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Comuna 15

Tren San Martin: Larreta prometió que en seis meses estarán listas las estaciones de La Paternal y Villa Crespo

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Estacion Villa del Parque

El jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, estima que en seis meses estarán terminadas las estaciones elevadas Villa Crespo y La Paternal del viaducto San Martín.

“La obra estuvo parada porque la empresa (que ganó la primera licitación Green SA) quebró, hicimos una licitación nueva y ya tenemos una obra nueva”, dijo Rodríguez Larreta durante un chat con vecinos y usuarios.

La quiebra de Green paralizó las obras y perjudicó a cerca de 50 pymes que habían sido contratadas por esta firma, que dejó sueldos impagos, pese a que Autopistas Urbanas SA (AUSA), empresa estatal porteña, le había pagado en tiempo y forma a Green.

Recordamos que estas obras se realizaron en el marco del plan que el gobierno porteño tiene para eliminar la totalidad de las barreras en la ciudad de Buenos Aires. Por tal motivo se realizó este viaducto elevado que va desde la estación Palermo a La Paternal y permitió eliminar 11 barreras correspondientes a los cruces con las avenidas Córdoba y Corrientes, y las calles Jorge Newbery, Garmendia, Honduras, Gorriti, Cabrera, Niceto Vega, Loyola, Ramírez de Velasco y Girardot.

Por otra parte, se generarán 9 cruces seguros adicionales para el tránsito, en las calles Castillo, Aguirre, Vera, Villarroel, Iturri, Caldas y Montenegro, y otros 2 para circulación exclusivamente peatonal, en las calles Concepción Arenal y Leiva.

En toda la traza se generarán nuevos espacios verdes, zonas de servicios y áreas de esparcimiento que fomentarán la integración y recuperarán la vitalidad de los barrios de Palermo, Villa Crespo y Paternal.

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Agronomía

En Agronomía se encuentra el hospital escuela de mascotas más importante de la Ciudad

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Atención veterinaria gratuita en la Ciudad

Escondido en Agronomía y dependiente de la UBA, cada día se atienden aquí más de setenta casos. El precio que cobran es módico y la atención, de excelencia. Cada jornada se cruzan en sus pasillos historias de dueños y veterinarios. Cada día se curan, se tratan, mueren, son dejados y rescatados cientos de animales.

Si a uno le dijeran que existe un lugar público en plena Ciudad de Buenos Aires en donde atender a su mascota con los mejores profesionales –formados en las más diversas especialidades-, con instalaciones en donde tomarle todo tipo de muestras y realizarle todo tipo de estudios, a un precio módico, no dudaría en conocerlo.

Si a uno le dijeran que para poder ser atendido tiene que levantarse a las tres de la mañana, para llegar antes de las cinco y conseguir, si tiene suerte, un turno, probablemente empezaría a dudarlo, si es que no desistió inmediatamente. Si a uno le contara alguien que ya lo hizo, que todo esto vale la pena, porque animales que fueron dados por perdidos encontraron su cura, volvería a considerarlo.

Todas las noches, más de sesenta personas hacen este sacrificio para que sus mascotas sean atendidas en el Hospital Escuela de la Facultad de Veterinaria de la UBA.

El Hospital es casi un secreto. No muchos saben de su existencia y hasta resulta difícil encontrarlo desde la calle. Emplazado a mitad de una larguísima cuadra en el número 4351 de la avenida San Martín, se accede mediante una puerta gris, pequeña, diminuta si se tiene en cuenta el universo que esconde.

Allí se inician, cada madrugada, cientos de trayectorias que se entrecruzan: las de las mascotas y sus dueños, y las de los profesionales que día a día se enfrentan al desafío de curarlos, tomar decisiones que pueden implicar su vida o su muerte, enseñarles a los estudiantes que hacen pasantías o cursan materias, resolver qué hacer con los animales que muchos abandonan, lidiar con la psicología y hasta en muchos casos la agresión de los dueños. Y la mayoría de ellos, sin cobrar. Bienvenidos al mundo del Hospital Escuela.

La postal del hall de entrada a las nueve de la mañana, el horario pico, es digna de una foto, de una caricatura o de algún tipo de retrato. Entre los laberínticos pasillos, las filas podrían ser como las de cualquier trámite, con la pintoresca diferencia de que cada uno lleva de la mano una correa con un perro, un bolso con un gato, un conejo en brazos, un pato en el regazo, o un loro en una jaula. La otra diferencia la da el olfato: la mezcla única de olor a perro y Espadol es penetrante.

Resulta difícil no mirar un cartel pegado en la pared, al lado de la ventana: “En caso de agresión llame al personal policial o a Emergencias. En caso de continuar, llame al 911 o al 0800-33 FISCAL”. Lo pusieron hace poco, luego de que los médicos, tal como ocurre en la mayoría de los hospitales públicos, sufrieran la agresión de un hombre furioso por la muerte de su perro. Tuvieron que encerrarse y no lograron salir hasta las doce de la noche, cuando llegó la policía.

“A veces es enloquecedor, con las mascotas se juega algo muy personal, sobre todo hay alguna gente que puede llegar a ponerse muy violenta. Te exigen que los salves y si no se llega a poder, vos les mataste el perro” comenta una mèdica en la sala. Se nota, la relación de los profesionales con el Hospital es tan intensa como exigida, tan demandante como gratificante, tan sacrificada como valorada. Amor-odio, así la definen. “Hay días que me digo ‘no vuelvo más, basta’. Pero cuando no vengo por un tiempo lo extraño. No lo dejaría por nada”.

Solo quien ama a los animales trabaja con tanta paciencia y compromiso. Solo quien ama a los animales pasa la noche en vela, a la vera de una calle desierta, para hacer atender a su mascota.

La tarde avanza y el trabajo no amaina. Dentro de poco serán las nueve y el Hospital cerrará sus puertas. Sin embargo, solo pasarán tres horas hasta que la entrada empiece a poblarse de dueños de perros y gatos que darán comienzo, una vez más, a un sinfín de historias que se escriben y se reescriben, como en una espiral.

Probablemente traigan mate y se acomoden uno al lado del otro haciéndose compañía. Posiblemente intercambien anécdotas de sus mascotas. Les espera una larga noche.

Hospital escuela:
Av. San Martín 4351, Agronomía, CABA
Admisión: 4524-8455/8348 / admision@fvet.uba.ar para informes y turnos
Ver en el mapa (Street View)

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Agronomía

El sábado se despide el carnaval porteño en el Barrio Rawson de Agronomía

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Carnaval barrio Rawson

En un encuentro que tendrá lugar el sábado 29 de febrero a las 19 h en la Plaza De la Púa (o Plaza Cortázar) los vecinos se reúnen para compartir el último día de este Febrero carnavalero.

El Colectivo Barrio Rawson, junto a vecinos de la zona, organizan este carnaval para celebrar el encuentro. Con la idea de que el pueblo se hace fuerte en las calles, la actividad fomenta los lazos comunitarios desde el arte, el juego y la unión vecinal.

La organización del Carnaval es horizontal y entre todos aportan algo para poder llevar a cabo el encuentro. Habrá música en vivo, realizada por cantantes y músicos del barrio.

Podrán disfrazarse (grandes y chicos) y jugar con agua y espuma. También habrá juegos y actividades literarias que promuevan la lectura y la imaginación. Una mesa de publicaciones barriales y de libros estará disponible.

Hace dos años se realizó el primer Carnaval en el Barrio Rawson con actividades artísticas y lúdicas, como también de concientización ambiental y comunitaria.

Barrio Rawson

El Barrio Parque “Guillermo Rawson” es un conjunto de viviendas construido en el barrio de Agronomía, en la ciudad de Buenos Aires. Es considerado uno de los barrios no oficiales que no se encuentran entre de los 48 reglamentados en 1972.

Estuvo compuesto originalmente por dos sectores diferenciados. Por un lado, 104 casas individuales sobre un trazado de pasajes en una superficie de contorno triangular, entre las calles Espinoza, Tinogasta y Zamudio. Por el otro lado, un conjunto de 9 edificios de departamentos de planta baja y 3 pisos altos distribuidos dentro de un parque.

Barrio Rawson, Agronomía
Barrio Rawson, Agronomía

Los departamentos se distribuyeron de a 8 por edificio (en total son 72), contando con hall, comedor, 3 dormitorios, living, cocina y patio cubierto. Las casas unifamiliares contaron con una sala común, 4 dormitorios, baño, cocina, lavadero y despensa.

Además, el barrio posee una plaza de uso público con un gran tanque de provisión de agua. En este barrio vivió el escritor Julio Cortázar, y en homenaje a él, la calle Espinoza ahora lleva su nombre.

Fue uno de los proyectos de barrios planificados por la Comisión Nacional de Casas Baratas (CNCB), un organismo estatal creado por la Ley Nacional nº 9677 en 1915, iniciativa del diputado cordobés Juan F. Cafferata. Se construyó en el año 1928-1930 se inauguró en el año 1934.

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Agronomía

La feria de Agronomía, donde los productores venden mercaderías directamente al consumidor

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Unos 80 emprendedores y cooperativas ofrecen en el predio de la facultad de Agronomía cultivos sin agrotóxicos y derivados artesanales; es un lugar de encuentro entre el barrio y la universidad

De fondo se escucha la señal que anuncia que el tren Urquiza se acerca a la estación Arata, en el barrio de Agronomía. Mientras Pérez cuenta cómo, junto con otros productores de La Capilla, en Florencio Varela, producen sin agrotóxicos, sus compañeros pesan y cobran las verduras en el puesto que armaron sobre la Avenida de las Casuarinas para la edición de julio de la Feria del Productor al Consumidor.

La feria se realiza desde hace dos años en el predio de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba). Allí, los productores como Pérez pueden saltear a los intermediarios de la cadena comercial y vender mercaderías directamente al consumidor.

Los vecinos la llaman la “feria de Agronomía”. Se desarrolla el segundo fin de semana de cada mes, cuando 80 emprendedores, productores y cooperativas instalan sus puestos en el ancho camino de tierra que une las vías del ferrocarril con la avenida San Martín. La Avenida de las Casuarinas es la arteria principal del sector que ocupa la Facultad de Agronomía en el predio que comparte con la Facultad de Veterinaria, limitado por las avenidas San Martín, Constituyentes, Beiró y Chorroarín.

En este lugar todas las “calles” tienen nombres de árboles: desde la avenida Constituyentes se ingresa primero por el Camino del Aguaribay, que más adelante se convierte en el Pasaje de los Eucaliptos. Antes de llegar a las vías del tren, a izquierda y derecha se abren el Camino de las Tipas y luego el Camino de las Magnolias. Después de cruzar el paso a nivel, y en paralelo a las vías, está el Camino de los Granados.

Gustavo Schrauf, secretario de Desarrollo y Relaciones Institucionales de la Fauba, destaca que la feria recuperó un “espacio de encuentro” entre la universidad y el barrio, algo que se había perdido. “Cuando está lindo vienen miles de personas”, celebra. Mientras el área que pertenece a Veterinaria está cerrada por cuestiones de seguridad, la parte de Agronomía está abierta durante todo el día y sólo cierra de noche.

“Actividades como ésta hacen que venga más gente todavía y es una alternativa para que cuidemos el espacio entre todos”, enfatiza Schrauf.

“La feria tiene tres patas: la Facultad, la cátedra libre de Soberanía Alimentaria y los feriantes. Forman un colectivo donde se toman las decisiones en asamblea”, explica Mariano Vidal, miembro de la cooperativa Tekoa, que reúne a 10 productores de hongos shitake y gírgolas de la zona de Mercedes, Pilar, Luján, Marcos Paz, General Rodríguez, Capilla del Señor y Carlos Keen. “Además, funciona democráticamente y se autofinancia, lo cual no es poco. No hay un peso de ningún programa o proyecto público, más allá del apoyo de la facultad”, agrega Carlos Carballo, titular de la cátedra libre.

Hace dos años, la primera vez que se hizo la feria, hubo cuarenta puestos. Ahora suelen ser entre 65 y 80, que ofrecen todo tipo de productos: verduras, mermeladas, alfajores, azúcar mascabo, harina integral, escabeches, plantines, miel, cuadernos, cuencos de cerámica, tejidos, artesanías.

La cooperativa Colectivo Solidario, por ejemplo, sólo comercializa productos de la economía social, como yerba misionera de distintas cooperativas de trabajo, miel entrerriana y galletitas de la panificadora recuperada Azul. Los productores de Puente Verde expenden verduras orgánicas, queso de cabra, escabeches y distintas variedades de té misionero. Otro puesto fijo es el de la Energicleta: hay que pedalear para activar la licuadora que hace jugo de espinaca, naranja y jengibre.

Los stands de comida suman atractivo a la feria: al mediodía, el césped es un festival de familias y grupos de amigos que comparten empanadas, crepes, hamburguesas, jugos naturales, papas fritas, arepas, tacos y sopa paraguaya. “Venimos porque venden productos orgánicos, sanos, sin agrotóxicos, y porque los precios son bastante razonables”, coinciden Claudia y Candela, madre e hija, que todos los meses viajan juntas 20 minutos desde Caballito para comprar verduras frescas, quizás alguna mermelada o queso artesanal y, de paso, almorzar.

Antes de irse, pasaron por el puesto de Cami, que estudia producción vegetal orgánica y prepara las hamburguesas de lenteja y mijo que, junto con la sopa casera de calabaza, fueron el hit de la última edición.

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La Paternal

La cueva de La Paternal donde los mayores de 30 reviven su adolescencia con flippers y videojuegos vintage

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Es la música del Playland de Monroe y Triunvirato (Villa Urquiza), de “los Play” de Paysandú y Espinosa (La Paternal) o de los “Peor es nada” de Beiró y Gualeguaychú (Villa Devoto). Y de tantos recuerdos más. Pero el frente es el de cualquier casa. La puerta de Añasco al 2200, en La Paternal, se abre y todo cambia. Es como si el mundo retrocediera 30 o 40 años. La musiquita es la misma. Y la cara de los que están frente a las 20 máquinas de arcade y flippers, también. Parecen embobados. Lo único que cambia es la edad. Ahora tienen entre 40 y 50.

“Nosotros vendemos nostalgia”, aclara Eduardo Fabricante, responsable de todo lo que pasa aquí adentro. El lugar se llama Clarck Entertainment. Se dedica a la venta, reparación y alquiler de arcades y flippers. O, como las llaman ellos, “máquinas de entretenimiento vintage”.

Hoy, un sábado a la tarde de verano, Eduardo cumple con un pedido que le hacían por redes sociales. “Ofrecemos el salón para eventos -cuenta Fabricante- Las empresas nos contratan y traen a su personal. También tenemos clientas mujeres que les regalan a sus maridos el alquiler del salón para el cumple de 50. Vienen a jugar con amigos. Pero muchos nos preguntaban si lo podíamos abrir para el público. Que querían venir solos o en grupitos chiquitos. Y decidimos probar. Es que es el ámbito en el que se juntaban muchos tipos que hoy tienen 40 o 50 años. Donde paraban con sus amigos. Para ellos es nostalgia pura”.

Por $ 750 por persona, se puede jugar en forma ilimitada con las 20 máquinas que hay en el lugar. La casa se parece a uno de los tantos “fichines” que hubo en la Ciudad y el Gran Conurbano. La Costa también se caracterizó por tenerlos, en sus peatonales. En este reducto de La Paternal, el servicio es completo: está la parrilla llena y se puede jugar tomando una lata de cerveza.

Diego Maidana dice que sus primeros “videos” fueron los de San Martín y Urquiza, en Caseros. Que después abrió un local a dos cuadras de su casa, donde empezó a pasar el tiempo con amigos. Y a los 13 o 14 llegó “la aventura” para un pibe como él: subirse al 146, bajarse en el centro, caminar hasta Lavalle y jugar toda la tarde en los Sacoa. Ahora pasaron cerca de 30 años y Diego está sentado, relajado, con una cerveza en la mano. Jugó casi tres horas a los flippers. Como ayer. La última vez, recuerda, había sido hace siete años. De casualidad encontró uno en el shopping de Devoto y se compró una ficha.

Ni bien entró, sacó su teléfono celular y grabó un video sobre el lugar. Se lo envió a sus amigos. A los mismos con los que paraba en los “fichines” de Caseros. “Se volvieron locos. ¡Nos pasábamos la tarde entera en ese lugar! Yo sabía que me iba a encontrar con gente así acá, cuarentones”, cuenta.

Diego vino con su hijo, que tiene 12 años. Quería compartir la tarde con él. Contarle qué hacía y cómo se divertía su papá a su edad. Y aprovechó para enseñarle ciertos tips. Lo paró frente a un flipper y le enseñó cómo parar la bola, cómo hacer un pase de bola, cómo hacer para sentir que los palos son la prolongación de sus manos y cómo llegar con más potencia a la lucecita a la que hay que apuntar. El nene dice que le agarró rápido la mano. Y que le gustó más que jugar a la Playstation.

Pero ahora el que habla como si fuera un nene es Diego, que trabaja en Informática. “Con una ficha podía jugar dos horas seguidas en un flipper. Les tenía la mano”, dice y se pone a contar los trucos para ganar bonus y recibir bolas extras. Por último, comenta que se compraría su flipper preferido. Pero que vale más caro que su auto: cotiza a 465 mil pesos.

Fabricante, el dueño de todo, dice que hay grupos de amigos que hacen una vaquita y cierran el lugar para ellos. Durante cuatro horas se turnan para pasar por todas las máquinas y hacen competencias. Juegan solos o de a dos. Y la suelen hacer completa: contratan un servicio de catering para compartir una comida o una barra de tragos.

Gerardo Subirana se toma un descanso. Acaba de hacer una de las cosas que más le gustan en la vida: jugar al Bubble Bobble. Empezó en unos videos de Lugano, su barrio. Años después se mudaría a Dynos, un local de Rivadavia y Nazca. Se pasaba los sábados a la noche frente a ese juego, rodeado de fanáticos como él. También se daría el gusto de conseguir un trabajo en unos “fichines”. Ahora trabaja de operador de radio.

En la pausa, muestra su celular. Abre Facebook. Un recordatorio de hace 7 años le muestra lo que publicó un día como hoy: “Ayer fui por el barrio de Flores y a mi infancia y a mis sábados a la noche los encontré en un container. Mucha gente también lo va a recordar. Hablo del local Dynos. Cerró en noviembre. Esta foto lo dice todo…”. En la foto, los restos del local estaban sobre un container. En el cierre del local, el dueño decidió venderle los juegos a sus clientes. Se los ofreció a todos. Los que pudieron, compraron.

En Facebook se puede leer otra frase que se refiere a su pasión. Es con una imagen del Bubble Bobble. “Dicen que todos tenemos un amor. Este es mi amor de la infancia y juventud. Desde 1986 seguimos juntos (SIC) y nos reencontramos por fin en un local de juegos”.

Hoy cuesta cada vez más generar ese reencuentro, porque el juego está disponible en muy pocos lugares. Y el ambiente es distinto. Una de esas cuevas queda en Rivadavia y Boedo. Es un bar donde se puede comer y hay un par de máquinas. Por la misma avenida, cruzando la General Paz y a la altura de Ciudadela, existe otra opción. Lo de esta tarde, afirma Gerardo, es lo más parecido a la verdadera esencia de los videojuegos.

Las mujeres son pocas. Cuatro, cinco, mezcladas entre treinta hombres. “Kamu” es una de ellas. Nació en Tailandia y aterrizó de bebé en Buenos Aires. Los primeros videos a los que llegó quedaban en Barracas, sobre la calle Piedras. Ahí la llevaba su papá. De adolescente empezó a parar en “Playland”, de Flores. “Era un lugar de encuentro para un montón de fanáticos. Ahí podías conocer aficionados del barrio o que estudiaban o trabajaban en la zona. Otros venían de otros barrios directamente a competir”, recuerda.

“Kamu” está acompañada por su novio. En la que fue la primera salida, él contó que tenía flippers en su casa. “¿Te gustan los flippers?”, preguntó ella, sin poder creer la coincidencia. Esa alegría la había llevado a preguntar algo obvio. No los iba a tener a modo de decoración… Desde ese día, cada noche que se ven en lo de su novio, juegan juntos. Compiten.

“Pero no es lo mismo que lo de hoy”, aclara ella. Vinieron a buscar eso que es imposible generar en una casa: el ambiente. “Acá hay gente, hay ruido, hay competencia con gente que no conocés, hacés amigos”. Todo lo mismo que veinticinco años atrás la hicieron parar en los “Playland” de Flores. La nostalgia es algo que no entiende de tiempos ni de edades.

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Agronomía

El Instituto de Oncología Ángel Roffo contará con cinco nuevos quirófanos de última tecnología

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En el año 2015, el ministerio de Educación de la Nación otorga un presupuesto a la Universidad de Buenos Aires para realizar obras en el Instituto Roffo. Inmediatamente y a solicitud del Sr. Director, Prof. Dr. Alfredo D Ortencio, el Sr. Rector de la Universidad de Buenos Aires, Prof. Dr. Alberto Barbieri dispone el inicio de un proyecto de reforma integral y profunda de la planta quirúrgica y su adecuación a todas las normas internacionales.

Esta decisión trascendental de las máximas autoridades de la U.B, A y del Instituto Roffo constituye un acto re-fundacional de la relación entre ambas instituciones, poniendo fin a décadas de desencuentros. El Instituto Roffo ha retornado, feliz, al seno de su madre.

Alberto Barbieri destacó “el gran impacto nacional y regional” que tendrá la obra ubicada en el predio del Instituto Roffo para la salud pública. “En nuestros hospitales, estamos preparando médicos y especialistas para el futuro -indicó-. La UBA no solo tiene el instituto de cáncer más importante del país (por el Roffo), que es referente también en América Latina; ahora, con este centro de alta complejidad, tendrá un nuevo espacio de investigación y preparación de sus médicos donde incrementar las residencias físico-médicas para seguir fortaleciendo la práctica y la investigación en esta área tan sensible para la salud de nuestra población”.

Crearán en Agronomía el primer centro de América Latina para tratar cánceres complejos

Es absolutamente justo decir que la remodelación de la planta quirúrgica constituye la obra de mayor importancia y envergadura realizada en el Instituto desde el alejamiento del Dr. Roffo. La obra, iniciada en el mes de marzo del corriente y llevada a cabo bajo proyecto y dirección de la Sub-secretaría de Refuncionalización Hospitalaria de la U.B.A y de la arquitecta del Instituto Roffo, María Florencia Bagnasco, con presupuestos mixtos aportados por Ministerio de Educación, la U.B.A y el Instituto Roffo, se encuentra en su última etapa de desarrollo y, a pesar del contexto económico adverso del país no se ha detenido gracias a la labor conjunta entre las autoridades del Instituto: su Director General y la Dirección Administrativa a cargo del Lic. Raúl Mosquera Arzamendia, la Comisión Gremial interna de A.P.U.B.A, el personal que integra el área Quirúrgica, las máximas autoridades de la U.B.A y las autoridades de la Facultad de Medicina, encabezadas por su decano, el Dr. Ricardo Gelpi, demostrando una vez más que cuando se trabaja en cooperación y con un fin común no existen obstáculos insalvables.

Una vez finalizada la obra, la nueva planta contará con cinco quirófanos de última generación que cumplirán con el 100% de las normas internacionales más exigentes, incluyendo un sistema de renovación y filtrado de aire ambiente y de climatización automatizada. Uno de los quirófanos será híbrido, apto para realizar tanto cirugías convencionales como procedimientos de onco-intervencionismo.

Los quirófanos estarán equipados con sistemas de iluminación de los más avanzados y dotados con cámaras que permitirán la filmación y transmisión en vivo de las cirugías con fines docentes y académicos. Contará, además, con una sala de recuperación post-operatoria y nuevas facilidades para el personal. De esta forma pacientes y trabajadores gozarán de unas instalaciones al más alto nivel. La finalización de la obra está prevista para el mes de noviembre del corriente.

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