García Lorca, Buenos Aires y un congreso mundial de literatos

El genial poeta y dramaturgo andaluz visitó la capital argentina entre octubre de 1933 y marzo del año siguiente. La noticia de su asesinato durante la Guerra Civil en España, conmovió a la opinión pública. Repercusión en un congreso internacional de literatos, el primero realizado fuera de Europa, que se desarrolló en el Palacio Legislativo hace 80 años, en setiembre de 1936.

“Labrad, amigos, / de piedra y sueño, en la Alhambra, / un túmulo al poeta, / sobre una fuente donde llore el agua, / y eternamente diga: / el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!”. A poco de ocurrido así denunciaba el sevillano Antonio Machado el asesinato de Federico García Lorca.

En aquel fatídico 19 de agosto de 1936 España se encontraba inmersa en una tragedia fratricida tras el alzamiento franquista contra la Segunda República. Era el preludio a los gritos de José Millán-Astray en la Universidad de Salamanca: “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!” que motivaron el retiro sin retorno del bilbaíno Miguel de Unamuno. Fue la antesala del bombardeo aéreo de la Legión Cóndor sobre Guernica, magistralmente retratado por el andaluz Pablo Picasso.

García Lorca fue asesinado junto a otros granadinos calificados como “elementos indeseables”. Tenía 38 años y era muy conocido en su país, en buena parte de Europa, en las naciones latinoamericanas y el mundo por sus vínculos con exponentes literarios, teatrales y de las bellas artes. A ello lo conducía casi de modo inexorable su multifacética condición de brillante poeta, director teatral con innovadores conceptos sobre la modernidad de la representación, músico relevante, dibujante notable, animador cultural inigualable como apunta Mario Goloboff.

La detestable mezcla de homofobia y apetitos de censura interrumpieron su vida y una producción artística que hubiese sido un mayor aporte aún a la cultura de la humanidad.

La noticia del fusilamiento repercutió de inmediato en Buenos Aires y no solo por la magnitud de la colectividad española residente que replicaba las mismas enconadas diferencias que padecía la península sino también porque permanecía muy fresca la fecunda visita que había efectuado en la primavera del año 1933.

La prensa, la radio y el público lo recibieron como un artista consagrado. Entre otros, anudó amistades con intelectuales tales como el escritor Pablo Rojas Paz y su esposa Sara, Conrado Nalé Roxlo, María Rosa Oliver, Norah Lange y Oliverio Girondo. Incluso, César Tiempo se jactaría en sus recuerdos publicados por el diario “Clarín” en julio de 1971, de haber oficiado una presentación con Carlos Gardel en el vestíbulo del Teatro Smart -hoy Blanca Podestá- donde se ensayaba su comedia “El teatro soy yo”.

Vino para ofrecer conferencias y presenciar la reposición de “Bodas de sangre”, con Lola Membrives, en el Avenida. Se habían conocido en 1931 e hicieron una gira hispanoamericana. “En los comienzos de mi vida de autor, yo considero como fuerte espaldarazo esta ayuda atenta de Buenos Aires, que correspondo buscando su perfil más agudo entre sus barcos, sus bandoneones, sus finos caballos tendidos al viento, la música dormida de su castellano suave y los hogares limpios del pueblo donde el tango abre el crepúsculo de sus mejores abanicos de lágrimas”, manifestó al público cuando finalizó la primera función.

Se alojó en el Hotel “Castelar” de la Avenida de Mayo caracterizada por su estilo madrileño. Para almuerzos y cenas frecuentó “El Tropezón” de avenida Callao, tiempo después desaparecido. Dirigió “La dama boba”, obra teatral de Lope de Vega. También improvisó en numerosos cafés.

Durante su estadía, en la casa de Rojas Paz conoció al chileno Pablo Neruda. A ambos, el centro argentino del P.E.N. Club -referido a “Poetas, Ensayistas y Novelistas”- el 28 de octubre de 1933 en el Hotel Plaza les dedicó un almuerzo en el que ofrecieron el emotivo recuerdo a Rubén Darío muerto en 1916 “por cuyo homenaje y gloria levantamos nuestro vaso”, dijeron. No fue casual. España había sido una de las primeras naciones en adherir a la organización en el año 1923 precisamente por impulso de García Lorca, Ramón Gómez de la Serna, José Martínez Ruiz y Azorín, entre otros. También en Buenos Aires fueron destinatarios de otro homenaje, el de Natalio Botana en su mansión. Y esto tampoco fue fruto de la casualidad porque el director del diario “Crítica” era por entonces un actor decisivo del momento político en España: tuvo la lúcida y profunda convicción de que la guerra civil sería la antesala de un conflicto de mayor magnitud que decidiría el ascenso de los totalitarismos de derecha.

Federico García Lorca se despidió el 27 de marzo de 1934 poblado por nuevos paisajes y amistades. Ricardo Ostuni afirmó que en Madrid recordaba, no sin un dejo de nostalgia, sus días porteños: “Nadie sabe, Buenos Aires lejano, Buenos Aires abierto en el fondo del tallo de mi voz, el interés y la jugosa inquietud que me embargan cuando recuerdo tu trágica vitalidad”.

Poco después, apenas transcurridos dos años, la infausta noticia de su asesinato conmovía a la capital argentina y al ambiente literario del mundo. El 1 de setiembre de 1936 el diario español “La Vanguardia” que dirigía Mari Luz Morales, aludió a su muerte. Ello, pese a los rumores y desmentidas, impactó a la opinión pública, en particular a los intelectuales y colegas del granadino cuyo prestigio había trascendido sobre la base de su inigualable talento. El compositor gaditano Manuel de Falla, gran amigo de Lorca, se presentó a las autoridades y le informaron que había sido fusilado; además, como si ello fuera poco fue amenazado con correr la misma suerte por lo que inició un exilio que culminaría en Alta Gracia, en las sierras de nuestra Córdoba.

La Ciudad de Buenos Aires celebraba el Cuarto Centenario de su fundación y en la sede del entonces Concejo Deliberante, actual Palacio Legislativo, del 5 al 15 de setiembre de 1936 deliberó el XIV Congreso Internacional de los P.E.N. Clubs, el primero fuera de Europa que reunió a hombres y mujeres de letras de los cinco continentes.

La sesión inaugural se realizó el sábado 5 a las 17 en el Salón Dorado. Asistió el Presidente de la Nación, general Agustín Pedro Justo, quien compartió la mesa central con el historiador y ensayista Carlos Ibarguren, presidente del P.E.N. Club Buenos Aires; Juan Pablo Echague, ex presidente y delegado oficial; Manuel Gálvez, ex presidente, crítico y novelista; y la escritora Victoria Ocampo.

El miércoles 9 se confirmó la muerte de García Lorca. Sin embargo, las publicaciones oficiales del Congreso no refieren explícitamente al suceso. Solo se encuentran escasas menciones al violento enfrentamiento que vivía España. Al comienzo de la octava sesión ordinaria del viernes 11 presidida por el colombiano Baldomero Sanín Cano en el Recinto donde se produjeron las deliberaciones, Melchor Almagro de San Martín, delegado del P.E.N. Club de Madrid mocionó que se vote una propuesta del P.E.N. Club español –que llevaba su firma y la de Azorín- sobre Pacto de no agresión entre escritores e incitando a la concordancia universal, elaborado antes del estallido de la guerra civil.

La proposición leída en castellano fue inmediatamente traducida al inglés y al francés. El diario “La Nación” al día siguiente, señaló que el delegado uruguayo Emilio Oribe, propuso “que se enviara un telegrama a los escritores españoles, expresando la pena con que veía el Congreso las circunstancias conocidas que les han impedido concurrir al mismo. Cuando en medio de aplausos generales fue sancionada, por unanimidad, la proposición del Sr. Oribe, e iba a iniciarse ya el debate sobre el tema filosófico, insistió en hablar el Sr. Almagro de San Martín, para agradecer los términos de la propuesta del Sr. Oribe. La confirmación de la noticia de la muerte de García Lorca, junto con otras recientes sobre lo que sufren los intelectuales en España hoy, confirió especial dramatismo a la propuesta española de un pacto de no agresión entre escritores”, afirma la crónica.

Casi un mes después, el 13 de octubre, el presidente del P.E.N. Club de Londres, Herbert George Wells, envió un telegrama a las autoridades militares de Granada y obtuvo la respuesta: “Coronel gobernador de Granada a H. G. Wells. Ignoro lugar hállase don Federico García Lorca. [Firma] Coronel Espinosa”.

“Se lo vio caminar entre fusiles / por una calle larga / salir al campo frío / aún con estrellas de la madrugada. / Muerto cayó Federico / -sangre en la frente y plomo en las entrañas- / Mataron a Federico / cuando la luz asomaba”, escribía por esos días Antonio Machado.

Héctor Daniel Vargas, investigador miembro de la Comisión asesora del Archivo Histórico del Palacio Legislativo

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