El varon del tango quería entrañablemente nuestro barrio de Villa del Parque

Cortejo fúnebre de Julio SosaCortejo Fúnebre sobre la calle Corrientes. Imagen: juliososavarondeltango.blogspot.com.ar

Hace unos cuantos años atrás vi una fotografía sacada en blanco y negro en los años sesenta, la imagen describía lo siguiente: un auto deportivo, la puerta del conductor entreabierta, sentado al volante un pibe de diez, once años con guardapolvo escolar, parado detrás de la puerta del auto un hombre sonriendo cómplice con el niño chofer y delante del hombre, otro pibe con delantal sonriendo al fotógrafo, ese chico respondía al apodo de “tuti”, el que estaba al volante era un desconocido para mi y el hombre sonriendo obviamente era el dueño de ese auto deportivo, la geografía de esa foto describía la entonces arbolada calle Helguera y se alcanzaba a ver el frente del colegio Galloni, el dueño del auto era vecino de la cuadra, vivía en la vereda enfrentada al colegio y ese dia lo encontraron de buen humor y permitió la foto.

El hombre tenía unos perros ovejeros alemanes que cuando escuchaban el ruido del motor acercarse comenzaban a ladrar, la capacidad de oír de los canes era llamativa, ellos ladraban y pasado unos minutos aparecía el auto con el amo, vaya a saber a cuánta distancia ellos tenían la capacidad de percibir el ruido del motor. El amo y los perros guardaban entre sí absoluta fidelidad y en el reencuentro nunca se supo quién de ellos: el amo o los perros, era el que estaba más contento, se profesaban amor mutuo.

A los enormes ovejeros no se les conocía oficio u ocupación alguna más allá de oficiar de mascotas, al amo sí, era cantor de tangos y vivía su momento de gloria a pesar que todo un aparato publicitario televisivo y radial apoyado por las empresas discográficas boicotearon la música del tango, propagando un movimiento inventado por ellos que llamaron “nueva ola” y que el flamante estandarte de ese movimiento era un programa de TV llamado “El Club del Clan”. En este contexto nuestro cantor se destacaba y a la par de los nuevaoleros llenaba clubes y lugares de actuación, era figura en la televisión y a veces en nuestro barrio salía en pijama para tomarse algo en el café Bijou de la calle Cuenca. Era un hombre sencillo y en su oficio no usaba seudónimo.

Julio Sosa y sus perrosAmor mutuo. Imagen: http://juliososavarondeltango.blogspot.com.ar

Julio Sosa era su verdadero nombre, a la vez de ser la carta de presentación de su justa y bien ganada fama. Había nacido en un pueblito de Uruguay cercano a Montevideo: Las Piedras.

Según el saber popular reafirmado por los más prestigiosos profesionales y vecinos de su pueblo, Sosa era hijo ilegítimo (así se definía antiguamente) pero para que eso no tomara estado público, se maniobró de la manera que comenzamos a contar.

Su madre (Ana María Venturini) a muy temprana edad siendo casi una niña se encontró con la dura realidad de enfrentar la vida y fue empleada doméstica de una familia rica, quedando embarazada del “patrón”, el hombre imponiendo su condición de “amo” obligó a uno de sus peones (Luciano Sosa), a que se casara con su poseída, de tal unión nació el 2 de febrero de 1926, Julio María Sosa Venturini convirtiéndose años más tarde en el “Varón del Tango”.

Julio Sosa creció en un contexto de miseria y asfixia social pueblerina y condenatoria, con crueles personajes que sabiendo su origen se burlaban de él, Julio Sosa de niño y de jovencito entre otros precarios oficios que ejercía vendía bizcochos (facturas) en la plaza del pueblo y andaba generalmente descalzo aún en invierno.

Siendo niño, el padre lo llevó al cine a ver una película de Carlos Gardel, al salir era tal la impresión que le causó escuchar al “zorzal criollo” que entusiasmado dijo: “cuando yo sea grande voy a cantar como ese señor”.

Con esa influencia Julio Sosa aprende solito a cantar, a fuerza de oído y voluntad, es un gran observador y analista de la vida que le ofrece su pueblo, tiene una mirada dolorosa de la realidad que volcará años más tarde en gran cantidad de amargos poemas, algunos de ellos publicados en el libro “dos horas antes del alba” que él mismo edita. Uno de esos poemas describe elípticamente su origen, y el encuentro sexual de su madre con el “patrón”. Si mal no recuerdo el nombre de ese poema es “el error”.

Casa donde vivió Julio Sosa en Villa del ParqueCasa donde vivió Julio Sosa en Villa del Parque, Helguera 2440.

A los dieciséis años se casó (con Aída Acosta) y al poco tiempo se separa descubriendo la fragilidad de las promesas juveniles. Comienza a cantar en el pueblo y se hace un grupo de incondicionales amigos que lo alientan y con los que comparte las enseñanzas que la vida le ofrece. Viaja a montevideo todos los días en tren y frecuenta el bajo, conoce la vida en los cabarets y comienza a cantar gratis en esos lugares para después llegar a un arreglo por el viaje y la comida. Julio Sosa sueña en cantar en grande y a fuerza de sueños y el empuje de sus veinte años se anota en cada concurso que puede.

Una noche en un cabaret que cantaba conoce a un muchacho argentino escapado de su casa por asuntos familiares, el recién llegado no tenía donde dormir, Sosa lo lleva a la casa de un amigo y le tiran un colchón en el piso, así pasan los días con el amigo argentino compartiendo su comida con él y brindando modesta pero segura amistad, al correr de los días aparece el padre del muchacho y se reconcilian, al irse el argentino le dice: “si vas a Buenos Aires vas a tener mi casa y mi comida tal como vos generosamente me ofreciste a mí”, fraternalmente y confundiéndose en un abrazo se separan.

A los pocos días Julio Sosa gana un concurso de tango, con el efectivo ganado saca un pasaje en tercera categoría en el vapor de la carrera a Buenos Aires, la madre le plancha una camisa blanca que envuelve prolijamente en papel madera, se corta el pelo y le dice al peluquero (Gutierrez) mañana te pago, pero mañana ya estaba en Buenos Aires.

El amigo argentino cumplió, le dio alojamiento, comida y le prestó un saco para que fuera presentable a ofrecerse en dos cafés que estaban relativamente cerca, uno, el argentino de Chacarita y el otro que ahora es una salita de teatro en Jorge Newbery y Córdoba, entra en confianza con los parroquianos y le cae bien a uno de ellos que le dice que lo va a llevar a que le tomen una prueba con unos músicos que él conoce y es así como al cuarto dia de estar en Buenos Aires se encuentra a las tres de la tarde en un ensayo en el Picadilly (Av. Corrientes al lado del San Martín, hoy es teatro) pasa la prueba y forma dúo con un consagrado y de éxito seguro, Alberto Podestá. Es el año 1949.

Comienza una carrera de éxitos, debuta en radio El Mundo con un muy buen contrato, es muy diferente vocalmente de Podestá, pero logra también gran aceptación por el peso y timbre de su voz y una muy buena y afinada interpretación de los tangos que canta.

A mediados del año 1955 pasa a la orquesta de Francisco Rotundo y ocurre un hecho que lo marcará y terminará trayéndolo a vivir a nuestro barrio, pierde parcialmente la voz y cada dia que pasa se agudiza el problema, Juanita Larrauri esposa de Rotundo lo lleva a ver al prestigioso cirujano Elkin a su domicilio de Villa del Parque, este lo opera de las cuerdas vocales y corrige el tabique nasal, la operación es un éxito.

En 1958 se casó por segunda vez y tiene una hija, Ana Maria Sosa, ese matrimonio es anulado jurídicamente el siguiente año. Inmediatamente se casa con Susana Rita Maroglio y compra una casa en la calle Helguera al 2400 frente al colegio José Ernesto Galloni.

Tiempo después actuando en el “Sans Souci”, alguien le tira disimuladamente una miguita de pan a las piernas, la mirada se convirtió en un rayo de ira a pesar que nadie se había percatado de eso, más que él y el agresor, era Gutierrez el peluquero con unos amigos de su pueblo, pidió permiso al público para dedicarles un tango y dijo: “a vos Gutierrez, te pagaré con esto el corte que me hiciste gratis antes de venirme a Buenos Aires porque no tuve plata para pagarte”.

Luego es contratado por CBS que le pone una orquesta dirigida por Leopoldo Federico y se convierte en un suceso extraordinario, le llueven las ofertas de trabajo de todas partes, firma para una importante gira por Europa un millonario contrato que no puede cumplir porque el 24 de noviembre de 1964 el automóvil que conducía se estrelló contra una baliza de señalamiento de concreto en Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla.

Auto accidentado de Julio SosaEl automóvil que conducía Julio Sosa al momento de su muerte. Imagen: http://juliososavarondeltango.blogspot.com.ar

Julio Sosa es velado en el salón La Argentina, pero la multitud desborda y lo llevan al Luna Park, a las tres de la tarde del 27 de noviembre es llevado en una multitudinaria procesión de contramano por Av. Corrientes hacia La Chacarita, el auto fúnebre que llevaba el ataúd es asaltado por la multitud que lo baja en la mitad del camino y lo lleva a pulso por la mítica avenida, caminando llegan a las diez de la noche, el cementerio está cerrado y deben aguardar toda la noche hasta que se abre La Chacarita, donde finalmente le dan cristiana sepultura.

Hace algunos años una “operación comando” de fanáticos uruguayos se llevó el féretro hacia las piedras donde descansa.

Por Juan Miguel Peyrelongue, tangojuan2002@hotmail.com

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