Los héroes desconocidos que impulsaron el progreso en Villa del Parque hace 100 años

Estación de Villa del Parque

Por los primeros años del siglo veinte comenzaron los loteos de nuestro barrio, la inmensa llanura pampeana llegaba hasta el shopping, y se extendía aún más y Claudio Mamerto Cuenca si bien ya era un mártir de la batalla de caseros todavía no se había convertido en calle y todo era un verde pañuelo con lino y alfalfa.

Digamos que Claudio Mamerto, según dicen los que saben, tenía otro nombre que era Claudio José del Corazón de Jesús Cuenca, como era muy coqueto se sacó José del Corazón de Jesús y se puso Mamerto. En este punto hay que felicitar a mamertito y a sus padres por el buen gusto que tenían para poner nombres.

Lo que sí existía por esos tiempos era el ferrocarril, y por cierto funcionaba a la perfección con sus horarios que eran rigurosamente controlados por un “yoni” que habían mandado expresamente de Londres y que relojito mediante alcahueteaba a sus “yonis ” superiores el horario de paso del caballo de hierro. Desde la casa que todavía existe en Ricardo Gutiérrez y Nazca pegadita a la vía, el enviado de su majestad anotaba los horarios y vivía con su familia.

De Villa del Parque a retiro tardaba 16 minutos, y el nombre del ferrocarril era de Buenos Aires al Pacífico, este nombre: Pacífico, fue la musa para que un grupo de pibes que jugaban en los terrenos donde hoy está la playa de estacionamiento descubierta del shopping, pusieran el nombre del equipito de fútbol del barrio.

Hoy sigue de pie el sueño de los pibes en la sede que el club Pacífico tiene en la calle Santo Tomé, y donde se formaron y forman grandes deportistas y gente de bien.

Volvamos a la Pampa Villa Parquense resulta que allá por el año 1914 más o menos esto era un barrial con puentes de maderas para cruzar en las esquinas y donde no había veredas, las calles no tenían declives y se formaban grandes charcos y lagunetas por todas partes, los almaceneros que hacían el reparto , hoy se dice delivery, sufrían para abastecer a los vecinos porque los triciclos a pedal quedaban hundidos en el barro.

Pero el progreso prometía su avance sobre el barrio, digamos que solo prometía, la sociedad de fomento de Villa del Parque pedía piedras a la municipalidad para poner en los cruces, pero nunca llegaban las suficientes, pero hete aquí, que un día don Antonio Cambiasso donó un terreno para que se levantara una capilla sobre la calle Cuenca y donde él y su señora pasarían el sueño eterno en el momento de partir a peregrinar por los blandos caminos celestiales.

Por supuesto que la futura capilla, donada por don Antonio, se llamaría capilla San Antonio, no sé si me entiende. Lo cierto es que se dispuso poner la piedra fundamental y mandaron desde arriba (desde arriba me refiero a la curia, no que vino del cielo) nada menos que a monseñor Antonio espinosa, que viajó modesta pero confortablemente sentado en el tren desde retiro en económicos 16 minutos, para cumplir la misión que le estaba encomendada, que era la de bendecir la primera capilla de villa del parque.

Lo esperaban en la estación una pequeña comitiva, dónde se encontraban entre otros el teniente coronel Néstor Golpe y el señor Laporte, un detalle: había llovido copiosamente los días anteriores, y caminar las cinco cuadras hasta la futura capilla no fue tarea sencilla, ni para Golpe ni para Laporte, fue sencilla para monseñor que iba en brazos de ambos para no embarrar la sotana, cinco cuadritas imagínense las cosas que dirían Golpe y Laporte, ¿está cómodo monseñor? acomódese mejor… y dejó a los lectores librados los pensamientos ocultos de los protagonista de la sillita de reina.

Por fin llegaron!!!! Monseñor despachó el asunto solemne y urgentemente como corresponde a un monseñor y se las picó para la estación, volviendo cómodamente sentado entre los brazos de Laporte y Golpe, ésta cristiana acción de Laporte lo impulsó como un resorte hacia la intendencia de la ciudad con la idea de pedir que se coloque el empedrado municipal, por lo menos en la calle Cuenca.

El capo mayor era don Joaquín Anchorena, pero sin pedir audiencia el señor intendente no atiende, Laporte movido por la desesperada idea de volver a llevar a upa a algún vejete por las calles de Mamerto Cuenca, movió cielo y tierra hasta que a Anchorena le dijeron: “atendémelo a éste que viene recomendado” y Anchorena lo atendió y le dijo que no hay guita (igual que ahora, vió?) Pero Laporte no era de dejar las cosas por la mitad y siguió insistiendo y persiguiendo a Anchorenita por todas partes. Un dia Anchorena, igual que una novia que promete, le dijo que si.

Por la emocionante noticia casi se desmaya el sacrificado Laporte y se llevó a dos señores dirigentes barriales; Machatta y don Selaar de testigos, para que el intendente repita ante estos señores miembros de la sociedad de fomento de Villa del Parque la promesa.

Lo prometido era empedrar Nogoya, Avenida San Martín hasta Cuenca y Cuenca hasta Nogoya, igualmente hubo gran mayoría de vecinos que se oponían a empedrar de las vías hacia la plaza (en ese momento también casi se desmaya Laporte) el argumento más o menos era que no había vida después de Pedro Lozano hacia Nogoya y muy pocos utilizarían el camino. Al fin se hizo lo que propuso Anchorena, y ése triángulo de Nogoya, Av. San Martín y Cuenca se empedró y comenzó el progreso, y todo gracias a la lluvia, el barro, la sillita de reina que le hicieron a monseñor y a don Antonio que si no donara la casita del descanso eterno, vaya a saber hasta cuando nos embarrábamos. Y al teniente coronel Golpe y al insistente Laporte héroes asfálticos hoy desconocidos por los vecinos, nuestro grato recuerdo.

Juan Miguel Peyrelongue, tangojuan2002@hotmail.com

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