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Villa Devoto entre los “circuitos caminables” con el que buscan empezar a reactivar el turismo

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La iniciativa que se implementa desde este domingo tiene como eje los barrios en los que ya están habilitadas áreas peatonales con mesas y sillas de locales de gastronomía, que fueron habilitados durante las últimas aperturas de la cuarentena.

Los primeros 6 circuitos caminables estarán en Barracas, Villa Crespo, Colegiales, Chacarita y Belgrano, luego para continuar ampliando la oferta turística, se agregarán Almagro, Caballito, San Telmo, Villa Devoto, Nuñez y Villa Urquiza.

En total, habrá 223 puntos recomendados para visitar, entre los cuales se destacan el icónico Cementerio de Chacarita, el famoso Mercado de Pulgas del barrio de Colegiales y el Barrio Chino, en Belgrano.

El Gobierno porteño aplica su plan de puesta en marcha gradual de actividades, desde el turismo buscará al menos una incipiente reactivación con recorridos internos y paseos por espacios al aire libre. Será para quienes residen dentro de la Capital, pero al mismo tiempo con el objetivo de ir preparando el terreno para cuando Buenos Aires vuelva a recibir visitantes.

Como refuerzo para la iniciativa, hay comerciantes que ofrecerán descuentos de un 10% y 15%. Para obtenerlos hay que descargar un cupón de https://turismo.buenosaires.gob.ar/es. Allí también están los mapas con los circuitos. Además, desde el sitio también podrán bajarse los datos de cada espacio a visitar.

El turismo es una de las actividades más afectadas por la cuarentena y el coronavirus, según las estimaciones oficiales, en la Ciudad de Buenos Aires hubo un 73.3% menos de visitantes, lo que representó US$ 1.086 millones menos en ingresos. Con lo hoteles aún cerrados casi por completo, y los vuelos suspendidos casi en su totalidad, todo hace pensar que la reactivación será lenta.

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Tras las huellas de Maradona en Villa Devoto, el barrio que eligió el Diez luego de Fiorito y La Paternal

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La Mitsubishi Montero negra frenó en el semáforo de Beiró al 4200, mano a General Paz. Y ahí cometió la primera infracción: dobló hacia la izquierda. La segunda falta fue ahí mismo, sobre Sanabria, una de las calles más transitadas de Villa Devoto, y por la que pasaban y pasan dos colectivos. Aceleró en contramano hasta la otra esquina.

Al llegar a José Pedro Varela, frenó en la puerta de “El café de García”. En la maniobra para estacionar sobre la ochava, tocó a un auto. El otro automovilista bajó dispuesto a pelearse. Estaba muy enojado. El que sería su rival, salió de la camioneta y se dejó ver: de ojotas, short y musculosa. Era Diego Armando Maradona.

“Diego, hacelo mierda si querés… te dejo”, dicen en el café que dijo el dueño del auto chocado, después de reconocerlo, saludarlo y abrazarlo. Un policía tuvo la misma actitud. Se acercó para multarlo, pero cambió de parecer al ver quién era el infractor. En el café lo esperaban dos clientes habituales, de los tantos que paraban en el lugar: Coco Villafañe, su suegro, y Carlos Fren, su compañero en la dupla técnica de Mandiyú de Corrientes y Racing.

“Los orígenes del Diego son en Fiorito. A los 15 años, Argentinos Juniors le regala una casa y se muda a La Paternal. Pero cuando pasa a Boca y puede eligir dónde comprar su casa por primera vez, se viene a Devoto. Desde ese día, siempre se relacionó con nuestro barrio”, dice uno de los clientes del café. Y continúa: “Es más: compró otras propiedades. Todas están del otro lado de Beiró, que es la zona residencial del barrio. Pero Diego siempre vino para este lado, donde vivimos los laburantes”.

Aquella primera casa de Maradona en Devoto es la de Cantilo 4452. Desde ese día, la historia del barrio cambió. Tanto, que podría organizarse un tour contando la relación entre la familia, Devoto y sus lugares. Primero, porque cientos de vecinos de la zona y alrededores se acercaron a festejar frente al inmueble, el título mundial de 1986 y el pase a la final de 1990. Segundo, porque los más chicos llegaban constantemente en bicicletas. Tocaban la puerta y preguntaban si se encontraba Diego. “Lo más loco es que te abrían todos los días. Los familiares nos daban unas tarjetitas que tenían su firma y nos volvíamos contentos”, recuerda un remisero de una agencia de Lope de Vega.

Más adelante, Diego compró la propiedad de Segurola 4310 (y Habana), que quedó en la memoria de todos a partir de su cruce con Julio César Toresani, invitándolo a pelear en esa esquina, en la que hoy hay pasacalles, flores y cartas que lo recuerdan. Es más, la semana pasada la Legislatura porteña votó colocar una placa en la que será la “esquina Diego Maradona”.

La tercera es una casa ubicada sobre Pareja, a la altura de la Plaza Arenales. Allí, en la actualidad, funciona la inmobiliaria “Maradona Propiedades”, de uno de sus hermanos. Otra propiedad que compró Diego, para otro de sus hermanos, está en Nazarre y Benito Juárez. Y otra en Bahía Blanca y Mosconi.

Diego, además de relacionarse con el barrio, se relacionó con General Lamadrid, el club del barrio. Solía ir con Claudia a los bailes de carnaval y los lunes de 21 a 22 alquilaba la cancha de 11 para jugar con Jorge Cyterszpiler y otros amigos. En 1987 un periodista de la revista El Gráfico le preguntó si se retiraría en Boca. Respondió que no. Que su retiro sería jugando en Lamadrid, jugando de dos, por ser el equipo de su barrio.

“Una de las veces que vino, agarró una bola del pool”, cuenta Juan, uno de los mozos de El café de García. “Se puso a hacer jueguitos y de un rodillazo, metió la bola en una de las esquinas”. Apenas entró, se detuvo a ver los cuadros con sus imágenes. Pidió firmarlos. En esa visita descubrió un par de botines que habían sido suyos, colgados. Los había regalado Villafañe. Maradona se enojó con él. Porque creía haberlos perdido. Pero aclaró que se alegraba de que estuvieran en el bar.

Durante años, para cada cierre de año, el café invitaba a sus clientes de siempre. Esas noches se podía comer, tomar y consumir lo que quisieran, sin cargo. Diego se apareció varios veces, invitado por los clientes. Se sumó a los festejos como uno más. Incluso, hasta participó de un asado en el galpón de uno de los habitués. Pero lo más recordado es lo que pasó el día que llegó en la Montero.

Diego decía tener un casamiento o un evento para la noche. Su problema, planteó, era que si volvía a su casa a cambiarse, Claudia no lo dejaría salir. Entonces, un par de clientes cruzaron a un local de ropa. El dueño era un turco, que en su vida imaginó que terminaría vistiendo a Maradona. Faltaban los zapatos. Llamaron a otro comerciante, de la vuelta. “Está Diego y necesita zapatos. Traete un par de modelos”, le pidieron. Y así se fue.

Los chicos no eran los únicos que frecuentaban la casa de Cantilo. Rodrigo vivía a dos cuadras. Cada vez que tomaba un taxi o remís para regresar a su hogar, el chofer preguntaba lo mismo: “¿te jode si entro por Cantilo? Para ver si lo enganchamos al Diego”. Los 29, los Maradona pedían ñoquis a Milena, un local del barrio. Los jóvenes que trabajan de deliverys se peleaban por ir. Luego de recibir los 2 pesos de propina de Don Diego, le preguntaban por su hijo. Nunca estaba.

“En esa misma manzana vivía un ciudadano chino”, cuenta José Pintimalli, agente inmobiliario del barrio. “Cada fin de año, era como una especie de competencia por ver quién tiraba más fuegos artificiales”. Una parte del barrio recuerda a Maradona por lo mismo. Que a las 3, 5 o 6 de la mañana sonaran todo tipo de proyectiles, era señal de que Diego había llegado a la casa.

Pintimalli, en la inmobiliaria que lleva su nombre, recuerda varias cosas más: que la inmobiliaria que le vendió la casa de Cantilo quedaba en Segurola y Beiró, y fue famosa por esa venta. Que Diego paraba en un bar de copas de San Martín y Navarro. Y que solía frecuentar el restaurante Viñetas Porteñas, de Beiró al 3300. En ese lugar se organizó la última cena para el plantel de la Selección, antes de viajar a México. Y a la vuelta, festejaron en el mismo lugar. A Diego también se lo veía en scooter. Muchas veces pasaba por la casa de Sergio “Checho” Batista, en Beiró y Segurola. Si no lo encontraba, le pedía al dueño de la tintorería que estaba enfrente que le dejara su mensaje apenas lo viera llegar.

Otro lugar histórico de la zona en el que se lo vio es la pizzería El Fortín. Allí, cuenta Sebastián, nieto de los fundadores, entró Diego una vez. Intentó comer una porción de parado, una acción clásica para todos los vecinos y no vecinos. Pero no pudo. Los clientes se le abalanzaron tanto que se tuvo que ir. Otras veces llegaron sus choferes o asistentes, encargando pizzas que decían ser para Diego. Villafañe, el suegro de Maradona, era cliente fijo. De esos que pasan tres o cuatro veces por semana por la barra de la pizzería.

“Los medios hablan de Fiorito, Nápoles, La Paternal. Pero no dicen nada de la parte de Devoto”, opina Norberto Malaguti, presidente de la Junta de Estudios Históricos de Villa Devoto. “Está claro que el barrio le gustaba. No solo a él, sino a toda la familia. Fijate que pasó por quintas, countries. Pero a las propiedades de Devoto nunca las vendieron. A Don Diego se lo podía ver tomando mate en la plaza Arenales, tomando mate con los cuidadores”.

Don Diego siempre tuvo hábitos de un vecino normal. Tal vez, más propios de los habitantes que vivían del otro lado de Beiró, del de la cárcel: era común que sacara una silla y una mesa a la vereda, y se pusiera a tomar mates. Muchos lo veían en la agencia de quiniela de siempre. O caminando. Solo. Solía pasar por el puesto de diarios de Beiró y Chivilcoy, y saludar al diariero. Hacía lo mismo en un taller mecánico de José Pedro Varela y Chivilcoy. Otra parada era en una fábrica de Marcos Paz y Vallejos, donde pedía que lo dejaran pasar al baño. Sergio “Pollo” Pelliccioni, dueño de S.A.N.D.R.A. Deportes, en General Paz y Lope de Vega, también pasó a formar parte de sus caminatas.

“Resulta que un día veo a un señor mayor apoyarse sobre nuestro frente”, comenta. “Me acerco y lo veo agitado. Estaba cansado. Lo reconocí, pero no le dije nada. Solo le ofrecí un vaso de agua. A partir de ese día, dos o tres veces a la semana pasaba a saludarnos. Se quedaba a conversar. Le dimos dos camisetas y nos las devolvió con la firma de Diego. El médico le había dicho que tenía que caminar. Y salía solo, como cualquier vecino”.

Pelliccioni, que es el papá de Matías, uno de los últimos periodistas que entrevistó a Maradona, se había relacionado con Don Diego mucho antes. Vivía, y vive, en Villa Real, pero trabajaba en una tintorería de Devoto. Los Maradona eran clientes. Sergio tenía una camioneta Citroen vieja. La usaba para hacer el reparto. A veces, después de entregar las sábanas y ropa limpia en Cantilo, no podía arrancar la camioneta. Don Diego, al verlo, salía y lo ayudaba a empujarla. Años después, Sergio pasaría a trabajar en un taller mecánico. Cada vez que terminaba un auto y salía a dar una vuelta para probarlo, encaraba hacia Cantilo. La ilusión era la misma que todos los que se desviaban para pasar por ahí: cruzarse a Diego.

Los Villafañe también eran de Devoto. Vivían en Bermúdez y Baigorria, a cien metros de la cárcel. Claudia festejó sus 15 en Juventud de Devoto, el club de la vuelta de su casa. Hizo la secundaria a diez cuadras de allí. Muchas veces, Diego la iba a buscar a la salida. En esa época, llegó a hacer una donación para la escuela.

Pero así como había chicos del barrio que iban en bicicleta a tocar la puerta de Cantilo, había otros que lo recibían en su casa. Eran los amigos de sus sobrinos que jugaban en el club Allende, de Melincué y Allende. En cada regreso les traía ropa del Barcelona y Nápoli y juguetes. Además, les avisaba que lo esperaran, que pasaría a saludarlos. En Marcos Paz y Nazarre, a cien metros del club, se lo vio sacándose fotos y firmando autógrafos. Esos mismos chicos se dieron otro gusto único: entrar a la casa de Cantilo. Jugaban con las pelotas que Puma le regalaba a la familia. “Podíamos romper los vidrios de los pelotazos. Y nadie nos retaba”, recuerda un vecino. Como si fuese hoy, en el barrio que más tiempo lo disfrutó.

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Villa Devoto: detienen a un hombre con un auto robado detectado por el Anillo Digital

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Con el aporte de las cámaras del Anillo Digital, la Policía de la Ciudad detuvo a un hombre que circulaba sobre la avenida General Paz, a la altura de Villa Devoto, a bordo de un auto robado y documentación falsificada.

El hecho se registró horas atrás, cuando la División Anillo Digital, a través del Sistema Ulra IP, detectó a la altura de Villa Lugano, a un Peugeot 207 que portaba patente original cuando a ese dominio correspondía un duplicado.

Inmediatamente personal de esa división consultó al Sistema de Antecedentes Policiales, que corroboró que había una Gestión de Actuación Policial (GAP) caratulada “hurto de chapa patente” del 11 de marzo último, a solicitud de la Fiscalía en lo Criminal y Correccional 15, a cargo de la Dra. Mariana Fernanda García, secretaría única de la Dra. Laplana, labrada en la Comisaría Vecinal 8B de la Policía de la Ciudad.

A través del seguimiento en tiempo real por las cámaras, personal de la División Anillo Digital interceptó al auto en cuestión en General Paz y Concordia, en Villa Devoto, sentido Río de la Plata.

Al pedirle identificación dio un nombre, por el cual el Sistema de Antecedentes señaló que no contaba con impedimentos. Al proceder a la revisión del auto, los oficiales constataron que los números de chasis y motor no correspondían a la patente que llevaba puesta el vehículo, sino que pertenecía a otro Peugeot 207, con pedido de secuestro activo por “robo automotor” del 18 de marzo de este año, a solicitud de la UFI 1 de Esteban Echeverría.

Los policías también dejaron constancia que la cédula verde no correspondía con el número de control y ni con los de dominio, motor y chasis. Mientras el personal policial realizaba la verificación de todos los datos, al observar detenidamente el DNI que mostró el involucrado, se percató que no era el de la foto, por lo cual se le consultó nuevamente su filiación, admitiendo que el DNI que aportó era de su hermano y que el suyo propio no lo tenía.

En consulta a la Fiscalía en lo Criminal y Correccional 2, a cargo del Dr. Carlos Rívolo, secretaría única del Dr. Fontenla, no dio trámite de flagrancia, por lo cual se consultó al Juzgado en lo Criminal y Correccional Federal 7, a cargo del Dr. Sebastián Casanello, secretaría 13, a cargo del Dr. Martín Smietniansky, que dispuso la detención del conductor por los cargos de falsificación de documento público/privado y encubrimiento, su traslado a la Comisaría Vecinal 11B de la Policía de la Ciudad, el secuestro del vehículo, cédula verde y las chapas patentes, y el traslado del auto a la playa judicial Lastra.

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Villa Devoto: pese al alza de contagios suman áreas peatonales en el polo gastronómico

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Para intentar garantizar el distanciamiento social en la vía publica, en Villa Devoto delimitaron y prepararon lo que será una de las 15 áreas peatonales transitorias de la Ciudad que funcionarán los fines de semana.

Las demarcaciones se hicieron sobre la calle del polo de Fernández de Enciso entre Mercedes y Asunción en el barrio de Villa Devoto. Se intentara que con estas demarcaciones la gente mantenga la distancia social y evitar seguir contagiándose de Covid-19. De está manera los locales habilitados, podrán colocar mesas y sillas separadas.

A su vez, desde este sábado, los locales gastronómicos que ya tenían permiso para sacar las mesas a las veredas podrán demarcar un sector para bajar sus mesas a la calle, en el área que se usa para estacionar. Hasta ahora, ya son 900 los restaurantes y bares con esa autorización. Unos 300 gestionaron el permiso en los últimos días.

“En aquellos lugares en los que estas áreas no funcionen, haremos cambios y modificaciones. Estamos yendo a una velocidad en la salida de la pandemia, que muchas cosas casi que las estamos probando en el momento en que las estamos implementando. Y eso es parte del aprendizaje de lo que estamos viendo de otras ciudades del mundo”, explica Juanjo Mendez, secretario de Transporte y Obras Públicas de la Ciudad.

“Decidimos peatonalizar una calle por comuna los fines de semana para que la gente tenga más espacio para circular y hacer sus actividades de la manera más ordenada y segura posible. Queremos seguir recuperando libertades, priorizando siempre el cuidado de la salud y de todos los avances que conseguimos hasta el momento”, resalta Felipe Miguel, jefe de Gabinete de la Ciudad.

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Peluquero de Villa Devoto es escrachado y acusado de violación y acoso sexual

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En la mañana de hoy un grupo de aproximadamente cincuenta chicas escracharon en la puerta de su peluquería a Daniel Moronta, acusado por violacion, acoso sexual y tambien está siendo investigado por pornografia infantil.

Un estilista acusado de al menos 5 abusos reabrió sus locales en Villa Devoto (Av. San Martín 5900) y Sáenz Peña como parte del cronograma de aperturas programadas en cuarentena. Al ver la reapertura, los vecinos y damnificadas se manifestaron en la puerta de ambos locales en pedido de justicia.

La causa comenzó en 2019, cuando el peluquero Daniel Moronta, fue denunciado en la justicia por abusar de cuatro menores con la excusa de hacer fotos para una supuesta marca de ropa extranjera. Además, recae sobre él otra denuncia por violación y una por pornografía infantil.

Una de las manifestantes contó ante las cámaras de C5N que se hicieron presentes, que “las chicas abusadas eran del círculo íntimo, sobrinas, sobrinas postizas o hijas de amigos y que tenían máxima confianza en el. Las convencía de hacer una producción fotográfica en un departamento para luego hacer fotos en ropa interior y cometer el abuso”.

En febrero hubo cambio de carátula y después con la cuarentena no se pudo hacer las pericias psicológicas. “Hasta ahora tuvo la peluquería cerrada por las restricciones que había por el Covid-19, pero cuando las chicas se enteraron de que reabría fue un golpe tremendo”, explicó Gabriela, madre de una de las denunciantes.

Villa Devoto Peluquero acusado de abuso
Escrache en la peluqueríaa de Daniel Moronta en Sáenz Peña

La mujer confirmó que el peluquero habría amenazado a las chicas para que no lo denuncien. La víctima declaró ante la fiscal que Moronta la violó cuando tenía 14 años. “Me puse la causa al hombro, trabajé con él 14 años, éramos amigos, lo cual es un dolor tremendo. Desde el día uno fui a la Justicia y confío en el proceso que se está llevando a cabo”, dijo la mujer.

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Cómo un hecho delictivo en Villa Devoto convirtió a un hombre común en un “justiciero”

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Ingeniero Santos Villa Devoto

En junio de 1990 en Villa Devoto, el ingeniero Horacio Santos asesinó a dos delincuentes que le habían robado un pasacasete. Su caso generó tanto adeptos como detractores en la discusión entre “justicia por mano propia” y “exceso de legítima defensa”.

El sábado 16 de junio de 1990, en horas del mediodía, el ingeniero Horacio Aníbal Santos se encontraba junto a su mujer en la galería de Villa Devoto frente a la plaza Arenales. De pronto escuchó la alarma de su cupé Fuego que se había accionado. Dos jóvenes, Osvaldo Aguirre y Carlos González, le habían robado el pasacasete, un hecho que había sufrido en otras doce oportunidades.

Subió con su esposa a su vehículo y se decidió a perseguir a los ladrones, que iban en un Chevy sedán. La persecución se produjo por las calles del apacible barrio de Villa Devoto y logró darles alcance.

Ingeniero Santos Villa Devoto

Con los coches a la par, la mujer del ingeniero se asustó y gritó: “¡Nos van a matar!”. Le pareció que uno de ellos buscaba algo en el vehículo. Esto no intimidó a Santos que, sin detenerse, les hiciera dos disparos con un arma que llevaba y en cuyo manejo era hábil.

Los ladrones, que no portaban arma alguna, murieron en el acto al ser alcanzados con una bala en la cabeza cada uno.

El doble homicidio generó en los medios de comunicación un debate inmediato sobre las figuras del gatillo fácil, la justicia por mano propia y la legítima defensa que nunca fue saldado y muchos comenzaron a referirse a Santos como “el justiciero”. Santos estuvo detenido por un breve lapso y luego se lo liberó a la espera del juicio.

Como consecuencia del hecho se abrió un proceso penal en el cual Santos fue condenado, en el año 1995, a tres años de prisión en suspenso por homicidio con exceso en la legítima defensa.

Ingeniero Horacio Aníbal Santos

Por su parte las familias de los fallecidos le iniciaron un juicio civil reclamando indemnización. Con la familia de González el homicida arregló entregándoles un departamento y en la demanda de la familia de Aguirre hubo, en 2001, una sentencia a pagar 101.425 pesos.

Santos apeló y obtuvo que se declara la existencia de culpa concurrente y su responsabilidad se redujera al 20% pero antes que se fijara la suma definitiva las partes llegaron a un acuerdo en diciembre de 2004.

Santos tenía al momento del hecho una pequeña empresa pero los gastos e indemnizaciones lo dejaron sin dinero, pero uniéndose a sus hijos que estaban en la misma actividad -tratamientos de superficie y corrosión- pudo sacarla adelante. Según una nota periodística publicada veinte años después, su abogado informó que desde entonces Santos no ha vuelto a tocar un arma.

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