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Hablamos con Martín, docente en escuela primaria de Agronomía, sobre cómo es enseñar en pandemia

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Martín Meis docente

Hablamos con el docente de segundo grado Martín Meis, para que nos cuente su experiencia de dar clases en pandemia. Martín trabaja en la escuela 22 de Agronomía con los chicos de segundo grado y en está breve entrevista nos da un pantallazo de lo que viven los chicos y los docentes puertas adentro de una escuela primaria de la Ciudad.

¿cómo te sentís trabajando con los protocolos actuales?

Con mucha incomodidad, es necesario acomodarse a todas las medidas de prevención, en especial para los chicos y para las chicas. Durante un año no pudieron compartir el aula y ahora que pueden verse, barbijo mediante, no pueden tener contacto, ni compartirse útiles o elementos. Si bien uno puede entender esa necesidad, a veces es difícil que se respete.

A su vez hay mucho miedo por el virus, ya que durante el año que pasó, no hubo reformas en las escuelas para mantener los cuidados y afrontar la segunda ola.

Todavía hay poca ventilación, faltante de alcohol y barbijos. Hay muy poco personal de limpieza, eso dificulta los traslados y la desinfección constante de los baños y aulas. A todo esto le podemos sumar la necesidad de material pedagógico que no hay. No se puede entregar fotocopias, pero tampoco tenemos libros de literatura para los chicos o las chicas, no tenemos computadoras y tampoco material individual. Eso hace que el aprendizaje se vuelva más lento y cansador, tanto para la docencia como para los alumnos y alumnas.

¿Cómo es el protocolo en el establecimiento que vos trabajas? ¿Estas de acuerdo con ellos? ¿Qué se podría mejorar?

El protocolo de la escuela donde estoy es igual al que se establecieron en todas las escuelas de la Ciudad. En mi opinión, el protocolo es inviable, ya que faltan muchos recursos para poder lograrlo. Como dije antes, no envían alcohol y barbijos. Muchas veces tenemos que comprar nosotros o la cooperadora para que haya en las aulas. Tampoco hay transportes escolares para que puedan trasladarse los alumnos y las alumnas que viven lejos. Se necesita más personal de limpieza para que los baños estén constantemente desinfectados. ¿Cómo hace una escuela con casi 270 alumnos y alumnas para tener una óptima limpieza durante el día en todas las aulas y un baños con solo 3 personas de limpieza?

También podrían entregar una computadora por alumno y alumna, ya que no se pueden dar fotocopias, ni se pueden compartir libros. Pero no, no hay computadoras, no hay un libro por persona, ni tampoco hay un proyector o televisor para ver el material desde ahí.

Mejorar, se puede mejorar muchas cosas para que este año se recupere lo que el año pasado no se pudo hacer. Pero no hay voluntad para invertir en la educación.

Cuando se sospecha que un alumno o maestro tiene covid, todo el curso queda aislado nuevamente en sus casas ¿esos días de clases se pierden o se tienen clases virtuales?

Si, frente a la sospecha de contagio de covid se aísla al curso y los docentes que hayan tenido contacto con el grupo. Lo mismo sucede si el docente o la docente tiene síntomas de covid. En el caso que haya sido un aislamiento por precaución se tiene clases virtuales durante los 10 días de aislamiento. En el caso que el o la docente tenga covid, entra en licencia como una enfermedad. Cómo cualquier enfermedad no puede dar clases, tanto virtuales como presenciales.

¿Crees que tiene sentido llevar adelante la escolaridad de los chicos de esta forma?

Las chicas y los chicos necesitaban tener las clases presenciales, ya que en muchos casos hubo poca continuidad virtual, en especial por falta de computadoras o acceso a internet. Creo que la mejor forma de volver podría haber sido si durante un año, el Gobierno de la Ciudad, hubiese invertido para preparar a las escuelas para la presencialidad con todo lo que fui diciendo en las preguntas anteriores y, seguramente, me quedé corto con lo que dije que se necesita.

¿Crees que el ministerio de educación de la Ciudad estuvo a la altura para garantizar el correcto funcionamiento de las clases?

No, claramente no. Para empezar tenemos una ministra que no es docente y no tiene diálogo con la docencia para entender qué se necesita realmente. Tomó medidas sin estar a la altura y sin saber la necesidad del alumnado y de la docencia. Mientras la decisión sea de ministros y ministras detrás de un escritorio y sin consenso de la comunidad escolar, van a seguir siendo medidas desacertadas.

Cómo viste a los chicos luego de estar transitando 1 año de pandemia tan duro para ellos.

Fue muy difícil para ellos y ellas. En especial para los que no tienen una computadora o acceso a internet. Hay que hacer una adaptación de todos los contenidos para poder reforzar todo lo trabajado el año anterior. En un aula podés encontrar muchos niveles, ya que no todos tenían la misma posibilidad de acceder a las clases virtuales.

También es necesario el contacto social Los chicos y las chicas tenían muchas ganas de volver a las aulas, pero no solo por seguir aprendiendo, sino por el contacto con sus compañeros y compañeras. Aún con las prevenciones y el distanciamiento que hay, necesitaban compartir sus vivencias. Este es un año para volver a conectar relaciones, recuperar muchos contenidos y acompañar en el proceso de pandemia que todavía no terminó.

¿Cómo fue tú experiencia de enseñar virtualmente?

No fue para nada buena. En muchos casos, como el mío, no estábamos preparados y preparadas para esto. La mayoría de la docencia no tenía computadoras acordes para sostener un zoom o un meet. En mi caso la computadora era muy vieja y no aguantaba las clases virtuales, se cortaba muy seguido. A su vez tuvimos que capacitarnos de manera autónoma para utilizar distintas plataformas. Hoy seguimos iguales, no recibimos computadoras ni capacitaciones, así que en el caso que se vuelva a la virtualidad vamos a seguir con los mismo problemas que el año anterior. Esto en mi caso, pero hubo muchos y muchas docentes que se les hacía imposible mantener un zoom sin estar al cuidado de su familia al mismo tiempo. Nadie tenía su hogar preparado para las clases virtuales, ni tampoco teníamos los recursos informáticos.

¿Qué rescatas de todo lo que pasó en el ámbito educativo?

Lo principal que rescato es que nos dimos cuenta de la necesidad de la escuela presencial y lo importante que es el docente y la docente para la formación de los niños y niñas

¿Cómo crees que impacta esta nueva normalidad escolar de cara a los padres?

Con muchas dificultades en la organización laboral. Ya que no están concurriendo en los horarios normales, eso hace que se tengan que acomodar lo mejor posible. A su vez, hay cierto alivio que otra vez reciben las clases presenciales. Pero que el problema principal que se les presenta es acomodar los horarios con sus trabajos. Tal vez sea el momento que haya mayor flexibilización horaria y tolerancia de los empleadores con las familias.

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Reabre Montecarlo, el bar al que iba el Che Guevara y le devolverá el budín de pan a Palermo Viejo

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Sin su toldo verde pero con más luz por la ventana. Con el frente más oscuro, para emparejar con la esquina. Las puertas de hierro originales otra vez en su lugar, haciendo juego con la baranda forjada del balcón. Cambian algunos detalles para que nada cambie en el bar notable Montecarlo, que había cerrado en pandemia y reabrirá en un mes con nueva dueña.

En esta esquina custodiada por dos ficus reina la calma del Palermo más tradicional. Pero tras la persiana baja de Ravignani y Paraguay pasan cosas: hay obreros trabajando la pared, una mezcladora de hormigón girando, baldosas en damero a punto de ser trasplantadas para que pueda cambiarse de lugar la barra original, que irá del lado de Ravignani.

“El bar quedará igual, pero restaurado. Tendrá las puertas de 1922 que encontramos en el sótano y se levantará el techo a su altura original, con un yesero que trabaja en edificio históricos. La cocina será a la vista. Vamos a darle a la comida un buen marco”, cuenta la chef Paula Comparatore, la nueva dueña del café, cuyo local comenzó a alquilar en febrero.

Planea cerrar en dos semanas su restaurante El Federal, en Retiro, para una semana después reinaugurar Montecarlo, que había bajado la persiana en diciembre. La idea es reabrir el 25 de mayo, con locro, pastelitos, churros, guiso y carbonada.

“Esperamos llegar. Si no, puede ser en otra fecha patria, como el 20 de junio”, aventura el arquitecto Jorge Fernández, a cargo de la obra de renovación. Arrancó a mediados de marzo y, desde entonces, no descansa. Parado en medio de la obra, muestra a este diario los planos con los planes.

“Aquí irá el horno, acá la barra. Este machimbre se saca. Vamos a hacer de vuelta los baños, con dos cuartos con inodoros sin distinción de sexo”, habla y señala Fernández. Corta el relato para dar indicaciones a dos albañiles. Todavía queda mucho por hacer.

El café de las tazas grandes y un budín de pan para recordar

El plan es potenciar lo que ya existe, no borrarlo ni barrerlo. Seguirán estando la clásica balanza Brasilia Filizola, el ventilador antiguo empotrado en la pared, la heladera con tapa de madera ahora restaurada, la caja registradora a fines de exhibición. También se verán tazas grandes, acorde a la fama del lugar, que indica que en tamaño es difícil superarlas.

Se sumarán un horno de barro y un kamado, horno cerámico a leña o carbón, de origen japonés. También, una gran campana extractora comprada en el remate de un restaurante de Unicenter cerrado en pandemia. Un mundo de diferencia con la anterior cocina de Montecarlo, de sólo cuatro hornallas.

Es que en esta versión renovada la cocina cobrará un rol central. “Tendremos desayunos potentes, con salmón y papas rosti. En la semana, habrá almuerzos con opciones de carnes, pescado y platos vegetarianos. Y el finde seguro habrá día de pastas -detalla Comparatore-. Ese es nuestro plan, después tenemos que ver sobre la marcha qué funciona mejor”.

También estarán las clásicas medialunas, el pan casero y, a pedido de los vecinos, el famoso budín de pan de Montecarlo. Comparatore le pedirá la receta a su anterior dueño, Gerardo Lorenzo, que heredó de su padre José el bar que antes era de su abuelo.

Para aumentar la capacidad de ventilación, tan necesaria actualmente, se habilitarán las salidas que había debajo de las ventanas. Las mismas ventanas que ahora llegarán más alto que nunca.

Es que se removerá la pintura beige que cubre parte del vidrio debajo de los arcos y la persiana metálica se elevará 70 centímetros más para dejar pasar la mayor cantidad de luz posible. Con ese fin es que también se retiró el clásico toldo verde azulado, al igual que la deteriorada pérgola.

El bar al que iba el Che

Dicen que el Montecarlo era el lugar favorito del Che Guevara joven. Así se lee en la página Web del Ente de Turismo de la Ciudad. Casualmente, Comparatore es amiga de su hermano, Juan Martín Guevara Lynch. “Aunque no sabe si era el preferido, me dijo que es muy probable que Ernesto haya ido seguido. Trabajaba y vivía cerca, en el pasaje Ancón”, cuenta.

Cerca de aquí también vive la propia Comparatore, que instaló en el barrio su restaurante El Federal en 2000. Cinco años después lo mudó a Retiro para estar más cerca de hoteles y recorridos turísticos.

Alumna del Gato Dumas y con un posgrado en el Ritz de París, la chef vuelve al barrio que la vio nacer gastronómicamente para tomar la posta de uno de sus símbolos.

“Quiero resaltar lo lindo de este lugar único y devolverle al barrio su café, en vez de que pongan ahí otro cuadrado blanco tipo loft -anuncia Comparatore-. Aunque esté a cuadras de la locura de Palermo Hollywood, esta esquina todavía conserva Palermo Viejo”.

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Por los robos en el cementerio de Chacarita, hay tumbas y bóvedas que se quedan sin identidad

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Justo cuando se cumplieron 150 años de la epidemia de fiebre amarilla, del cementerio de Chacarita desapareció la placa que identifica la tumba del doctor Manuel Argerich, que murió mientras combatía la epidemia que se llevó la vida de 14.000 personas. Es apenas uno de los hechos de vandalismo que cuidadores, familiares y especialistas en patrimonio porteño vienen denunciado. En Chacarita, algunas tumbas se quedan sin identidad y es difícil identificarlas.

Argerich murió el 25 de mayo de 1871. Y el 14 de abril se cumplieron 150 años desde que se decidió abrir un nuevo cementerio en la zona de Chacarita de los Colegiales debido al colapso del enterratorio del Sur, que estaba en Parque Patricios. Es considerado un héroe de esos tiempos en los que la epidemia había puesto en jaque la vida de los porteños. Y su nombre vuelve a tomar relevancia en tiempos de coronavirus, mientras la pandemia que azota al mundo también impacta en la Ciudad.

Las bóvedas de Chacarita son las que más sufren los robos de las placas, que en general suelen ser de bronce y son revendidas en galpones y chatarrerías. Por eso, cada vez son más las que no permiten saber a qué familia pertenecen o si en ellas descansan personajes ilustres.

Al robo de la placa de la tumba de Argerich se sumó, por ejemplo, la de la tumba del jockey Irineo Leguisamo, quien descansa en una bóveda familiar, pero que no tiene su apellido. Así que es imposible saber que allí están los restos del hombre que compitió durante más de 50 años en hipódromos de Argentina y Uruguay, país en el que nació, y que además de inspirar obras artísticas como tangos y películas, le dio nombre a la caña Legui, una famosa bebida que aún hoy se sirve en bares.

De Chacarita no solo se robaron las placas que identificaban la tumba de Leguisamo. También se llevaron una en la que se leía la dedicatoria de quien fuera su “hijo del corazón”, Palito Ortega. “Tu ejemplo y tu amor vivirán siempre en mí. Tu hijo Ramón. 2 de diciembre de 1985″, decía el bronce que ya no está en su lugar.

Chacarita es el cementerio más grande de la Ciudad. Tiene una superficie de 95 hectáreas. En los últimos años los robos y el vandalismo se volvieron un conflicto recurrente. Y pese a que los ingresos están limitados por la pandemia, incluso el año pasado, el plena cuarentena, se llevaron placas de monumentos y elementos de bronce de bóvedas y tumbas, entre ellas, de un cenotafio de Eva Duarte de  Perón.

Otros robos

Manuel Balado fue el responsable de la apertura de la cátedra en Neurocirugía en la Facultad de Medicina de la UBA. Las placas que identifican su tumba también desaparecieron.

Tampoco están más varios bronces del mausoleo del maestro Osvaldo Pugliese, uno de los grandes íconos del tango y personaje inevitable de la cultura porteña y nacional. También se llevaron elementos de metal de la tumba de Rosita Melo, pianista, compositora y concertista uruguaya, autora del famoso vals criollo “Desde el alma”, una creación que la ubicó como una de las primeras mujeres en hacerse conocidas a nivel mundial como compositora de la música del Río de la Plata.

“Hace más de un mes que ocurrió el robo de las placas de la bóveda de Argerich. El Decreto 3395, de diciembre de 1970, dice que la conservación del patrimonio funerario es responsabilidad de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos. Debería ocuparse de reponer las piezas que se roban“, dice Hernán Vizzari, historiador y experto en Patrimonio funerario.

“Las conmemoraciones no solo deben ser un acto simbólico. Hay que trabajar para proteger lo que queda del Patrimonio”, agrega Vizzari, que por sus trabajos fue declarado Personalidad destacada de la Cultura.

Fuentes del Gobierno porteño aseguraron que están al tanto del robo de las placas y afirmaron que personal del cementerio ya está en contacto con las familias. Además, informaron que este año se radicaron 10 denuncias por robos en la Comisaría 15.

Los cambios en los ritos funerarios hicieron que cada vez menos gente vaya a los cementerios. Así, parte del patrimonio fue abandonado por las familias y se fue deteriorando. Y al casi no haber gente circulando, también se vieron favorecidos los robos y el vandalismo.

Chacarita, Flores y Recoleta están bajo la órbita de la Jefatura de Gabinete y, a su vez, de la Secretaría de Atención Ciudadana y Gestión Comunal, desde diciembre de 2019.

En la actualidad, de los 7 accesos que tiene Chacarita, hay solo 2 habilitados con control de seguridad; uno vehicular por Jorge Newbery y el principal, que es peatonal.

Además de los controles de ingreso y egreso, desde la Ciudad informaron que se sumaron tres cámaras inteligentes monitoreadas por la Policía de la Ciudad a las que estaban fijas. Y que “se sigue trabajando para fortalecer la seguridad”.

Protocolo Covid El horario de acceso es de 8 a 17. Por protocolo de pandemia, solo pueden ingresar familiares en grupos de no más de 2 personas con un máximo de permanencia de una hora. En el caso de inhumaciones o cremaciones, pueden acompañar hasta 9 familiares designados, más un ministro religioso.

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Alejandro Pérez: “Los sectores más vulnerables pueden generar ingresos muy importantes”

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El Director General de Economía Popular y Social habló con la AMV, sobre la posibilidad de que los sectores menos beneficiados puedan ingresar a la economía formal.

Tras muchos años de militancia y recorrer las calles de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Alejandro Pérez -ex Jefe Comunal de Palermo- se convirtió durante octubre de 2020 en Director General de Economía Popular y Social, que depende del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat, a cargo de María Migliore, y lleva adelante un plan sobre la población con menos recursos para poder elevar su unidad de negocio y que puedan ingresar en la economía formal.

A partir de su participación en los barrios populares de CABA, Pérez se convirtió en un referente de Cambiemos gracias a su iniciativa y su convicción de que las personas pueden progresar y tener las mismas condiciones de desarrollo económico frente a quienes no están dentro de un sector vulnerable. “Nuestra misión tiene que ver con acompañar y estimular el desarrollo de lo que son las economías populares y sociales”, explica Alejandro, sobre su nuevo cargo.

Estas tareas están orientadas -explica- hacia “un sector ubicado geográficamente en barrios populares, más conocidos, como villas, y complejos habitacionales donde tenés sectores sociales muy vulnerables”. “Allí tenés la posibilidad de generar ingresos genuinos, pero tenés la falta de formación. Por ende, desarrollamos un plan de acompañamiento para que la persona tenga la formación necesaria para intentar entrar en la economía formal”, comenta.

A diferencia de la economía social que se vincula a las cooperativas y su posibilidad de distribuirse las partes, “en la economía popular hay sectores populares que no tienen una estructura necesaria para comercializar en magnitud y, en algunos casos, les falta calidad en los productos”. Entonces, “para nosotros es un sector muy importante de activar porque genera ingresos muy importantes y que tiene mucha recuperación, donde los ingresos mejoran rápidamente”, explica.

Pérez indica que para este proceso se realizan entrevistas con los candidatos, detectar cuál es la unidad de negocio, cómo consolidar sus ganancias y hasta que tengan un logo sus productos. “Por poner un ejemplo, una señora hacía tortas y le ponía un precio porque la vecina las vendía más barato, entonces creía que podía vender más así, pero no ponía en la balanza el costo de su elaboración. Por ende, si se le rompía el horno, no iba a tener la plata suficiente para poder reparar el horno. Entonces, en ese caso también tuvimos que trabajar en la relación precio, costos y ganancia”, recuerda Alejandro.

Además, “les damos las herramientas para que puedan comercializar sus productos a través de las redes sociales, y no solo en el boca a boca. Y también les hacemos un seguimiento durante seis meses para poder analizar el progreso”.

Por último, el proyecto termina con la recomendación del equipo de Economía Popular y Social hacia los nuevos emprendedores de sumarse al monotributo, no solo para estar en blanco sino también para tener una jubilación y una obra social. Sin embargo, hay un problema y es el costo del mismo. “Por este motivo, también ponemos sobre la mesa de debate cuál es el costo que tiene ser monotributista”, cierra Alejandro.

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Dónde están los controles para ingresar a la Ciudad y qué estaciones de subte no funcionan

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Mientras el Gobierno bonaerense optó este fin de semana por hacer controles sorpresivos en los accesos para desalentar el ingreso a la Ciudad, en el marco de la lucha contra la pandemia de coronavirus, el Ejecutivo porteño anunció un esquema de 18 cierres localizados en los accesos de 20 a 6 mientras duren las restricciones, así como cuatro puestos fijos de control y el cierre de siete estaciones de subte.

El Área Metropolitana de Buenos Aires es considerada una de zona de alto riesgo epidemiológico en esta segunda ola de coronavirus. El viernes, el presidente Alberto Fernández confirmó que continuará la restricción de circulación entre las 20 y las 6.

En la franja horaria de la veda, desde el sábado se cerraron en forma total 18 accesos a la Ciudad. Además, en los que se mantienen abiertos hay más control policial.

Los cuatros puestos fijos de control se encuentran en las siguientes ubicaciones:

Av. Vélez Sarsfield y Luzuriaga (Puente Victorino de la Plaza) Av. Rivadavia y Cuzco Av. Francisco Beiró y Ostende Av. San Martín y José León Cabezón Los 18 accesos cerrados por la noche

En la traza de la General Paz:

Cruce La Cachila Cruce 11 de septiembre de 1888 Puente calle Superí Salida de Av. General Paz (colectora) por Albarellos Cruce Concordia Bajada Av. General Paz por Bahía blanca Cruce calle Griveo Bajada a General Paz por Benito Juárez Bajada General Paz por Bruselas Bajada de Av. General Paz por Nazarre Cruce Dr. A. Roffo Cruce Ibarrola (con Destacamento Policial) Bajada Av. General Paz. por Ibarrola Cruce calle Chávez Bajada de Av. General Paz por Martínez de Hoz Bajada de Av. General Paz por Pizarro.

Puentes:

17. Puente Bosch

18. Puente Pueyrredón Viejo

El subte, restringido

Como parte de las medidas para desalentar la circulación, la Ciudad optó por cerrar siete estaciones de subte.

Acoyte (línea A) Dorrego (B) Callao (B) Palermo (D) Callao (D) Boedo (E) Caseros (H)

A diferencia de lo que ocurre con la educación, donde sigue la puja por las clases presenciales, los controles a la circulación fueron acordados conjuntamente por las autoridades de Nación y Ciudad.

“Vamos a contar con controles en los principales accesos en coordinación con la Ciudad de Buenos Aires y les pedimos a ellos si pueden cerrar algunos accesos a la ciudad; lo mismo que se había hecho el año pasado”, había manifestado días atrás la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, en diálogo con TN.

“También acordamos con ellos ser más estrictos en los controles en las terminales, especialmente en Constitución en las horas pico, ya que hay cada tanto una aglomeración que sale del subte y, como no puede ir ya por debajo, cruza la avenida Brasil sin respetar la distancia”, agregó.

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El ocaso de los restaurantes de Puerto Madero: uno de cada cinco cerró durante la pandemia

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Es viernes al mediodía en Puerto Madero. La exclusividad de los veleros en los diques contrasta con los yuyos entre adoquines y la crisis de los restaurantes de enfrente, en los docks de ladrillo a la vista. Con pocos turistas y menos oficinistas, el barrio menos denso de Buenos Aires debe sobrevivir gastronómicamente con sus vecinos y los porteños de otras zonas dispuestos a cruzar la Ciudad.

Por un lado, faltan los turistas y los trabajadores presenciales. Por el otro, se prohibieron los turnos gastronómicos fuertes, por la noche. Lo que sí sobra es crisis, que ya venía sintiéndose con la recesión de 2019. Mientras tanto, uno de cada cinco restaurantes del barrio cerró definitivamente en pandemia. Con las nuevas restricciones, temen que sean muchos más.

La construcción del Paseo del Bajo, una obra que beneficia al barrio a largo plazo, sumió a Puerto Madero en una fuerte caída del consumo por más de dos años, que se siente aún hoy. Y casi no quedan lugares para dejar el auto: se perdieron 5.000 espacios de estacionamiento.

“Esa obra ya había restado un 40% de la clientela habitual, que jamás volvió después de que se inauguró el Paseo”, precisa Carlos Yanelli, dueño del restaurante Estilo Campo en el dique 1 y presidente de la Cámara de restaurantes de la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés (AHRCC). Según la entidad, la ayuda del Repro I y II les es esquiva al 80% de los locales gastronómicos del barrio.

La crisis se ve sobre todo en Madero Oeste, la franja de docks de ladrillo a la vista que tiene a la avenida Alicia Moreau de Justo de un lado y a los diques del otro. Allí están los restaurantes de mayor capacidad -entre 200 y 500 cubiertos- y las oficinas, hoy con una vacancia del 40%.

“Hasta las torres de Madero Harbour están un 30% vacías, porque sus espacios se fueron desocupando y no volvieron a alquilarse. Las empresas no buscan Puerto Madero para instalar oficinas, en gran parte porque está complicado para estacionar. Se perdieron 5.000 espacios para dejar el auto con la obra del Paseo del Bajo. Las únicas cocheras están abajo del Hilton”, describe el socio gerente de Tizado Puerto Madero, Federico Andreotti.

Lo único que se oye en Madero Oeste es el canto de los gorriones, las ofertas de algunos vendedores ambulantes y las charlas que ahora quedan expuestas porque falta el murmullo constante que las tape o las confunda.

Esas conversaciones son de familias, parejas, amigos que se reencuentran sentados a una mesa. Imposible hacer rosca cuando la falta de sonido atenta contra la privacidad. Las palabras suenan con eco en las galerías -hoy abiertas- que dan a los diques. O bien corren sin techo, sobre decks delimitados por macetas que, en algunos casos, apenas dejan espacio antes de la baranda que da al agua.

Aunque en algunos restaurantes la música cubra el vacío sonoro, el de clientes es más difícil de ocultar. “Vienen los pocos trabajadores de la zona y los habitués que nos hacen el aguante. Gracias a ellos seguimos trabajando”, cuenta la encargada de Rodizio. Lo mismo agradecen en La Bistecca, que cierra a las 17 por disposición de la empresa. “Igual, cuando cae el sol, ya no queda nadie”, dice Marcos, su encargado.

“Si tuviera la plata, me iría a algún barrio. Acá ya no hay gente. Pensar que hasta 2010 estuvimos en Recoleta”, recuerda con nostalgia Eduardo González, socio de La Cabaña, en el dique 4. A unos metros, Villegas es uno de los restaurantes con más gente, aunque en todos los casos sigue siendo poca.

“Hacemos apenas entre 30 y 40 cubiertos diarios. Tener cerrado adentro nos mata. Pensamos quizás poner algunas mesas sobre Alicia Moreau de Justo, pero no lo vemos muy viable”, dice Julián Jubilet, gerente general de Villegas.

Más allá de los diques

“Hay pocos vecinos en el barrio, y encima todos viven del lado de Madero Este, pasando los diques. En general no vienen acá si no es con auto, pero no hay lugar para estacionar”, explica Ricardo Fernández, socio gerente de la parrilla El Mirasol, que un mediodía de viernes es una de las más concurridas de este vecindario vacío en los decks del Oeste.

Fernández tiene un punto: en Madero Este hubo menos cierres gastronómicos, pero también hay menos restaurantes, y el porcentaje de ocupación es mayor porque estos justamente tienen menor capacidad.

De hecho, en ese sector del barrio hay lugares cuyos dueños se animaron a abrir en pandemia. Es el caso de la cafetería Jisu, que inauguró en noviembre, pensada para ese público mixto típico de Puerto Madero: turistas, oficinistas y vecinos.

“Es verdad que esa gente ahora falta, pero nuestra perspectiva es más a largo plazo y, aunque aumentan las restricciones, vemos que cada vez circulan más personas. También tuvimos muchos turistas, nacionales, desde ya”, cuenta James Rodríguez, encargado de Jisu.

Con todo, la prohibición de atender comensales adentro también afecta a Madero Este. Tampoco ayuda que, aunque el barrio haya visto aumentar su población, siga siendo mucho menos denso que la media porteña.

De hecho, quedan pocos restaurantes de gran envergadura del lado este. Osaka, sobre Juana Manso, es uno de ellos. “En abril tuvimos 21 cubiertos por día, menos de la mitad de nuestra capacidad -estima su dueño, Agustín Latorre-. Casi todas las propuestas de alta gastronomía se han ido del barrio. No sabemos cuánto más podremos aguantar”.

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