propiedad para desarrollar un emprendimiento inmobiliario pero que aún “la jueza a cargo no aprobó la venta” y se espera que “en las próximas semanas o meses esto se confirmará”.

El chalet que “el diez” le compró a sus padres Don Diego y Doña Tota, luego de su pase de Argentinos Junior a Boca, y que fue su casa durante años, había salido a subasta a fines del año pasado con un precio base de 900.000 dólares; pero no hubo interesados.

Ante esto, la empresa inmobiliaria ve con buenos ojos la oportunidad de construir un edificio en el inmueble ubicado en uno de los barrios más residenciales de Capital Federal, debido a que el terreno vacío costaría más que con el chalet, en un precio estimado de 1,3 millones de dólares.

A su vez, el emprendimiento inmobiliario no podrá ser de no más de tres pisos o cuatro, construyéndose 2.500 metros cuadrados de obra y 1.500 vendibles.  

La subasta de parte del patrimonio del exastro del fútbol mundial y campeón del Mundo con la Selección Argentina, que murió el 25 de noviembre de 2020, se realizó el pasado 19 de diciembre y recaudó 26.000 dólares, sin que pudiera venderse ninguna de las propiedades más valiosas de Maradona, como la emblemática casa de Villa Devoto o un departamento de dos ambientes en Mar del Plata (con una base de 65.000 dólares).

Tampoco hubo ofertas por dos BMW (225.000 y 165.000 dólares) y un multiplaza Hyundai (38.000 dólares).

En tanto, el objeto por el que más se pagó fue el cuadro “Entre Fiorito y el cielo” de la artista Lu Sedova, vendido en 2.150 dólares.

En total, la casa de subastas ofrecía 87 lotes, de los cuales quedaron 22 sin vender y tres fueron retirados antes de iniciar el acto.

La historia de la emblemática casa de Maradona en Villa Devoto

La propiedad del astro, luego de la muerte de sus padres, pasó a manos de sus hermanos y la misma era utilizada para eventos especiales de la familia. Sin embargo, en abril del año pasado la justicia dictaminó que le pertenecía a sus herederos. 

Aunque la historia no termina acá, producto de que la casa del diez cuenta con un sinfín de anécdotas de todo tipo. Entre las cuales se encuentra una muy negativa, que fue el incendió que se produjo en 2014 y que quemó completamente todo, provocando la pérdida del Balón de Oro honorífico que le otorgó a Diego la prestigiosa revista France Football en 1995.

Por otra parte, en la residencia Maradona también solía realizar diferentes comidas con allegados, como con su hijo Diego Junior y con otros grandes invitados: David Nalbandian y Carlos Moyá. Finalmente, en la entrada de la casa se ubicaba una ermita que el padre del astro cuidaba, ya que se encontraba la virgen que estuvo al lado del campeón del mundo en su trayectoria por Napoli. Una estatua que desde la mudanza no se vio más, quedando así el interrogante si la familia se la llevó o fue robada.

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Villa Devoto

El Palacio Ceci y su rica historia en la comunidad de Villa Devoto

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En el año 1913 Villa Devoto era un puñado de construcciones con calles de tierra donde siempre se corría el riesgo de quedar empantanado. El FFCC Buenos Aires al Pacífico (hoy San Martín) contaba desde 1888 con su Estación Devoto, la del Lacroze (hoy Urquiza) fue posterior y recién se inauguraría en 1940. Por aquellos años, el mundo se preparaba para la primera Guerra Mundial y su consiguiente crisis económica, y la gente continuaba horrorizada por el reciente hundimiento del Titanic; el presidente argentino era Roque Saenz Peña, y por ese entonces en el país había menos de mil autos circulando.

Villa Devoto cumplía 24 años desde su fundación en 1889, y muchos de los lugares hoy emblemáticos del barrio estaban ya en pie como la casa veraniega de Antonio Devoto (hoy Escuela Antonio Devoto), la casa de Honorio Stoppani (el ala antigua del Hospital Zubizarreta) y también el tanque de agua característico del barrio que se observa detrás de la ex heladería Monte Olivia y que supo ser caballeriza y cochera de la ya demolida Residencia Dellacha.

De entre todas estas construcciones históricas se destaca un edificio en particular. Algunos lo conocen como el Palacio Devoto, otro lo llaman Palacio Ceci, mientras que muchos se refieren a él como “el Ayrolo”, porque hace muchos años funcionó allí una escuela de sordomudos.

Desde su construcción en el año 1913, el Palacio estuvo rodeado de leyendas. Una de ellas es la que nombra al Señor Alfredo Ceci como Ingeniero o Arquitecto, cuando en realidad era solo constructor. El Palacio tampoco fue construido a pedido de Antonio Devoto para albergar a un huésped de la realeza italiana que finalmente no pudo llegar al país. El mito dice que por este motivo Antonio terminó regalándosela al constructor. Esta leyenda se tejió en torno a la supuesta llegada del Rey de Italia Victor Manuel III, sucesor de Humberto I, para hospedarse en el Palacio que Don Antonio construía en Villa Devoto. Por aquellos años 1913-1914 Italia entra en la Primera Guerra Mundial, resulta impensado suponer que un mandatario de un país involucrado en la gran guerra pudiera alejarse para visitar una tierra tan lejana. La última de las leyendas urbanas dice que lo construyó Antonio Devoto y, cita textual, “cuando vio que le quedó chico” se lo regala a Alfredo Ceci.

El Palacio Ceci está ubicado en la Avenida Lincoln al 4305, a una cuadra de la Plaza Arenales, entre Habana y Gualeguaychú, y fue concebido como vivienda particular de Alfredo, uno de los 5 hermanos Ceci (Egiziano, Socrate, Arístides y Parisina) provenientes de Camerano provincia de Ancona, Italia.

Trabajadores sin descanso, los Ceci pronto crean la empresa constructora Ceci Hermanos estableciendo sus oficinas en la Av Caseros, Barracas. Eran gente de trabajo, simples pero buenos albañiles decididos a trabajar duro en una Argentina pujante. Entre sus obras en Villa Devoto se destacan el Seminario Conciliar, la Inmaculada Concepción, San Vicente de Paul (FASTA), Nuestra Señora del Huerto de la Av. Mosconi en Villa Pueyrredón, la Basílica de San Antonio, por citar solo algunas.

La idea de estas construcciones era enterrar cualquier vestigio de arquitectura autóctona y erguir las pomposas construcciones al estilo italiano, francés o español. A veces, la mescolanza de inspiraciones y materiales concluía en una suerte de híbrido imponente con lujos, pero escaso de refinamiento.

El mero hecho de observarlo desde la reja que lo abraza llama la atención del transeúnte. De todos modos, en el caso del Palacio Ceci, las dimensiones no le dan el carácter de palacio, dado que no es de los más grandes de la ciudad, pero sí lo oneroso de los materiales con los que fue construido y sus ornamentaciones de lujo. 

En total, el Palacio Ceci reunía 30 ambientes e incluía una caballeriza, ocupando una superficie que no llegaba a abarcar la totalidad de una manzana. En esa idea anti colonial y mirando hacia el otro lado del Atlántico, el edificio fue levantado con una mezcla variopinta de costosos ingredientes para conformar una receta de sabor ecléctico. Mármoles de Carrara por todos lados; pisos, aberturas y boiserie de roble de Eslavonia; granito por doquier. Además, calefones importados de Italia, mayólicas llegadas de Inglaterra y sanitarios provenientes de Nueva York son algunos de los costosos recursos con los que se contó para levantar el palacio.

Lo que predomina es el estilo francés, pero tamizado con una interpretación italiana, debido al origen de sus moradores y constructores, y cuenta, además, con elementos barrocos y del renacimiento. Aún hoy puede distinguirse el estilo Luis XVI en el salón dorado, hall y escalera principal. Luigi Trinchero, autor de los bustos del Salón de la Música y de las cariátides del Teatro Colón, aportó las ornamentaciones que exhiben las paredes. Dante Ortolani, afamado escenógrafo del mismo teatro y amigo personal de los Ceci, fue el responsable de algunos de sus frescos en marouflage.

Una cúpula corona el lugar que cuenta con un salón comedor imponente, un espacio exclusivo para fumadores que era utilizado por los hombres y que resulta algo agobiante con boiserie en madera oscura y con un fresco en el techo donde se simboliza a Baco, Dios del Vino.

Gran parte del mobiliario original aún se conserva, ánforas en piedra y mármol, esculturas y mesadas de mármol han quedado preservadas. Una de ellas es la obra La Danza de Giovanni Bastianini, hecha íntegramente en mármol y que tiene una hermana gemela en el Museo Pitti de Florencia.

Aunque hoy resulte irrisorio, en el primer piso se dividían las áreas que debían ser ocupadas por los hombres y las que estaban reservadas al tránsito de las mujeres. Los baños también eran diferenciados y su ornamentación respondía a los tópicos de masculinidad y femineidad de la época. Los sanitarios, aún a la vista, son de la empresa neoyorquina Mott Iron Works y los calefones italianos son de la marca Dante Martiri. En el reducto de los hombres se puede ver una especie de bidet para tomar baños de asiento con la finalidad de apaciguar las molestias que producían las cabalgatas. Desde ese primer nivel se accede a un balcón enmarcado por un colorido vitreaux.

Biblioteca y sala de billar completan las comodidades del lugar. El Palacio Ceci cuenta con montacargas y ascensores que vinculaban las distintas plantas o permitían el traslado de vajilla sin riesgos a roturas.

Ayer y hoy

Cuando la familia Ceci decidió construir su mansión, en toda la Argentina circulaban menos de 1000 automóviles. Villa Devoto, barrio fundado 24 años atrás, se conectaba con el centro a través del tranvía 86, el primero en funcionar de manera eléctrica en la ciudad, cuyo recorrido hoy está a cargo de la línea de colectivos 105, uniendo Plaza de Mayo con Santos Lugares y Caseros. El barrio también se vinculaba con la zona de Retiro y el centro porteño a través del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, hoy denominado San Martín.

A partir de la crisis del ´30, muchas familias de la alta sociedad debieron acotar su nivel de vida, razón por la cual, el Estado compró varios palacios en toda la ciudad. Ejemplo de esta dinámica son el Palacio Paz, sede del Círculo Militar, y el Palacio Anchorena, ocupado por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. El Palacio Ceci también fue tomado por el Estado.

En 1938 empezó a alojar el Instituto Nacional de Sordomudos Bartolomé Ayrolo, la escuela bilingüe para niños, niñas, jóvenes y adultos con discapacidad auditiva y formación integral número 28 “Profesor Bartolomé Ayrolo”.

Actualmente el Ceci no tiene función oficial, pero sigue manteniendo un vínculo simbólico y afectivo tanto con la Comunidad Sorda Argentina como con los docentes y directivos del establecimiento, algunos de los cuales vivieron allí.

Hoy hay que hacerle trabajos en muros, cubiertas, revoques y revestimientos; reparar las instalaciones de luz, gas y contra incendios; y mejorar la accesibilidad. Esas obras demandarán entre diez meses y un año. Pero, antes de arrancarlas, habrá que hacer un diagnóstico minucioso que también llevará tiempo.

En 2001 el palacio fue declarado por la Legislatura porteña Bien de Interés Arquitectónico para la Ciudad con grado de protección integral, pero eso no implicó la asignación de presupuesto para su renovación. Por eso siempre fueron bienvenidos los aportes a la cooperadora de la escuela.

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